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Escribo libros para ti

Una diosa de Chile me mandó fotos con “El comedor de coños”

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Una lectora de Chile, que leía los “Diarios secretos de sexo y libertad” desde el 2007,  me acaba de mandar una colección de fotos. Compró todos mis libros el año pasado: cuando se hizo mayor de edad y obtuvo su primer trabajo. Normalmente no publico las fotos que me mandan hasta que me llega también la crítica o me dicen que sólo me van a enviar la foto (entonces publico la foto acompañada de una crítica de alguien que avisó que me mandaba crítica pero no foto). Sin embargo, esta vez me voy a saltar esa regla por estas dos razones:

1.-Tras una venta que tuve hoy, sólo me quedan 3 ejemplares de “El comedor de coños”. No tengo dinero por ahora y no sé hasta qué mes, para mandar a imprimir más ejemplares. Así que si estabas pensando en comprar un pack de todos mis libros o sólo “El comedor de coños”, mejor no lo dejes para mañana. Algunas veces, con estos post, se venden todos de repente. Otras veces, no se vende nada. Si tienes alguna duda de cómo comprar mis libros lee esta mini guía o escríbeme a ezcritor@gmail.com Recuerda que, si compras alguno de mis libros, además de volverte a sentir atrapado por un libro como a la heroina, vas a ayudar a que un escritor que está fuera del sistema y que sólo vive y come de sus libros, siga escribiendo y reimprimiendo.

2.-Porque las fotos que me ha enviado esta lectora (muchas gracias, J) son lo mejor que vas a poder ver en internet en mucho tiempo. Si la quieres ver en GRANDE, pincha sobre la foto. Si quieres ver las otras fotos… mantente en sintonía… cuando ella me mande la crítica publicaré las otras fotos (siempre con su permiso, claro).

Nada más. Buen fin de semana

Actualización 1.- Hace una hora un lector publicó esta entrada criticando uno de mis libros en su blog. Sólo existo como escritor gracias a vosotros. Da igual que los “grandes” medios me ignoren porque vosotros habéis decidido publicitarme día sí y día también. GRACIAS.

Actualización 2.- Elena acaba de compar un pack de todos mis libros. Así que ya sólo quedan 2 packs.

Mi traje

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En el armario lo tengo colgado del perchero.

Es un traje con escafandra. Con dos botas de plomo.

En la espalda lleva dos bombas de oxígeno: me dará 3 ó 4 horas de tiempo para hacer parte de la misión que mi cabeza me pide a gritos que haga: ponerme a escribir, rellenar otra página en blanco: terminar la novela que sueño ver impresa en papel: la novela que sueño que querrá leer todo el mundo. Si obtengo ese tesoro conseguiré que el resto de los días que me queden por vivir no sean tan duros. Conseguiré pasear por la calle, poder mirar a los ojos de la gente, como deseo: siendo alguien que vale la pena.

Es un traje muy pesado. Sólo las botas del traje pesan más que dos anclas de barco. Una vez que comienzo a teclear, con el traje puesto, aislado del resto de lo que me rodea, pasan dos cosas que me aterrorizan:

1.-Me convierto en un psicópata. Todo lo que me rodea deja de importarme. No existe. Desaparece: aparezco en un bosque que nieva, con el traje puesto.

2.-Me enfrento, a muerte, contra mi miedo máximo: el fracaso: si los locos están locos porque no paran de escuchar voces, deberían de encerrar en manicomios a todos los que somos escritores, creadores: no paramos de escuchar mil voces dentro de nuestra cabeza TODO EL RATO diciendo “fracasado”, “no lo vas a conseguir”, “tú mejor época ya pasó”, “lo que escribes es aburrido”, “lo que escribes es una tontería”, “eres un fraude y lo sabes”, “lo que escribes es pedante”, “morirás pobre y solo y hundirás, contigo, a quienes te aman y te acompañan en la vida: por lo menos ten la decencia y el buen corazón de abandonar a tu mujer para que ella rehaga su vida que aún está a tiempo: ella no tiene culpa de nada”.

Con el traje puesto, respirando a duras penas y armado con un arpón, lucho contras esas voces, tecleando tembloroso. Golpeo con el arpón a las voces, al aíre: nunca consigo matar ni una sola de todas esas voces.

Me animo viendo, mientras camino, a un montón de cadáveres de escritores que se quedaron por el camino: sus cuerpos están enterrados entre la nieve: son gente gris que no tuvieron lo que hay que tener para seguir avanzando por el camino de la literatura: gente que, aunque los veo por el Facebook de vacaciones en un yate o conduciendo coches caros, no logro evitar observar con pena. Pienso, estoy seguro, que ellos también saben, en el interior de ellos mismos, que ese dinero que han conseguido no vale nada: pues no lo consiguieron escribiendo lo que necesitan escribir: la única forma honrosa de conseguir dinero.

Me dedicaré a escribir más adelante —me dicen—. Cuando consiga estabilidad económica. No quiero vivir como tú. Tú te vas a caer por un precipicio.

Yo me callo. Sigo caminando con las botas de plomo, por el camino de la nieve, al filo del precipicio, tratando de matar a mis voces con el arpón. Mi venganza es dejarlos como están, mi venganza es no decirles en lo que creo: que hay que ir a por lo que quieres desde que abres los ojos por primera vez en la vida: sin miedo a nada: porque si no consigues lo que quieres no tienes nada aunque tengas la casa llena de cosas.

Al principio todo lo que se quiere es chupar de la teta de tu madre. Muchos se quedan ahí.

La vida empieza cada día. Cada día hay que avanzar por el camino de la nieve, con el arpón inservible, sin plan B, sin postergaciones ni dilataciones.

Soy un león, necesito carne fresca cada día: un león no se contenta con una ensalada. No me interesa salir a la calle y transformarme en un buitre, en un zorro, en una serpiente, en un gusano sólo para sobrevivir: prefiero quedarme en casa siendo un león, no salir de mi guarida hasta que no pueda ser, fuera, también un león.

Por eso vivo, recluido, en esta casa en la montaña, en mitad de la nada: tengo la decencia de no salir a la calle siendo vulgar.

También veo, por el camino, a escritores (muy pocos) que sí que lo han conseguido: pido que me den refugio, toco con fuerza, insistente, en las puertas de sus casas:

Sólo déjeme sentarme en su casa, confortable unas horas, luego saldré ahí fuera. Deme un poco de agua, déjeme respirar en tu burbuja.

Pero esos escritores no me dan ayuda: no me abren la puertas de sus casa, me dejan fuera, en el bosque, bajo la nieve:

Tienes que seguir el camino. A mí nadie me regaló nada tampoco. Y ese fue el mejor regalo que me hicieron —imagino que me dicen: para disculpar su avaricia y falta de empatía.

Sólo pido un poco de agua.

Nada.

Quedo fuera, en el filo del precipicio, luchando contra las voces, tecleando, hasta que el aíre se me acaba, me quito la escafandra y vuelvo a aparecer en el salón de mi casa alquilada, con la renta esperando a ser pagada, con las voces en silencio, sin nieve: pero sabiendo que, en nada, he de regresar a ese camino: a ese infierno que espero me conduzca al tesoro: y con ese dinero comprar a un exterminador de voces.

Super finalista en Notodofilmfest

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Ayer terminaron de anunciarse los finalistas entre los más de 800 cortos que se presentaron al Notodofilmfest. Con gran emoción y sorpresa veo que soy FINALISTA con 4 cortos de los 5 cortos con los que me presenté. Soy el participante con mayor número de cortos en la final del festival de este año:

1.-Finalista en “Mejor corto de 30 segundos” por “Manuela nº 9.999 ¡Glande, grande!”

2.-Finalista en “Mejor corto grabado con un móvil” por “¡Gracias, mamá!”

3.-Finalista en “Mejor corto documental” por “La travesía por el desierto”.

4.-Finalista en “Mejor corto de #abusadetuimaginación de Canal+” por “El final de Batman”.

Quiero dar las gracias, desde aquí, al jurado y a todos los buenos amigos que me ayudaron a realizar o a promocionar esos cortos por las redes sociales, en especial a Luis Laria que me prestó su talento, tiempo y equipo para llevar a cabo estos cortos y a Paco Lambea y a Luis Azorín que me ayudaron económicamente para que pudiera comprar el Final Cut Pro X. Sin este programa no hubiera podido realizar los dos últimos cortos.

Estoy muy contento aunque sé que voy a necesitar mucha, muchísima suerte para que ganemos en alguna de las categorías. Dentro de un mes saldrán los ganadores. Voy a cruzar los dedos, a ponerme a rezar y a sacrificar gallinas para el dios del éxito. Cada categoría tiene un premio de 1.500 euros. Si ganara en una categoría, me arreglaría tres meses de mi vida. Como gane en más de una, salgo de la crisis oficialmente por todo un año. Si no gano en ninguna me darían el gran premio de un palmo de narices.

En el hospital.

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No fingí. Estaba cagado de miedo. Estaba seguro de que iba a morir por culpa de la anestesia. Estaba seguro de que iba a reaccionar mal a ella. Soy un hipocondriaco. Esto no es nuevo. Recordad que en mi época en la disco estaba seguro que había pillado el sida y veía verrugas negras por todos lados. Y, ahora, en la actualidad, cada noche que me duele la cabeza pienso que voy a sufrir un derrame cerebral (de eso murió mi querida tía Loli).

Nunca me pasa nada. Estoy algo fofo pero muy bien de salud. Y si me salió el lipoma es sólo por todo lo que he engordado estos años que he pasado sentado, escribiendo libros como un loco para sobrevivir.
Cuando me pasaron dentro de la sala de espera, ya en calzoncillos, con la sonda y la bata puesta, miré a través del cristal del gran ventanal el apacible día soleado que hacía:

Hace un día precioso para morirme —pensé.

Me sentía terriblemente mal. Delante de mí tenía señoras, también en bata, mucho mayores que yo, que iban a ser operadas por asuntos preocupantes. Ninguna parecía nerviosa. Lo mío era una subnormalidad. Solamente quitarme un lipoma bastante grande de la espalda. Hay gente que lucha porque tiene cáncer, que convive con esa enfermedad día a día. Y yo lloriqueando (por dentro) por un puto lipoma.

Miraba a las enfermeras preguntándome cómo podían vivir entre muertes inminente cada día. ¿Qué tipo de fortaleza tendrán dentro? ¿Las enfermeras se convierten en psicópatas que no sienten? ¿O suben de plano espiritual y consiguen ver la muerte como algo natural del día a día? Yo, si fuera enfermero, me pasaría el día llorando por las viejecitas, por los niños, por los padres de familia… No lo soportaría.

Sentía vergüenza de mi mismo. Pero uno no puede mirar para otro lado cuando siente vergüenza de si mismo. Hay que joderse. Soy así. Ya me compraré un día de estos un libro de superación personal para mejorar este aspecto de mí mismo.

Todas las enfermeras estaban muy alegres. No paraban de hacer bromas, de hablarme animadamente. El anestesista les había soplado que yo era escritor (¿os acordáis?) de literatura pornográfica:

Bueno —le dije a una, como disculpándome, por miedo a caerlas mal—. También he escrito un libro de terror y otro de ciencia ficción.

Las enfermeras me preguntaban si se podía vivir de esto, yo les contesté que hay meses que no, que si no llega a ser por algún lector, por alguna donación sorpresa que llega, imposible seguir con esto: me hicieron escribir el nombre de este blog en un papel y se fueron a ver este blog en un portátil: cuando regresaron se reían de los títulos de mis libros y, dos de ellas, me dijeron que querían salir en mi próximo libro. Yo les dije que si salía vivo de esta, ok. Ahora que estoy vivo me pregunto en qué tipo de libro querían salir… ¿En los de Sigmundo? ¿En las fotos? ¡Jajaja!

La verdad es que la operación fue perfecta. Os juro que hasta la disfruté. Primero, porque no me pusieron anestesia general, sólo local y fui sedado. Pasé la operación despierto, boca abajo, mientras todas me seguían hablando de libros “yo leí 50 sombras de Grey” me dijo una “yo Trópico de Capricornio” me dijo la cirujana (creo). Y yo todo chulo:

Mis libros son mucho mejores y más bestias que esos.

A mí (como a casi todo el mundo) me encanta que me toquen la espalda. Y sedado sólo notaba eso. Fue super agradable. La cirujana abriéndome con el bisturí, poniéndome 7 puntos y yo en la gloria. Parecía que me estaban haciendo un masaje. El anestesista me preguntó que si quería ver lo que me habían sacado, dije que sí: me enseñó, dentro de un bol, algo que parecía carne picada sangrienta: la cantidad exacta para hacer una hamburguesa.

¿Me la puedo quedar? —pregunté (pensando en dársela a las gallinas).

—No. Hay que llevarla a análisis. Para ver que es sólo un lipoma. En 15 días lo sabremos.

Desde aquí, quiero dar las gracias a todas las enfermeras, al anestesista y a la cirujana que me sacó el lipoma. Os portasteis fenomenal conmigo (y con todo el mundo que vi por allí). Fui cagado de miedo y, la verdad es que desde que estuve en vuestras manos, me hicisteis olvidar mis estúpidos miedos. Lo pasé genial en la operación. Estoy perfectamente. GRACIAS. Estoy seguro que al entrar en mi blog, leísteis la entrada anterior a esta, estaba en portada, en la que contaba que estaba cagado de miedo y decidisteis distraerme. Funcionó. Si queréis alguno de mis libros firmados, escribidme a ezcritor (arroba) gmail. com, decidme los nombres y qué dirección he de poner fuera del paquete para que os llegue al hospital y os los hago llegar esta semana gratis y encantado.

Un abrazo. Sois geniales.

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Por si muero mañana

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Acabo de ducharme. Quizás es mi última ducha.

Soy hipocondriaco. Mañana lunes a las 12:00 del medio día me hacen una pequeña operación de nada en un quirófano: quitarme un lipoma de la espalda. Un lipoma que se ha hecho tan grande (por mi culpa, lo descuidé por escribir libros) que me tendrán que meter anestesia general.

De vez en cuando, hay gente que muere debido a la anestesia general. Si es mi caso, este será el último post que yo escriba en mi blog.

Quiero dejar las cosas por escrito. Toda mi obra se la cedo en exclusiva a mi esposa para que la explote a su conveniencia. Cuando se canse de hacerlo, le pido que la ponga en descarga directa en internet, gratis.

A vosotros os pido un último favor: que ayudéis a mi esposa con el entierro. Habrá que incinerarme y ahora mismo sólo tenemos 75 euros en la cuenta. Dejo aquí el botón de Paypal, listo porque Svieta no sabe hacer botones de Paypal.




Así que en caso de que me muera, por favor, mandadle algo (que no sea un mechero). Svieta, tira mis cenizas, cuando puedas al océano Atlántico. Me da igual el sitio en el que la tires, pero si por casualidad puedes permitírtelo, me gustaría que tirarás las cenizas en el mar de la Playa de las Canteras. Allí tiré las cenizas de mi madre. Es una buena playa. Si es mucho rollo, de verdad que no te agobies: en cualquier lado del Atlántico estaré perfectamente. Creo que ahora está prohibido tirar cenizas de muertos en las playas. Así que, si lo vas hacer, para que no te multen, ponte unos pantalones, mete mis cenizas en tus bolsillos y ábrelos dentro del mar. Por el resto: diviértete a tope en la vida, Svieta. Folla y vive sin parar. Ólvidame lo antes posible. Eso sí, te toca cuidar a Anais Niin hasta el día de su muerte. Dile todos los días, mientras le acaricias la cabeza, que la quieres mucho y que es muy guapa e inteligente, que le gusta escucharlo.

Añado una cosa: si es posible, prefiero que antes que me incineren, que tires mi cuerpo directamente a las gallinas. Sinceramente, prefiero que las gallinas me coman a ser quemado en un horno. Me parece que es lo mejor que se puede hacer con mi cuerpo. Pero entiendo, Svieta, que a lo mejor no te apetezca ver y oler, cada día, mi cuerpo descomponiéndose en el jardín mientras las gallinas corretean con mis ojos en sus picos. Pero si eres lo suficientemente fuerte y los caseros te lo permiten, da mi cuerpo a las gallinas.

Si mañana muero, celebradlo todos. He tenido una vida plena. Follé a más de 500 turistas en su mejor edad, viví triunfos profesionales y fracasos, publiqué 6 libros buenísimos, dirigí e hice cosas para la tele, escribí algo para el cine gracias a Santiago Segura, inspiré a gente, mejoré la vida de muchas personas. Sólo me faltó ganar un poco más de dinero en estos últimos 3 años de mi vida para ser 100% feliz. Muero con un 99% de felicidad gracias a vosotros lectores, que me convertisteis en escritor y a Svieta, que me dio un amor y una paz que nunca pensé iba a encontrar. Además, estos 3 últimos años he comido super bien gracias a Svieta. A las personas que hice daño, sabéis de sobra que nunca fue mi intención y que nunca hice demasiado daño a nadie. Sólo chorradas.

Si muero, que sepáis que voy a intentar esquivar el cielo o el infierno. Voy a intentar terminar, desde el otro plano, “Prostituto de extraterrestres”. Si es posible, lo haré, os lo prometo. Se lo haré llegar a Svieta desde mi email para que lo mande a imprimir. Si es posible, terminaré también los otros libros que tengo en preventa.

Tengo grandes planes para mis próximos 40 años de vida, pero si mañana a las 12:00 del mediodía termina todo, que sepáis que me voy satisfecho y feliz.

Gracias a todo aquel que me compró un libro. Desde el otro lado, si es posible, os ayudaré. Sois muchos a quien os debo mucho. No es momento para hacer listas con nombres. Vosotros sabéis quienes sois y más de una vez salis nombrados en este blog.

A los que no me habéis comprado ningún libro: a ver si consigo daros un buen susto desde el otro lado por haber sido tan ratas y desagradecidos.

Un abrazo.

El fin de la dictadura de los medios de comunicación.

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Recuerdo cuando, de pequeño, mi abuelo traía los periódicos a casa. Siempre compraba “La Provincia”, “Canarias 7”, “El País” y, a veces si había dinero, “Marca”. Entonces ocurría una pequeña pelea entre todos sus hijos por quién leía el periódico que mi abuelo elegía no leer primero. Eran otros tiempos, no existía internet aún. Aquellos periódicos representaban una ventana al mundo. Nos hablaban de las cosas que sucedían en EE.UU, URSS, Madrid, Paris, etc. … Hacían al fútbol muy importante colocando grandes titulares en la portada, con grandes fotos de la última gesta o derrota del equipo. Un mal resultado podía deprimir a toda una ciudad. Lo que salía en el periódico se suponía que era IMPORTANTE, que era VERDAD. En la sección de “Cartelera” nos decían los únicos estrenos que podíamos ver. Los documentales que veíamos eran los que TVE decidía que viéramos. De ahí que tengamos escrito a fuego en la memoria que los documentales son aburridos. Salir en la tele o en el periódico era importantísimo. Los cantantes que salían por allí se convertían en éxitos. El periódico era algo importantísimo: de la mano de la televisión manejaban a las masas: nos decían qué ver, qué pensar, qué comprar, qué sentir… Tras la muerte de Franco vivimos otra dictadura que aún colea: la dictadura de los medios de comunicación. Nosotros éramos salvajes, ganado, y los dueños de los periódicos y de la televisión los dioses que nos hablaban.

¿Qué es el periódico ahora? Lo mismo que antes pero desubicado en el tiempo. No obstante, sigue ahí, tratando de mordernos la mano y el cerebro cada día. La dictadura de ese producto afortunadamente terminó gracias a internet. Su poder es cada vez menor. Gracias a internet nos hemos dado cuenta todos de que el periódico sólo es un panfleto publicitario a servicio del dinero. Cada director selecciona las mentiras pagadas por sus patrocinadores para que salgan en las primeras páginas y, alrededor de ellas, mete entrevistas de gente “fashion” o algún reportaje periodístico de verdad y fotos, opiniones y analisis de la catástrofe violenta del día. Ya no hacemos casi caso a los que nos recomienda comprar o ver un periódico. Si no eres un paleto sabes que el 99% de sus recomendaciones suelen estar pagadas por un anunciante. La programación de la tele sólo la ve la gente muy mayor. El resto, preferimos hacer nuestra propia programación en internet. Ya no leemos un periódico para informarnos sobre política sino para enviarnos, los unos a los otros, el último titular que han escrito contra el partido político de turno: para golpear a alguien con ese titular. Cada periódico se ha convertido en “troll” del partido político que no les paga. Antes, el gran titular que leíamos en un periódico pesaba como un aloza sobre nuestra memoria. Ahora sabemos que por cada titular contra X encontraremos otro titular a favor de X. Por lo que, lo que diga el periódico, ha dejado de importar. Por mucho que aparezca un titular en una portada, el valor real de ese titular lo da cuantas veces TÚ lo has retuiteado o compartido por el Facebook. Porque tu voto, tu compra es lo que no deja dormir por las noches a “los de arriba”.

Cuando leo sobre la “crisis de los medios de comunicación” (ya no sólo del papel) brindo con sidra fresquita. Porque eso no significa que los buenos periodistas estén quedándose sin trabajo. Significa que los “voceros” y que los “periodistas parásitos” les va mal. Hoy por hoy, y gracias a internet, un buen periodista o un buen creador puede vivir de su trabajo, de forma independiente, gracias a sus lectores. Cuanto mejor seas, más calidad tengas, mejor vives. Los periodistas maestros en el “corta y pega” y los malos creadores, buscan como “chupar” de un medio o de una empresa. Los buenos periodistas y escritores consiguen ser sus propios jefes, consiguen la independencia gracias a la comunión que se forma con sus lectores, que les apoyan sólo por su calidad, en internet.

Cada vez es más difícil que nos manipulen “los de arriba”. Cada vez que nos quitamos “a los de arriba” de nuestras cabeza, la vida se hace más simple, más sencilla: mejor para todos. Porque al final la vida es sólo trabajar, comer, reír, follar, estudiar, cagar, beber y dormir. Y todo lo que no está ligado directamente a eso, todo lo que no sirve, todo lo artificial que no enriquece nuestras vidas, desaparece.

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Giu (Asturias) critica “20 Polvos” y “El peor amigo del mundo”.

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Me gustaría que publicaras esta crítica en tu web bajo el seudónimo de El Punto Giu, y perdona que no te envíe fotos posando con los libros como pides en el interior, es por pura vagancia de no ponerme a sacar fotos sin que se me vea la cara, y menos las tetas, que sé que te gusta que tus lectoras posen así viciosillo jajajaja

Te compré el libro de “20 polvos – edición especial” yEl peor amigo del mundo”. Tal y como te prometí, te compraré el resto de tus libros cuando mi situación económica me lo permita, ya que admiro que te dediques a tus lectores de esta manera y que escribas sobre lo que te apetece sin pensar en el qué dirán los demás.
 
Entrando ya en materia, decidí empezar porEl peor amigo del mundo”, ya que había leído en otras críticas que por fin tus lectores entendían el comportamiento de Sigmundo gracias a este libro, de modo que preferí partir desde un conocimiento mayor del personaje. Me lo pulí en una sola noche, así que imagínate si me gustó. Cuando una historia me gusta, leo compulsivamente hasta que la acabo o hasta que tengo los ojos a punto de llorar sangre. Gracias a dios fue el primer caso.
 
Sentí empatía por Sigmundo, es una historia dura, y una vez leído el siguiente libro (“20 polvos”), puedo añadir que necesaria. Lo único que no me gusta de tu estilo, es que usas mucho los dos puntos para marcar las pausas, y yo soy más clásica y estricta con las normas de puntuación. Aun así, aunque al principio me chocaba, enseguida me acostumbré, y, después de todo, Juan Ramón Jiménez escribía siempre con j en vez de usar la g cuando correspondía delante de -e, -i porque le parecía que así debería ser. Podría decirse que lo de los dos puntos es tu toque personal. También se te coló alguna pequeña errata, no recuerdo si cosa de acentuación o qué. Un mal menor en cualquier caso. La cuestión es que tienes talento y no dejan de ser fallos insignificantes.
 
A pesar de que la infancia de Sigmundo me removió por dentro y me dejó una sensación de malestar, me encantó el libro por tu capacidad de transmitir.
 
Ahora pasemos a “20 polvos – edición especial”: este libro es mucho más ameno. Lo leí en dos noches porque ya tenía los ojos resentidos de leer la noche anterior El peor amigo del mundo”. Por más que me habría gustado terminarlo en una vez, tuve que darles un descanso a mis pupilas.
 
Es difícil hablar bien del libro siendo mujer, cualquier feminazi, como diría Sigmundo, se echaría las manos a la cabeza si viera a una mujer halagando al autor de semejante libro, pero es que yo no soy una feminazi y veo lo positivo de Sigmundo: hay muchos hombres así, de modo que no está de más sacar un par de lecciones y aprender a ser precavidas. Es más, creo que toda mujer debería leer las aventuras y desventuras de Sigmundo, y en vez de criticarlo, repasar su conciencia a ver si es tan lista como se cree.
 
Está claro que el protagonista no es un ejemplo a seguir, pero toda buena feminista, que no feminazi, sabe que el feminismo empieza por una misma y por el resto de mujeres antes de intentar cambiar a los hombres. Además, aunque no haga gala durante todo el libro y todos los comentarios de ella, Sigmundo sí que tiene conciencia. No mucha, pero la tiene. Yo me quedo con lo positivo, si bien es cierto que en algún momento me daban ganas de darle un buen bofetón a Sigmundo, no lo niego, pero así es la literatura: los escritores tenemos derecho a romper con lo moralmente aceptable, ser irrespetuosos y hablar sobre las mayores barbaridades, y también a dar ejemplo a los lectores, pero sólo si nos apetece, ojo, no hay ninguna norma que nos obligue a ser un ejemplo a seguir por nosotros mismos o por nuestros personajes.
 
Lo mejor de Sigmundo, es que quien quiera puede leer entre líneas. Tal vez yo vea buenas intenciones donde no las hay, pero también es posible que otros vean malas intenciones donde el trasfondo es todo lo contrario. Ante la duda, me quedo con mi propia interpretación. Siempre se ha dicho que ni los buenos son tan buenos ni los malos tan malos. Y encima el cabrón es gracioso.
Giu es escritora también. Acaba de sacar su primera novela: “El Boudoir”.
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Crítica a la primera temporada de “Better Call Saul”

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Los que tenéis el sano gusto de leer este blog sabéis que —al igual que vosotros— sentí un amor y una pasión ilimitada por “Breaking Bad”. Aún —en mis noches solitarias, mientras vosotros veis porno— yo vuelvo a ponerme el capítulo en el que el frío Gus muere, saliendo de aquella habitación, sujetándose la corbata… agito los brazos como si hubiera metido un gol cuando escucho decir “I won”… y, por supuesto,  también veo el último capítulo… siempre que llego a la toma final, ese plano cenital de Walter White ¿muerto? (yo quiero creer que no) mientras suena este temazo de Badfinger, lloro. Lloro mucho. Lloro hasta que se hace de día. Lloro hasta quedarme sin lágrimas.

Por ello la ansiedad por ver “Better Call Saul” era comprensible. Aún así me sentía enfermo: querer ver “Better call Saul” era como si el gran amor de mi vida hubiera muerto y quisiera reemplazarla, rápidamente, por otro amor. Demasiado frío.

¿Me ha gustado? Hasta el capítulo 7, la verdad es que me dormí viendo algún que otro capítulo. Hasta el capítulo 7 casi la vi por obligación. Los dos primeros capítulos me parecieron bastante malos. Todo el mundo alabando esos capítulos al día siguiente, en internet. A mí me hicieron sonrojarme. La serie siguió con algún momento o detalle divertido (Saul salvando al trabajador en la grua, el hombre que se quería independizar de EE.UU…), pero nada para hacer la ola.

En mi opinión la serie no comenzó a funcionar hasta que colocaron a cada protagonista en su lugar. Hasta que centraron a Saul en sus jaleos sentimentales y de autoestima con su hermano y centraron a Mike haciendo sus primeros pinitos con los bajos fondos. Hasta ese momento todas las balas me parecieron de fogueo. Cada vez que veía a Saul alternando con criminales tipo “Breaking Bad” (me refiero, por ejemplo al violento colombiano que adoraba a su madre) lo sentía muy forzado. Odiaba esa forma que tiene Vince Gilliam de mostrarnos los personajes por primera vez, sin presentarnoslos, sin contarnos nada de ellos. Hacía que me diera bastante igual lo que le pasara a todo el mundo. ¿Quién coño es esa rubia? ¿Y ese tipo envuelto en papel de aluminio?

Sin embargo, no tenía dudas de que mi deber era estar delante de la pantalla de mi ordenador, descargando cada capítulo de forma puntual: la serie iba a ir de menos a más porque de sobra se sabe que a Vince Gilligan le gusta cocinar a fuego muy lento. Le da igual soltarnos un capítulo aburrido y aparentemente sin sentido porque ha decidido que, con el tiempo, todos vamos a tener y querer  volver a ver ese capítulo para “verlo entendiendo lo que estaba pasando en ese momento”. Vince es un puto genio, una mente retorcida, un sádico que merece estar en prisión. Lo ha vuelto a conseguir: “Better call Saul” es la mejor serie que he visto desde que “Breaking Bad” terminó.

“Juego de tronos” es para niñatos.
“True Detective” es para pajeros.
“The Walking Dead” para mongólicos.
Vale: son grandes series. Pero no dejan de ser más que toneladas de imágenes para televisión. Nada más. “Better call Saul” es cine. El mejor cine de la actualidad.

Es que Vince Gilligan juega en otra liga. Un claro ejemplo: las otras series tienen que tirar de cliffhangers para conseguir enganchar a los espectadores hasta la temporada siguiente. A Vince Gilligan no. A él le basta poner al protagonista tarareando el riff de “Smoke on the wáter” al volante de un coche para que tengamos los cojones apretados hasta el día que él quiera dejemos de tenerlos apretados. En esa toma, sin palabras, Vince hace que su protagonista suelta un discurso larguísimo sin necesidad de que abra la boca. Saul nos grita al oído, bien claro que “lo de portarse bien en la vida, sólo lo hacen los gilipollas”.

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Es en ese momento cuando uno comprende que “Breaking Bad” no ha terminado, que Vince está jugando en casa. Si antes vimos a Walter White caer en el lado oscuro, ahora vemos las historias de cómo Saul y Mike cayeron en el lado oscuro y se revuelven en el lodo, como los cerdos, al igual que Walter, hasta que todo termina mal para ellos. Es más de lo mismo. No nos quejemos: es lo que queremos ver. Mi única petición al sr. Vince para la segunda temporada: que salga Gus. El actor que interpreta a Gus es el peor de la historia (sobre todo cuando habla en español) pero Gus, es uno de los personajes más míticos de la historia.

¿Mi escena favorita de esta primera temporada? No haré spoilers… sólo diré: “sandwich de pepino”. Sin exagerar me he puesto esa escena 8 veces: desde que están en el aparcamiento hasta que Mike y el gafitas han recogido el dinero. Épica.

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Esteban (Miami) critica: “El peor amigo del mundo”.

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“Simplemente me tarde demasiado, quería comprar el libro cuando Rafa estaba reclutando mecenas pero no pude, luego me llego la oportunidad y tuve que esperar otro tanto hasta que el libro llegara a mis manos, tenia curiosidad acerca de cómo fue la niñez Sigmundo y esta vez no hubo retrasos con el cartero. Cuando el libro finalmente llego a mis manos (envuelto en papel de regalo y con dedicatoria) lo puse a un lado porque sabia que no podría cerrarlo hasta terminarlo y no quería que nada ni nadie me interrumpiera, tuve que llevar el libro para todos lados y cada vez que encontraba un momento de paz en mi agenda alguien o algo llegaba e impedía que empezara con mi lectura y en muchos casos yo terminaba explicando quien era Rafael Fernandez, hasta que una noche se hizo el milagro, lo que encontré me sorprendió bastante, a ver, la etapa adulta de Sig esta marcada por una fuerte realidad, en cierto punto Sig es un personaje que hace y deshace a cruel voluntad pero en “El peor amigo del mundo” hacen y deshacen a un inocente niño Sig. Otra diferencia es que este libro tiene un aire distinto, lo he pensado mucho, creo que la niñez de Sig es como una pesadilla de la cual él ni se entera y que va a convertirse en un buen sueño, me parece que la historia muestra una certera patada a la inocencia, un “yo me aprovecho de este por que no sabe nada de nada” y un “las cosas ya no son blancas por que se han manchado para siempre”. También me he pasado el libro pensando en que yo también alguna vez conocí personajes de el libro en la vida real, “yo conocí un tipo/tipa que hizo lo mismo” me decía mientras volteaba las paginas. A mitad del libro lo tuve que dejar para procesarlo todo, había algo que era distinto, me parecía un libro diferente pero con el mismo estilo, sera que Rafa esta escribiendo cada vez mejor? sera por que Rafa ya tiene años de experiencia? o sera que yo estoy mas viejo?, la siguiente noche volví a coger el libro hasta terminarlo, leer algo de Rafa es entretenido, a la vez que es realista y esta vez hasta ha metido algo de ilusión y drama. Esa noche termine el libro, quede satisfecho, me gustaron mucho los dibujos de Rocio Galindo y se me vino a la mente una canción de una banda Argentina llamada “Eterna inocencia”, la canción se llama “Mi familia” y en un punto de la canción todo se detiene y el cantante proclama: “La familia tradicional es la que te asesina”, yo creo que de eso se trata este libro.

Abrazos,
Esteban Gomez