
Aquí: http://admiradoronanista.blogspot.com.es/2013/05/20-polvos-o-de-como-conoci-rafael.html

La mañana empezó bien. A eso de las 7 de la mañana estaba dando mi sagrado paseo mañanero por la playa cuando Anais Nin me señaló una boya que acababan de traer unas olas del mar. Me acerqué: vi esto: me asusté: me pareció un alien asqueroso dispuesto a atacarme:

Pero vivimos en un mundo en el que por desgracia estas cosas aún no pasan. No eran más que unos percebes estúpidos que ni siquiera podían cantar como los pájaros. Si los peces y seres del mar cantasen ¡En qué gran mundo viviríamos! Estaban vivos. He comido percebes sólo un par de veces en mi vida. No me gustan mucho, por lo menos no tanto como para pagar de 60 a 90 euros el kilo. Prefiero comer “navajas”, por ejemplo. Pegados a la boya habían más de dos kilos de percebes. Me los llevé a casa para comérmelos con Svieta: pero me seguían dando asco. Los dejé en el suelo de la ducha, me puse a corregir “El comedor de coños”: sin despertar a Svieta para contarle lo que Anais había encontrado. Olvidé los percebes. Más o menos a las dos horas escuché un grito: Svieta se había despertado, entrado al baño. Se encontró con los percebes de frente, moviéndose. Ja, ja, ja. No fue un despertar agradable para ella.
Svieta investigó por internet. Los catalogó como “percebes nómadas”. No son tan sabrosos como los que viven en las rocas. Luego está que quizás estuvieran en mal estado: nunca se sabe… aunque habitualmente comemos mejillones y lapas que pillamos de las rocas de por aquí y nunca nos ha ocurrido nada salvo tener que chuparnos los dedos de lo bueno que estaban. Nos dimos cuenta de lo que pasaba. Estábamos poniendo excusas para no comerlos: nos daban asco: se movían como gusanos. No estábamos preparados para este regalo del mar y Anais.

Así que me regresé a la playa con Anais: devolví la boya y los percebes al mar. Anais me dijo que era un desagradecido, que por una vez que traía comida a casa le hacía ese feo.
—Yo lo que quiero que traiga el mar —le dije a Anais— es un poco de María o hachis. Llevo más de dos años y medio sin fumar nada. Y me apetece corregir “El comedor de coños” algo fumado para ver si me sale algún añadido guapo. Pero aquí, en Asturias, no sé donde conseguir un poco.
Mañana me voy a pasar la tarde subiendo leña a este camión:

Los del ayuntamiento limpian la playa de madera por estas fechas: porque pronto esto va a comenzar a llenarse de turistas y no quieren que les quiten la bandera azul. Si se llevan la madera, nosotros nos quedamos sin calefacción y sin poder cocinar en el horno cada día. Y eso sí que no. Igual que vosotros no concebís vuestra vida sin un iPhone yo no concibo la mía sin un horno de leña. Este comentario lo he puesto para parecer “autentico”.
Esto es todo. Ya veis, viviendo al límite. Pero por lo menos hoy las fotos del post tampoco son de servidor escribiendo sentado frente al ordenador. Estáis teniendo mucha suerte ultimamente.
Svieta duerme. Es la 1 de la mañana. Acabo de dejar su cama.
Gracias a Dios Svieta no es como las subhumanas con las que salía. No se aburre porque tiene inquietudes. No tengo que estar divirtiéndola o entreteniéndola como un payaso. Svieta entiende que se ha casado con un escritor. Y que un escritor necesita pasar la mayor parte de su tiempo solo, encerrado en silencio en una habitación. Si no, no es escritor. Es un fraude.

Mientras escribo Anais siempre está a mis espaldas. Gracias a Anais no me siento tan solo en las madrugadas. Me hace soportar mejor las horas de corrección. Corrijo mi nueva novela hasta que empiezo a perder la concentración, me salto líneas: tengo que parar porque he dejado de servir. Trabajo de cuatro en cuatro horas. En el intermedio: el recreo: uno o dos cafés, una visita a Internet y un paseo con Anais a la playa, de noche, a mear los dos.
A las 8 horas de trabajo me obligo a dormir. Salgo a correr, corto leña, me mato a pajas, lo que sea que me canse. Con dormir una hora me renuevo: y puedo escribir de seguido 4 horas más. Luego caigo de sueño. Duermo 6, 7 ú 8 horas seguidas: lo que me pida el cuerpo, cuando abro los ojos me levanto. No puedo permitirme remolonear en la cama cuando estoy en la fase final de publicación de novela. La novela ha de mandarse a la imprenta sin dudas ni remordimientos: con el trabajo lo mejor hecho que puedas. Seguro. Porque si hago un mal trabajo, los lectores se van a dar cuenta y no voy a poder seguir viviendo de las ventas de mis libros. Los lectores no me compran mis libros porque sea guapo (cada día soy más feo y viejo) ni porque haga web cam sexys con ellos. Compran mis libros porque les gustan. No hay trampa ni cartón. El 80% de mis lectores son hombres. Sin inclinaciones homosexuales. También tengo lectores gays. Pero ninguno, desgraciadamente para mi ego, me ha pedido que le haga web cams sexys. Supongo que mi papada tiene algo que ver. Puedo mover mi cuerpo sexy pero mi papada no. Ya sé que no véis mis papada en las fotos. Siempre la retoco con el Photoshop.
Cuando despierto hago algo de vida con Svieta: me cuenta qué tal el día, lo que ha hecho, las novedades, cenamos algo rico. Tengo mucha suerte de que a Svieta le guste tanto cocinar. Antes de conocerla me gastaba un pastón en comida basura. Ahora, compramos alimentos frescos de oferta. Y ella cocina. Hoy, por ejemplo, Svieta preparó arroz negro con chipirones y alioli casero. Me costaba creérmelo hasta que me lo demostró: comer esto resulta más barato que comerse dos bocadillos de mortadela. Y alimentándome a base de bocadillos de mortadela me siento una mierda y me entra hambre enseguida. Comiendo esto, me siento un Rey.

Saco a Anais y juego un poco en la playa. Cada vez que piso la playa me convierto en un niño, me construyo un coche o juego a ver a Superman. No quiero dejar nunca de jugar. El día que deje de jugar dejaré de escribir como escribo.


Veo una peli con Svieta, follamos y la acuesto a dormir: como a las niñas pequeñas. Eso sucede a las 00:00 horas. Su cabeza apoyada sobre mi pecho. Ella acoge el sueño. Yo disfruto haciendo de almohada: sintiéndola dormir sobre mí durante unos 40 minutos. Para mí es el mejor momento de las 24 horas. Me relajo o pienso sobre la novela: cómo mejorarla. Tiene que quedar perfecta, por favor Dios.
Luego me levanto: a escribir.
Y por supuesto una o dos veces al mes Svieta y yo reñimos: no somos Pin y Pon viviendo juntos. Los dos tenemos mucho carácter. Pero por fortuna, nuestras riñas no suelen durar más de un día. Solucionamos las cosas rápidamente siempre. Pues nos queremos de verdad y no somos tontos.
Firpo acaba de terminar de leer los “Diarios secretos” y me ha enviado esta crítica. Como yo ando como loco corrigiendo y mejorando “El comedor de coños” me viene de perlas publicarla para así ahorrarme la actualización de hoy. ¡Gracias Firpo por la crítica!
“Acabo de terminar de leerlo, me gusto y no sé, bien, porque. Si bien se enfoca en las turistas y en follarlas y pasa de puntitas sobre las peleas, los robos, la venta de drogas, la absoluta deshumanización del negocio de la noche; al final me queda claro que, también participo en muchas peleas, demasiadas, tantas como para aprender a pegar y hartarse de hacerlo. En algunas páginas se lee poesía, en otras la sordidez más abyecta. Resulta entretenido. Me sentí manipulado, atrapado en la Historia y con la necesidad de leer mas, como si supieras que, escribirías una saga y estuvieras generando lectores para un libro todavía no escrito.
No parece el primer libro, le encuentro muy maduro, muy pensado, construido o escrito con fría determinación. Hay erratas, referencias a otros libros y autores. Me dio la impresión de ser exactamente el libro que, quisiste escribir, ni más ni menos.
Sonrió de pensar en cómo invariablemente siempre quería eyacular dentro de las mujeres y no usar forro, claro está, pero el Sida y las enfermedades venéreas y los embarazos me frenaba. Si alguna chica aceptaba que, fuera sin forro y que la llenara de semen era lo mas. O que me dejara meterla sin forro pero debía eyacular fuera. Pase casi todo el libro riéndome. Un clásico. ¿Y terminar en la boquita de la nena? Empalmado medio libro. Y envidiando a Sig cambiando de monta cada día.
Un buen libro para llevar a la playa, aprovechar y leerlo un día de lluvia o regalárselo a tu novia para que sepa que nos gusta y que no debe, bajo ningún concepto dejarse sacar fotos. Y para regalárselo a los amigos, no necesitan ser grandes lectores para entrarle, se lee fácil y solo.
En resumen: leeré las continuaciones y seguiré a Rafa en su periplo con las letras.”

A ver. ¿Tú te das cuenta que estás leyendo cada día el blog de un tío de casi 40 años que sólo sube fotos sentado delante de un ordenador?. Oh, sí. Es un blog apasionante.
Ahora estoy en la fase más odiosa de la escritura. Es la última fase. Yo le llamo “la fase asesina”. Es esa en la que tienes que ponerte a leer en voz alta todo lo que has escrito. No una vez. Sino unas 100 veces. Tienes que leerte tu puto libro 100 veces pero EN VOZ ALTA.
¿Sabéis lo jodido que es? Pero hay que hacerlo: es la única forma que tengo para detectar errores o horrores. Tengo que conseguir que mi lenguaje escrito sea lo más fluido posible, lo más cercano posible a la naturalidad del habla.
Desde mi primer libro a este, tengo que conseguir (por respeto a vosotros que me apoyáis) que se note el trabajo y casi los dos años de aprendizaje publicando al fin: porque por supuesto no soy tan memo y gilipollas para creer que no he de mejorar. Tengo que hacerlo muchísimo aún si quiero que mis planes de conquistar el mundo y que todo el mundo coree mi nombre por las calles se hagan efectivos.
Lo peor de leer en voz alta (a parte de tener que escuchar mi horrorosa voz) es que cuando he leído más de diez veces las mismas páginas me parecen una puta mierda. Es como cuando cuentas un chiste muchas veces. Deja de tener gracia. Mi cabeza empieza a devaluar mi propia obra y a acojonarme porque sólo vivimos de las ventas de mis libros. Si fracaso con este libro tenemos que irnos a vivir a la calle directamente.
Todo esto me pone de un humor espantoso. Así que esa es otra de las razones por las que cambio mis horarios y comienzo a vivir de noche y dormir de día. Para no toparme con mi esposa y que ella pague mi mal humor e inseguridades. Bueno, mi esposa es una mujer guerrera, una ucraniana de las montañas, más me vale que no sea ella la que se enfade conmigo. Por la noche no tengo nada ni nadie que pueda irritarme. Sólo mi puta voz.
Me voy a dormir sobre las 11:00 de la mañana, tras darle un paseo a Anais. Desayuno con mi esposa. Le doy un beso y me voy a la cama. Inseguro, temblando.
—Soy un escritor de mierda —me digo— Todo esto se va a ir a la mierda.
Y se hace la oscuridad (corro las cortinas).
Me levanto a las 18:00. Asustado. Angustiado.
Pero, al día siguiente, estáis vosotros.
Abro el Facebook y un gran lector me escribe esto:

Abro el email y otro lector me escribe esto:

Y veo que mi esposa, para no gastar el poco dinero que nos queda, se ha ido a la playa, ha escalado rocas y ha cogido un kilo de estos mejillones para preparar estos espaguetis a la vóngola. Los dos platos juntos nos salen a 50 céntimos. Estaban tan buenos que no pude sacar la foto hasta que ya estábamos terminando de comer:

Y pillo fuerzas, me cargo y me digo que sí, que se puede. ¡Que vamos a volver a ganar el Mundial! Y me pongo a trabajar. Invencible… hasta que de madrugada vuelven las inseguridades.
Muchos no sabréis quién es “El Batu” y es normal. Era un joven de la isla en la que nací, que se hizo famoso por los vídeos que subía a “You Tube”. A mí como a millones de personas me gustaban mucho sus videos y siempre le daba al “play” cuando veía uno. ¿Nos reíamos de él o con él? Creo que ambas cosas. Él sabía perfectamente qué tipo de persona era y lo explotaba como buenamente podía. Parece ser que al final “todo” se le escapó de las manos y de la cabeza.
Cuando tuve el honor de que Santiago Segura me pillara como asesor de guión para “Torrente 4: Lethal Crisis” me contó que estaba preocupado por los extras de las escenas de la cárcel: quería que hubiera gente con pinta realmente peligrosa. Ahí fue cuando le sugerí que contratara a “El Batu”, le enseñé los vídeos, a Santiago le cayó simpático y fraguó el encuentro con su archienemigo, “El cobra”.
Para localizar al Batú escribí a un periódico de mi tierra, “La Provincia”, que lo había entrevistado en alguna ocasión. Me contestaron rápidamente y facilitaron el teléfono móvil de su novia (el Batu no tenía teléfono propio), le llamé, me llamó, hablamos dos veces. Recuerdo que se puso muy contento con el ofrecimiento de Santiago Segura y eso, me hizo también feliz a mí. Mucha gente asegura que el Batu no era nadie. Pero una persona capaz de hacernos reír y sorprendernos tanto como hizo él siempre es “alguien”.
Hoy me entero que “El Batu” ha muerto y la verdad es que he sentido pena. Pero también he sentido una sensación de alivio por haber sido un poquito (demasiado poquito) responsable indirectísimo de uno de los mejores momentos de su vida. El Batu realizó en “Torrente 4″ un cameo muy divertido y él estaba orgullosísimo de ello, pues su sueño número 1 era trabajar como actor, salir en una película. Lo consiguió nada más y nada menos que en la saga española más taquillera de todos los tiempos.
Nos vemos en el cielo, Batú (si llegamos).
Nota.- Los rumores por los foros hablan de que el Batu se ahorcó por problemas sentimentales y familiares. Oficialmente no hay nada aún confirmado.

Aquí estoy. Son las 00:00 del domingo. Empieza mi jornada laboral. Estaré hasta las 10:00 de la mañana escribiendo “El comedor de coños”. Haré excursiones a la cafetera, a la nevera (con Anais) y saldré a mear a la playa, de noche (también con Anais).
Me encanta mear al aíre libre por la noche. Y a Anais también.
Dependiendo de cómo haya escrito durante toda la noche, dormiré bien o mal. Me iré a la cama a las 10:00 triste o feliz.
Estoy muy contento con “El comedor de coños”. Es la primera vez en mi vida que cierro una trilogía, nunca soñé con hacer una, pero el “éxito” de los “Diarios secretos” y vuestro “amor” a Sigmundo me empujó a ello: como a Stallone cuando hizo “Rocky” o “Rambo”. El público manda. En este caso los 1.000 lectores que han comprado cada libro del “buenazo” de Sig. Gracias.
Lo malo de realizar una trilogía es que estás obligado a fracasar en un aspecto: la innovación. Es inevitable y la gente es muy injusta cuando dice que una segunda o tercera parte es más de lo mismo, que el autor se repite. Ahora entiendo a Sir Arthur Conan Doyle, el autor y creador de Sherlock Holmes (aunque para mí es un plagio descarado del Dupin de Poe). Conan Doyle odiaba escribir novelas de Sherlock Holmes. No por odio al personaje sino porque para un autor de verdad, un creador de verdad, lo que le apetece es crear nuevos personajes, nuevos mundos. En ese sentido no veo a ningún autor que supere al gran Julio Verne.
Así que Conan Doyle estaba “obligado” a escribir novelas sobre lo mismo. Repetirse una y otra vez. Porque si en las segundas, terceras o quintas partes metes al protagonista de la primera parte en otro tipo de libro es un fracaso. Es decir, que si todas esas personas que aman a Rocky de pronto lo ven en la tercera parte peleando contra un dragón en lugar de con M.A. Barracus matarían al director y a Sylvester Stallone. Si en un libro de Sherlock Holmes en lugar de ir a los muelles disfrazado se va al mundo perdido, con dinosaurios, los lectores victorianos de Conan Doyle hubieran emparedado con mucho gusto al autor. O imaginaos el fracaso de James Bond luchando contra un Harry Potter.
Tengo muchas ganas de terminar la trilogía de Sig y no volver jamás a escribir sobre el personaje: no porque esté cansado de él, sino por respeto, agradecimiento y sobre todo para enfrentarme a nuevos retos ¿Conseguiré “triunfar” con una novela de ciencia ficción? ¿Podré seguir viviendo de escribir si en lugar de escribir sobre las vivencias de Sigmundo escribo únicamente lo que imagina mi cabeza tal como hacía Julio Verne?
Afirmo que “El comedor de coños” es el último libro de Sigmundo. Sin embargo, si vosotros queréis, si no tengo otro remedio que volver a escribir un nuevo libro de Sig porque las ventas de mis futuros libros son insuficientes no creáis que me voy a poner a escribirlo llorando o frustrado. O preferiré ponerme a trabajar de auxiliar administrativo o chupando pollas (que es lo mismo). Me pondré a escribir, encantado. Porque aun hay mucha puta de la que no os he hablado:
P.D.- Últimamente estoy recibiendo halagos por el Facebook o por email sobre este blog. Ayer Luis me dijo que ya no leía las noticias de los periódicos mientras desayunaba, que prefería leer este blog que le cargaba de energía. Hoy, nada más levantarme, leí este email de este escritor también con buenas palabras sobre este blog y añadiendo que me acababa de comprar en preventa “El comedor de coños”. Gracias.

La verdad es que no estoy nada acostumbrado a que me den las felicidades por el blog, sólo por mis libros. Me anima. Gracias. Y estoy encantadísimo que ese escritor vaya a comenzar a leer las aventuras de Sig por su último libro. Cada libro de Sig se entiende por sí solo, sin necesidad de haber leído los anteriores. Puedes empezar a leer por cualquiera volumen. Pero “El comedor de coños” va a ser el mejor libro de Sig. Genial. Estoy deseando que se lo lea.
Gracias, escritor, por comprarlos en preventa y ayudarme a seguir pagando mis facturas mientras termino “El comedor de coños”. Gracias por tu generosidad porque seguro que tú sabes lo maravilloso que es vivir de escribir.
Ya estoy en esa fase de que vivo de noche, duermo poco, no me baño, engordo porque no tengo tiempo de levantarme de delante del ordenador porque estoy terminando una obra, por fin puedo decirlo, maestra. Cuando necesito descansar asalto la nevera y trago igual que un cerdo para calmar la ansiedad y llenarme de fuerzas. Estoy en esa fase en la que aguanto las ganas de cagar y orinar por poder terminar de corregir una página más. Y luego, otra y otra: hasta que tengo que salir corriendo al váter.
Cuando terminéis de leer “El comedor de coños” estaréis orgullosos de haberme apoyado, de haberme ayudado a escribir el libro (lo envío a imprenta a finales de este mes).
Ya veréis qué subidón. Empieza pareciendo una prolongación de “20 Polvos” hasta que de pronto se convierte en una daga que vais a sentir en el alma. Mientras lo escribo me empalmo, lloro, me río, parezco un loco.
No os va a decepcionar. Como cada verano desde que fundé la editorial tendréis un libro nuevo de vuestro autor favorito para leer en la playa. Y si no soy ya vuestro autor favorito, sin duda, voy a serlo.
Os lo prometo.
Preparaos.
Nota.- ¡Dos semanas! La imprenta me ha dicho que tardan 2 semanas en enviarme “20 Fucks”. Surgieron problemas con la portada. ¡Ohhhhhh!

En febrero del año que viene cumpliré 40 años. Habré llegado -si Dios y los duendes malvados del bosque quieren- a la mitad de mi vida.
Hoy basándome en mi experiencia en la vida dejo de creer en el rollo de las “energías”.
Ya sabes, esa chorrada de “si piensas en positivo te pasarán cosas positivas”. “Si vas por la vida de negativo, es normal que no logres tus objetivos”.
He sido muy, muy positivo siempre. No voy a dejar de serlo: siempre que me enfrento a un reto me dopo de ilusiones, me imagino que no sólo lo voy a conseguir sino que además me van a dar un premio mundial por terminar ese reto. Necesito llenarme de ilusiones, engañarme de verdad, para tener fuerzas para ponerme a trabajar. Porque cuesta mucho ponerse a trabajar. Porque al final del trabajo, cuando lo entregas (un guión o una novela por ejemplo), llega el momento de la verdad. Vales o no vales. Te lo compran o te ignoran. Y eso es lo que me da miedo y por lo que me miento y me dopo convenciéndome con que me van a dar un Premio Príncipe de Asturias a las Letras o va a venir a mi casa Christopher Nolan para pedirme le venda los derechos de mi última novela: “Un bebé”.
Lo que quiero decir es que para mí es importante ser positivo para poder ponerme a trabajar. Mentirme. Y que siempre que se trabaja se consigue “algo”. Pero no creo que haya sido por el rollo de las energías, sino por la ley de “Causa y efecto”. Lo de las energías es una superstición como tener un amuleto o ir a una iglesia para que Dios te ayude.
Vamos, nunca puse a cuatro patas a una mujer que conocí en un bar por creérmelo, sino por intentarlo.
El secreto de no fracasar del todo es el trabajo.
El secreto del éxito no lo sé.
La puta mierda de todo esto es que cuando termino de trabajar y publico una nueva novela Christopher Nolan no llama a mi puerta. Entonces, haberme inflado de tantas ilusiones y visiones de yo fumando puros que previamente he encendido con billetes de 500 dólares que me ha dado mi amigo Steven Spielberg me pasan factura y me deprimen… pero sólo un poco, muy poquito. No me entran ganas de suicidarme ni nada.
Bueno, sólo un poquito. Pero Svieta no tiene que atarme en la cama y drogarme para impedírmelo. Bueno, sólo un poquito.
Soy bastante chulo por titular este post así, pero qué le vamos a hacer si soy la puta leche (aunque no toda la humanidad lo sepa, sólo ustedes).
Por supuesto no soy un Dios para estos lectores ni siquiera la influencia más grande de sus vidas ni me deben absolutamente nada. Los héroes, en sus vidas son ellos mismos. Pero sí que es cierto que leer mis libros y mi blog ayudó a que estos superhumanos que os presento a continuación cambiaran su vida para mejor. Leerme les dio más fuerza que leer de seguido, y bajo los efectos del LSD, todo los libros juntos de Paulo Coelho.
A mí me cambió la vida Henry Miller y su libro “Trópico de Capricornio”, que leí cuando yo trabajaba en “El corte Inglés”. Leerlo provocó que viviera y escribiera los míticos “Diarios secretos de sexo y libertad”. El mayor sueño al que aspira un escritor es conseguir que sus libros formen parte de la vida de alguien. Con “Diarios secretos de sexo y libertad” lo conseguí.
1.- Ángel.

Ángel es el lector del que estoy más orgulloso. Era un estudiante de informática que dejó España y se estableció en USA. Allí trabajó durante años para Micrososft. Fue entonces cuando leyó los “Diarios secretos de sexo y libertad”. En su blog reconoce que lo leyó 6 veces. Toma ya. Ni yo me los he leído tantas veces. De mi libro tomó fuerzas para dejar de ser un subhumano y vivir la vida que soñaba vivir. Montó su propio negocio en internet (una tienda de Kindles), hizo que funcionara echándole un montón de horas, dejó su trabajo en USA y ahora viaja libre por Indonesia comiendo arroz, tomando cervezas y sacándose fotos como esta, lleno de vida:

Narra sus pensamientos y nueva vida en su blog: “Vivir al máximo”. Su sueño se convirtió en una realidad. Acojonante. Antes de partir a Indonesia se pasó por Madrid y me invitó a un chuletón.
2.- Daniel. Es un lector de más antigüedad que Ángel. Me leía mientras escribía los “Diarios secretos de sexo y libertad” y luego en mis blogs de “20 Minutos”. Era un subhumano que trabajaba en una oficina hasta que uno de mis posts le inspiró para crear esta página. Gracias a la publicidad que allí pone gana más de 4.000 euros cada mes. Toma ya. Más de una vez, como agradecimiento, Daniel me ha echado una mano (económicamente hablando). Ejem… Dani, me vendría bien otra ayudita ahora…
3.-Nico.
Nico era un informático subhumano. Su sueño siempre había sido trabajar en el campo, pero le daba bastante cosa abandonar su profesión por el qué dirán y por miedo al fracaso. Así que su tiempo se consumía en una vida que no era la que quería. Finalmente, con sus cojones y mi ejemplo se lanzó. Con mucho trabajo y esfuerzo ha sacado su proyecto para delante, crecido, ampliado y ya vive de los productos que da su tierra y tiene una cartera de restaurantes como clientes de sus productos. Su sueño se convirtió en una realidad. Toma ya.

4.-Mario. El último caso que conozco -hay muchas más personas pero no tienen página web o no sé si les gustaría salir en este blog- es el de Mario, lector de mis libros y residente en Oshawa, Ontario, Canadá. Ayer me escribió esto:

Sin duda, Mario triunfará en su proyecto “Mexicano Mobile Kitchen”. Porque mis lectores y todas las personas que luchan de manera persistente por sus sueños los convierten, sin remedio, en su realidad y trabajo de día a día.
¡Viva Rafael Fernández el Ezcritor! ¡Viva!

5.- Miguel.
Había terminado de escribir y publicar este post cuando Miguel (al que están besando en la foto y que ha leído todos mis libros) me recuerda que:

¿Deltoya? ¡Rima con polla! ¡Jajajajaja! ¡Pero qué gracioso que soy!


Son las 14:00, acabo de levantarme.
Tendría que decir que me pasé toda la noche escribiendo, pero no es cierto. Llegué a un lugar de “El comedor de coños” que me cuesta mucho recordar y me negué a seguir. Como tengo el horario cambiado, sabía que el sueño no me iba a llegar hasta las 6:30 de la mañana. Por fortuna internet iba bien anoche y pude descargar películas. Vi el fin de temporada de “The Following” (me decepcionó pero seguiré viendo la segunda temporada, SPOILER fijaos la diferencia de cómo acaban con Gus en “Breaking Bad”, haciéndonos saltar del asiento y cómo consiguen que la “muerte” del malvado de esta serie nos importe un pito FIN DEL SPOILER).
También vi “The Last Stand” el regreso de Arnold Schwarzenegger al cine. Me gustó bastante aunque no sea una peli espectacular. Vi “Gangster Squad” que me pareció un despropósito de querer hacer una gran película y no tener el talento suficiente para poder. El director, Ruben Fleischer quería hacer una peli de género y le quedó una caricatura más cercana a “Sin City” que a “Goodfellas: Uno de los nuestros”. Y por último vi “Curandero” una peli mexicana con guión de Robert Rodriguez. Serie B total, de bajísimo presupuesto. Me encantó. Es malísima, no le va a gustar a nadie. Sólo a mí. Me encantó la voz aflautada del protagonista y que hablasen tan a lo mexicano (me encanta ese acento). Me lo pasé divinamente aunque tenía el run-run de “tienes que terminar esos capítulos”.
Como esos capítulos de “El comedor…” son tan tristes y me duelen tanto escribirlos y reconocerlos, decidí alternarlos con otras historias que me pasaron en la vida. Historias patéticas de trabajo. Escribí alguna a eso de las 5 de la mañana, vi que sí, que calzaban bien con el dramatismo de los otros capítulos y para colmo le daba más realismo al libro y me sentí bien. Me fui a la cama sin remordimientos porque por lo menos había resuelto un problema y escrito algo. Por ahora “El comedor de coños” tiene 350 páginas y sigue subiendo.
Me levanté hace un rato. Decidí darme un buen desayuno. Encendí el horno de leña. Puse en una cazuela de barro, dos rodajas de pimiento rojo con Tabasco como base, rodajas de tomate en el segundo piso, cebolla en el tercero, una loncha de jamón cocido en el cuarto, dos lonchas de mozarella en el quinto, especies y dos huevos crudos en el último piso. Lo metí en el horno, encendí el ordenador y escribí este post mientras se hacía el plato porque prometí que iba a actualizar todos los días y ayer no lo hice y me sentí mal.

Por razones como estas nunca echo de menos los desayunos del Vips. De vivir en la ciudad sólo echo de menos (y mucho) una buena conexión a Internet y vender libros en la salida del Metro.

Como desafortunadamente me crié y estudié entre hipócritas religiosos se me han pegado algunas expresiones religiosas tipo “Si Dios quiere…”. Las escribo por el blog y algunos creen que soy una persona religiosa. No soy tan gilipollas para ser una persona religiosa, pero sí que creo en Dios. Por supuesto no en el Dios que nos venden en la Iglesia.
No hay más que esperar en la puerta de una iglesia cualquiera y ver salir a la gente de misa para darse cuenta que son una pandilla de viejos, subhumanos y pobres personas que se han agarrado al clavo ardiendo del Dios católico como última esperanza a sus desafortunados problemas de salud o viejos ignorantes que creen que si no van a la Iglesia irán al Infierno en cuanto mueran. También verás subnormales ocasionales que han ido a la iglesia a pedir un milagro. Todos esos tipos me recuerdan a este gordo seguidor del Barça, pidiendo a los jugadores que metan un 5-0 a un Bayer de Munich.

Patético. Primero quítate esa barriga asquerosa y papada antes de pedirle un poco de sobre esfuerzo físico a nadie. Primero encárgate de tu propia vida, remontar esta crisis, antes de animar el trabajo de 22 multimillonarios.
En lo único en lo que creo al 100% es en el trabajo. Siempre que trabajo el dios del trabajo me recompensa. No me refiero a intentar algo. No. Me refiero a intentarlo, caer, levantarse, trabajar, volver a caer, levantarse otra vez. El trabajo siempre premia. Siempre. A lo mejor no cómo tú esperabas, pero sí de algún modo y en cierta medida. Si trabajas no te hundes del todo. Nunca. Es imposible.
¿Cuantos años estuve en este blog llamándome escritor y lamentándome no poder vivir de escribir sin haber publicado si quiera un libro? Ahora vivo de ello, pero mis problemas económicos vuelven de vez en cuando, sin embargo, cuando trabajo y saco un libro siempre terminan.
No obstante, si tú vivieras por aquí me verías de vez en cuando pasear por la orilla de la playa, cabizbajo, con lágrimas en los ojos. Pidiéndole a Dios que alguien me compre un libro, pidiéndole a Dios que el ejecutivo de televisión que me encargó el guión me encargue otro, etc.
En esos momentos hablo a Dios. Pero no al Dios cristiano que embarazó a una virgen con una paloma (zoofilia) y envió a su único hijo, Jesucristo, a morir en una cruz por nuestros pecados. Hablo a un todo: a ese poder inigualable que es capaz de crear universos, que crea plantas y puestas de sol y atardeceres y montañas y Neptunos y Uranos increíbles. Vacas, caracoles y hombres. Los curas han convertido a Dios en un McDonnalds. Lo malo es que en un MCDonnald en el que ni siquiera te dan unas patatas congeladas o una hamburguesa de mierda con Coca Cola aguada.
Sí, tienes razón. Creer en mi Dios es tan estúpido como creer en el Dios de los cristianos. Pero estoy solo en el mundo, no tengo a nadie en quien apoyarme y he “creado” ese Dios en mi imaginación para cuando estoy muy metido en la mierda, rogarle y sentirme mejor. Mi Dios es mejor que el cristiano. Mi Dios apoya la promiscuidad y pide, a sus súbditos, que vivan la vida sin miedo y al límite pero sin hacer daño a nadie.
Busco a ese Dios cuando necesito una mano que me dé fuerzas.
Así que soy tan gilipollas como los cristianos que salen de la Iglesia.

En Enero, un lector de Granada me regaló este amuleto. Los hace él mismo y una amiga, personalizados (tuve que enviarles una foto y creo recordar que un cabello para que hicieran el rito). Me lo mandó por correo, me dijo que tenía que tenerlo siempre puesto, que si no, no funcionaría. Lo recibí y me lo puse. Porque soy tremendamente supersticioso con el número 13 y estamos en el año 2013. Estaba muy incómodo con el 13. Si os fijáis en mis libros no hay capítulo 13. Hay capítulo 12+1. Por ahora estoy teniendo un año bastante bueno, con problemas, pero no me asustan porque sé que fracasar es parte de mi vida y siempre me transporta a una gran y gratificante aventura. El amuleto ayudará o no. Pero no me lo voy a quitar hasta que acabe el 2013, me siento bien con él. Si no he hablado y recomendado este amuleto antes es porque lo estaba probando ya que a lo mejor era la puerta al infierno o algo así y llenaba la casa de mis lectores de diablos y sus hijas eran poseídas y los lectores se me enfadaban y dejaban de comprarme libros. No lo es. El amuleto, mola.

Uno de los miedos que nos quiso meter la “gente de ciudad” cuando vinimos a vivir a este pueblo fue que si los vecinos se enteraban de qué tipo de literatura escribo, con esas fotos pornográficas y biográficas que pongo en mis libros, lo íbamos a pasar realmente mal: nos rechazarían y hasta pedirían que nos fuéramos del pueblo. También alguno me quiso meter miedo con los enanos malvados que habitan en el bosque, pero a ese no le hice tanto caso.
Pero desde que llegué aquí, decidí no ocultar a qué me dedico. La primera vez que lo conté fue a un viejo que me encontré por la playa y que, curioso, me preguntó cómo podía vivir aquí, de dónde sacaba la pasta. Le dije que no mucha, pero algo de pasta sacaba de escribir novelas pornográficas y retrocedió varios pasos, como si le hubiera clavado un cuchillo en el costado. Sin embargo me lo he vuelto a encontrar varias veces, también paseando por la playa y no me ha retirado el saludo: incluso ayer se remangó la camisa para enseñarme unas manchas que le habían salido en la piel y con las que está preocupado.
—Espero que sean manchas de la edad y no cáncer —me dijo.
—Seguro que sí (y eso le dijo el médico días después).
Desde que decidí dejar de ser “Sigmundo” no he vuelto a decir ni una sola mentira. Llevo dos años sin mentir a nadie. Además, para mí es complicado encontrarme a alguien, que me pregunte a qué me dedico y no responder repleto de orgullo:
—Soy escritor y vivo de las ventas de mis libros.
Pues Dios y todos vosotros sabéis bastante bien lo que me ha costado conseguirlo y lo que me sigue costando cada mes. Lo que pasa es que el mensaje se desvirtúa: por ejemplo, el otro día cuando fui a ver el partido del Borussia-Madrid al bar una señora me preguntó:
—¿Tú eres el poeta que vive al lado de la playa?
Me sonrojé: me avergoncé terriblemente al ser confundido con un poeta. Se lo dejé bien claro:
—No señora. Yo no soy un parasito ni un desgraciado de esos. Soy una persona honrada y trabajadora. Escribo novelas pornográficas.
Jamás ocultaría ser un borracho, sidoso o incluso militante activo del Partido Popular. No obstante, si para mi mala suerte hubiera nacido poeta, sí que lo iría ocultando por ahí. Porque no hay nada más pesado e inútil en la vida que un poeta. Sólo hay cuatro o cinco poetas buenos en la historia de la literatura. El resto sois unos pesados que te cagas: sobre todo por Facebook. Por cierto, si eres un poeta del Facebook y aun no has comprado ninguno de mis libros ahora mismo es un buen momento para hacerlo. Seguro que nunca te había caído tan simpático como hoy.
Todo esto viene a cuento porque tenemos vecinos. Son un matrimonio de cincuenta y pico que tienen alquilado el apartamento de al lado, desde hace un año. Tienen importantes negocios en Gijón o Oviedo, no recuerdo bien dónde y sólo vienen los fines de semana en los que sus obligaciones se lo permiten. Aquí se les ve felices, desestresados, en la terraza. Ella teje y él suele estar leyendo el periódico tan tranquilo. Son amables, buena gente; el señor me enseño a tirar sidra dentro de un vaso utilizando un corcho que hay que cortar de cierta manera. Nos miran como si nos envidiaran: por poder estar viviendo aquí de lunes a domingo. Y yo les miro con envidia por la estabilidad económica que tienen: no tienen pinta de estar preocupados por si el próximo mes podrán pagar el alquiler y las compras del supermercado.
Hasta ayer nunca había salido el tema, bueno sabían que soy escritor, que vendí un guión a la tele, (¿Quién en España no se ha enterado de eso?, me puse tan feliz que hasta invité a una ronda en el bar del pueblo a salud del canal de televisión que me lo compró y que no puedo nombrar) pero no les había concretado. Ayer se volvieron a interesar y les saqué mis tres libros publicados:
—Y ahora mismo estoy terminando el cuarto. Se titula “El comedor de coños”.
Nunca regalo mis libros (porque lo considero una falta de respeto hacia quienes los compran y me ayudan a seguir escribiendo), pero a ellos les regalé, por majos, el más bestia de todos: “20 Polvos”. Me pidieron que se los dedicara y lo hice, pensando que iba a ser la última vez en la vida en la que me dirigirían la palabra. Que mañana mi esposa me despertaría entre gritos, anunciando que hay cientos de campesinos en la puerta, con garrotes y antorchas, preguntando por mí para ajusticiarme como merezco.
Al día siguiente (hoy) me desperté tarde. Me había quedado escribiendo hasta las 5 de la mañana “El comedor de coños” preocupado e inseguro: temblando por si no les gusta a mis lectores y no me vuelven a comprar un solo libro. Cuando salí a la terraza vi a mis vecinos. Estaban expectantes, hablando con mi esposa. El señor me dijo que me invitaba a un culín de sidra. Yo estaba un poco nervioso: pues “20 Polvos” comienza con una escena pedófilica, toma ya mis cojones.
—¿Sabes cuantos libros me he leído en mi vida? —me preguntó.
—Ni idea.
—Ni uno. Sólo leo el periódico. Bueno, a partir de hoy ya no voy a poder decir lo mismo. Porque el primer libro que me leo y de seguido es el tuyo. No es que comparta tu visión de la vida pero me ha parecido fascinante y me ha llenado de curiosidad. No he podido soltarlo. Me ha atrapado como no me atrapó ninguno en la vida.
—Me lo iba a leer yo —añadió la esposa— pero no me lo ha dejado en toda la noche. Se pasó la noche leyéndolo.
Y supongo que entonces se darían cuenta que mis ojos se llenaron de lágrimas de la emoción. Las traté de contener, pero no pude. Porque soy un llorica. Porque para mí, gustarle a un lector lo es TODO. Si un día me estoy muriendo de salmonelosis y un lector me susurra en el oído:
—Me ha gustado MUCHO tu libro.
Me curo al instante. Y si es una lectora quien me lo dice y me manda una foto en tetas escribo otro de corrido. Porque que a alguien le guste mis libros me pone de rodillas y desarma. He apostado mi vida y cabeza a ese número.


Durante la promoción de su última película “Trance”, Danny Boyle habló sobre las películas para adultos y lo decepcionante que es que el término se refiera ahora a películas pornográficas en lugar de a películas con personajes complejos e historias que giran en torno a problemas de adultos como la violencia y la sexualidad.
Cree que los filmes para adultos están desapareciendo y afirma que “Star Wars” empezó la moda y “Pixar” y “Marvel” la siguen, desarrollando el tipo de películas familiares de éxito que muchos estudios intentan copiar. Y aunque a él le gusta y respeta a “Pixar”, echa de menos las películas difíciles e importantes de los años 70.
Continúa afirmando que encontramos la prueba en las películas de acción en las que nadie muere y el hecho de que algunos de los mejores escritores están trabajando en series de TV, porque ahí es donde las historias de adultos todavía son populares.
La industria del entretenimiento de Hollywood trata de conseguir, de esta forma, que durante toda nuestra vida veamos el mismo tipo de película: desde nuestra infancia hasta nuestra vejez.

Hay una ley protectora en Argentina (no diré si es estúpida o no, pues desconozco si está dando resultados) que prohíbe recibir por Correo libros o revistas desde fuera del país. Esto impide que por ejemplo, una editorial de Finlandia, mande una caja de libros en finlandés a un librero argentino que, desprevenido, está bebiendo mate en su negocio y al que le daría mucho frío leer en finlandés.
Pero no impide que YO te mande libros a tu casa si vives en la tierra de las mejores pizzas del mundo.
¿Por qué? Porque si vives en Argentina hay un mínimo de libros permitidos que puedes recibir, en un mismo envío, desde el extranjero. Puedo enviar en el mismo paquete, sin que nadie me dispare en la cabeza, hasta tres libros.
Hasta la fecha he enviado más de 200 ejemplares de mis míticos libros a Argentina. Todos han llegado en unos 10-15 días. Menos el de Abby que por vivir en la reconcha de su madre, tardó unos 23 días. Lo de la “reconcha de su madre” ha sido un homenaje al pueblo argentino. Abby vive en un bello pueblito y la quiero mucho.
Mis libros siempre llegan. Nunca se pierden.
Y si se pierden, yo me hago responsable del envío y te mando otro sin coste por tu parte. Pero por ahora de los más de 3.000 libros que he enviado por correo sólo uno se ha perdido y el desgraciado incidente sucedió en México. Parece ser que unos narcotraficantes lo secuestraron pero el libro se reveló, los redujo y fue uno más de esa pobre gente que pide dinero en los semáforos: tratando de juntar pasta para regresar a España. Y lo consiguió. Pero cómo me mudé a Asturias y él no lo sabía, ahora vive en Madrid. Se hizo amigo de una mujer, intimó con ella y actualmente planea casarse y hasta tener hijos o suplementos. Repudia su pasado de libro pornográfico y se ha puesto una funda de “Don Quijote” de la RAE para parecer un libro honorable. Cómo es la vida.
Todos los libros los envío empaquetados en papel de regalo, así que pasa la aduana más fácilmente. Pues no es un envió comercial, sino un regalo. Y ningún cartero del mundo tiene tan pocos sentimientos para no entregar un “regalo”: con la ilusión que hacen. Tengo amigos carteros que me aseguran que lo que más les gusta es entregar paquetes certificados porque a la gente le hace mucha ilusión y ponen unas caras muy graciosas menos cuando los paquetes son paquetes bombas que entonces no sabe qué caras ponen, pero que suponen que como mínimo, ponen cara de sorpresa o de decepción.
Si me compras un libro desde Argentina, México o un país con un sistema de correos “peligroso” recibes un email como este al día siguiente de haberlo comprado por Paypal:

Y a los 10-12 días, recibes el libro en tu casa.
Este ejemplar de “Un bebé” se lo compró un gran aficionado al género de terror. Le pedí que me mandara una foto con el libro, en algún lugar en el que se viera que está en Argentina. Porque mucha gente me escribe por el Facebook o por el Twitter mensajes como “Te compraría un libro pero que lástima que viva en Argentina y aquí no vaya a llegar”. Pues cabrón, sí que llegan. A partir de ahora, cuando alquien me escriba eso le pasaré el link a este post.
El lector argentino al que llamaremos X ó Y para no desvelar su verdadero nombre (Marcos) no sé dónde se metió (espero que no sea su casa) pero me mandó todas estas fotos geniales. ¡Muchas gracias!
Tuve una vida miserable pero a mi perra jamás le faltó amor, medicinas ni comida. Le prometí, desde que me la traje a Madrid, que algún día correría libre, sin correa, por el campo. Tardé 5 años en conseguirlo, pero aquí está. Repleta de felicidad y tranquilidad.
Anais Niin no sabe que es la maldad humana: nadie nunca le pegó o hizo algo malo. Para ella todos los hombres del mundo son seres buenos.
Anais no sabe ni dar la pata, nunca le enseñé nada: lo único que le pedí fue que durmiera siempre a mi lado, que me dejara abrazarla como si fuera mi peluche. Cuantas noches solitarias me salvó. Cuantas mañanas me alegró. Cada día me hace reír con algo o encoge mi alma con algún comportamiento con el que demuestra cuanto me ama.
Sin embargo, el veterinario me dice que se le ha pasado el arroz:
—Ya tiene 9 años. Si se queda preñada pueden surgir complicaciones. Puede morir.
Tengo la estupidez, dentro de mí, de que un animal no “siente” que tiene una vida plena hasta que da a luz. Le falta eso. Cada 6 meses se queda embarazada psicológicamente. Por un lado, no quiero tener más perros tras Anais: no porque me hayan dejado de gustar sino porque deseo hacerle ese homenaje a Anais. Que sea la única perra de mi vida.
—¿Mujeres? Rafa tuvo muchas pero ¿Perras? sólo una: Anais Niin.
Por otro lado me apetece que tenga cachorros. Quedarme con uno aunque sea. Quizá por el ADN o por la sangre a la hija se le transmita el amor que Anais siente por mí. Quizá su hija me quiera nada más nacer. Quizá sea o hubiera sido bonito cuidar a la hija de Anais: que siempre hubiera una Anais en mi vida. Y quizá a la hija de la hija de Anais me quiera aún más: por todo lo que quise a su abuela y a su madre. Acumulativo.
Tener tres perras. Tengo 39 años. La edad de tres perras es lo que me queda de vida.
Anais tiene 9 años. Yo la veo muy joven y muy fuerte. Siempre ha tenido una vida muy buena, entre mimos. Pero quizás dejar que se quede embarazada es una irresponsabilidad por mi parte.
¿Tú que crees?