Ando buscándote… ¿eres tú?

tebusco

Hola.

Esto es un mensaje para todos los que sois escritores.

Sobre todo me dirijo a los que no estáis contaminados por el sistema editorial. Ese sistema que cada día os roba, hunde y destroza vuestro talento. Ese que nos os da el dinero que necesitáis para seguir escribiendo. Ese que chupa la sangre de una legión de pobres escritores, de los que se alimenta.

Escritores: los habitantes del planeta tierra os necesitan.

No sé bien cómo ha sido, no es el momento de buscar culpables ni, por ahora, vamos a ajusticiarlos colgándolos de los árboles. Pero, “los de arriba” han jodido el mundo de la literatura. Nos han dicho que el libro popular perfecto es el “best seller” intrascendente y nos lo hemos creído. Nos han dicho que el libro aclamado por la crítica ha de ser con pose, espeso, vacío y aburrido. Escrito por alguien molido a golpes y que vive acobardado. Nos lo hemos creído.

Nos han convencido de que se puede escribir siendo mantenidos por nuestros papás y mamás, desde detrás de títulos universitarios. Nos lo hemos creído.

Haced la prueba: visitad las librerías: VACÍAS.

Visitad a los escritores: no los encontrarás. En su lugar encontrarás a pobre gente, sin luz en los ojos, sin aura brillante que te ciegue.

Vamos a salvar el mundo del libro.

No permitamos que se convierta en un mundo arcaico, antiguo, del que sólo vive gente sin talento para escribir, empresarios que quieren vender libros como si fueran tomates.

Los tomates tienen vida, sus libros no la tienen.

Hagamos una revolución.

Dejemos de crear y de escribir con sus esquemas, con sus historias, como “ellos” quieren. Vamos a olvidarnos del “best seller” americano. Vamos a olvidarnos del libro pomposo y aburrido que no diga nada. Vamos a olvidarnos de soñar con los grandes premios literarios que las editoriales dan a dedo. Vamos a decir todo lo que tengamos que decir en una sola línea. Y luego, vamos a enfrentarnos a la siguiente línea: dándolo todo nuevamente. Así hasta terminar la página 1. Y luego, todo el libro.

Vamos a sentirnos al borde de la muerte, al terminar cada libro que escribamos.

Soltemos las cadenas y hagamos oídos sordos a los editores y malos consejeros que convierten nuestras creaciones en textos para niños que han crecido y que tienen miedo a despertar de la infancia, de las mentiras que les han contado toda sus vidas. Adultos que no despiertan, que son ganado, que gritan si ven una cucaracha con polla.

Respetemos al lector, que sea nuestro GRAN amigo, nuestro confesor, nuestro Dios: la chica que nos queremos follar y con la que nos queramos casar.

Vamos a concentrarnos en que nuestros libros sean demasiado duros como para que estén a la vista en las grandes superficies, en los hipermercados.

Si nuestro libro se vende (en el siglo XXI) en un supermercado, habremos fracasado.

Hemos de conseguir que nuestros libros se vendan en templos oscuros, como iglesias, en el siglo XXII. Que los lectores quieran ponerse de rodillas, para comprar nuestros libros: no como signo de sumisión, sino de respeto.

Recordemos a nuestros dioses: los lectores, la magia inigualable, el impacto mental que causa leer las primeras líneas de un buen libro.

Vamos a acabar con los ebooks, vamos a conseguir que nuestros lectores vuelvan a querer leer en papel y, cuando terminen de leer un libro, lo regalen a un amigo o al primer desconocido con el que se crucen: que no lo dejen pudrirse en una biblioteca como a un objeto sin vida. Eso es un secuestro.

Recordemos que nuestro deber es elevar el alma y el ánimo de nuestros lectores, sacudirles, golpearlos, follarlos, insultarlos, quererlos: que terminen de leer nuestros libros despeinados, sudando e insultando o buscando a alguien que amar, gritar o abrazar para llorar de alegría, desconsoladamente o amabas cosas a la vez. Hagamos que leer nuestros libros sea una experiencia vital o mental para cada lector que nos regala un minuto de su atención: deseando haber encontrado algo que le haga olvidar sus problemas o se lo solucionen.

No temamos la vergüenza, que nos señalen por la calle.

No temamos las multas ni la cárcel.

Tenemos que salvar el mundo del libro.

No busco cobardes, busco héroes.

Vamos a renunciar desde hoy mismo a volver a soñar con que nos publiquen grandes editoriales. Despertad. Tenemos internet, podemos llegar a nuestros lectores directamente.

Vamos a dirigir todo nuestro esfuerzo en publicarnos nosotros mismos. Vamos a publicitar nuestra obra verdadera, nosotros mismos: sin descanso.

Seremos nuestros propios editores, maquetadores, publicistas.

Todo lo que necesitas está en tu pequeño ordenador con conexión a internet.

Vamos a empezar cuanto antes para que, cuando cumplamos 50 años, podamos vivir dignamente.

No vamos a caer en el desánimo y soportaremos los años de penurias en que no nos apoyen más que unos pocos lectores o ninguno.

Está permitido caerse, equivocarse, desertar y regresar a nuestras filas. Pero todo esto ha de hacerse sin sentir vergüenza.

Vamos a soportar el duro camino del aprendizaje hasta que consigamos un ejercito de lectores sinceros (llegarán cuando los merezcamos, nos ayudaran cuando lo merezcamos) que maten, quemen y derriben los ladrillos de esas editoriales que se han cargado el mundo del libro con sus pautas y reglas de creación: vamos a liberar a los lectores de esas editoriales: vamos a liberar a todos los futuros escritores del mundo con nuestro ejemplo.

No vamos a escuchar ni a dejar que nadie se interponga en nuestros propósitos. Mataremos a nuestra madre (si hace falta) y dejaremos, atrás, a los amigos que no estén a la altura de la empresa en la que nos hemos embarcado.

Busco escritores que quieran convertir el libro en una máquina apasionante, en el entretenimiento perfecto y definitivo, invencible ante el cine, los videojuegos y el fútbol. Que sepa que si no le leen sólo es por culpa propia.

Busco escritores que escriban con palabras y frases nuevas.

Escritores que saquen textos asesinos.

Escritores que repartan felicidad verdadera por el mundo.

Que escriban “autoayuda” de verdad: no palabras de relleno para ganar dinero.

Vamos a sacar de este mundo a los escritores mentirosos y estafadores. Vamos a extinguir al editor que amaestra y domestica al escritor salvaje.

Busco escritores que sepan dar con las palabras exactas para hacer despertar a las millones de legiones de lectores que permanecen drogadas.

Este es el único camino para que se salve el mundo del libro y merezcamos vivir de escribir LIBROS.

La “D” de “Dios”, por respeto, se escribe en mayúsculas, siempre. Que cada letra que forma el sustantivo “LIBROS” merezca, en el siglo XXII, estar escrita en mayúsculas.

Hoy empieza la revolución.

Escritor, lector… ¿te unes?.

LA HUMANIDAD TE NECESITA.

Así me van las cosas:

Estoy feliz. He pasado la mejor Semana Santa de mi vida. No he ido a ningún lugar, pero he disfrutado de todo lo que estaba a mi alcance y, lo mejor para mí: he podido escribir tranquilo por primera vez en mi vida.¡GRACIAS, LECTORES! ¡GRACIAS, VIDA!

1.- “20 POLVOS- EDICIÓN ESPECIAL”.

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Como sabéis estoy enfrascado en mejorar “20 Polvos”, el primer libro que publiqué. Cada vez que publico un libro Dios sabe que trabajé en él hasta la extenuación: que lo publiqué lo mejor que pude y supe en ese momento. Lo que ocurre, es que con el tiempo, me empeñé en mejorar y en aprender mejor este oficio que me apasiona como nada en el mundo. Ahora sé maquetar mejor un libro y, sobre todo, he aprendido un montón sobre desarrollar tramas y estructurar un libro. Antes, en estos campos, me guiaba por la intuición de lo que pensara en cada momento.

En un principio, me enfrenté a la nueva edición de “20 Polvos” pensando sólo en mejorar la edición del diseño del libro y sumar un capítulo humorístico, nuevo, a la segunda parte. Pero siempre que me pongo a escribir de Sigmundo, me desbordo y me meto en una espiral de trabajo que triplica mis expectativas iniciales, pues Sigmundo está lleno de vida. Además, ahora tengo más claro e sentido de esta saga.

“20 Polvos” tiene ahora mismo 50 páginas más que cuando salió (y sigue subiendo porque quiero extender y mejorar el final, la mayor crítica que recibió el libro). No he puesto ni un capítulo de relleno. Sólo capítulos necesarios de hechos que me dio vergüenza relatar en su momento o que no supe desarrollar como escritor en 2011. Le he añadido humor, realismo y psicología con capítulos cortos de 4 ó 5 páginas. Ahora todo tiene un porqué, la evolución de Sigmundo se ve más comprensible. Espero poder terminarlo de una vez esta semana que empieza y mandarlo a imprenta el próximo lunes 28. Un mes más tarde de lo que prometí (perdón), pero valdrá la pena.

Mejorar un libro que ya escribiste y publicaste en su momento es como poder volver al pasado a arreglar un momento de tu vida a mejorar una acción pasada y que, ese hecho mejorado, convierta a tu presente mejor. La locura.

“20 Polvos” es mi libro más vendido y se merecía una nueva puesta a punto. Ahora comprendo mejor el libro. La primera parte trata de la desilusión de Sigmundo hacia la Virgen María (así llama a su novia de toda la vida), los fantasmas que le persiguen de la discoteca y las razones que le hacen regresar a la locura, esta vez sin remordimientos. La segunda parte es una venganza contra la Virgen María, la mujer y contra los valores establecidos de esta sociedad. El final del libro, los últimos capítulos, tendrían que haber sido una pelea en el “ring” contra su novia. La chica de la foto que encabeza este post, no es “La Virgen María”, es una nueva foto que ilustra uno de los nuevos relatos de “20 Polvos”, de mi época en la disco, cuando trabajaba de barman.

2.-ECONOMÍA Y CONFIANZA.

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Gracias a un montón de donaciones de mis lectores, y a un nuevo mecenas, caído del cielo, llamado Joaquin y a otro llamado @Barmakids el tema de la reimpresión de los libros está en marcha. A día de hoy tengo 1.000 euros en el banco, en total, para reimprimir mis 5 libros y enfrentarme a los gastos de mayo (alquiler y supermercado).

El proceso empezará con la nueva versión de “20 Polvos” y “Un bebé”. Proseguirá con la publicación de la precuela de los “Diarios secretos”, “El peor amigo del mundo” y terminará con la reimpresión de “Diarios”, “El comedor de coños”, “Los alucinantes viajes…” y “El huelebragas” en verano. Me gustaría mandar todo a imprimir de golpe pero no me da, así que he desarrollado una estrategia que estoy seguro funcionará, con paciencia. La revista, no tengo otro remedio que dejarla para navidades. Ya la tenía al 98%.

Si queréis mis libros estad atentos, tampoco puedo hacer muchas copias de cada título. Me ha jodido muchísimo a mi economía este parón de quedarme sin ejemplares, pero así es la vida. He tenido que replantearlo todo para poder seguir viviendo bajo un techo. Por suerte Joaquin me ha prestado 450 euros (a devolver en 2015) y @Barmakids me ha dado 100 euros a cambio de que escriba 10 posts sobre temas que le apetece leer y que saldrán publicados en este blog. Esta semana os hablaré más de este nuevo y misterioso mecenas (juro que no sé quién es) que desea vuestra colaboración en la elección de temas a tratar.

Además esta Semana Santa, me habéis escrito como nunca, he recibido un montón de emails llenos de admiración y cariño verdadero de decenas de lectores. Joder, me estáis animando y ayudando a que se me forme una confianza de acero. Me estáis haciendo sentir como un puto genio pero tranquilos, que no me lo voy a creer, porque tengo mi humilde día a día para no dejarme creer nada que no sea la realidad. Gracias: ni punto de comparación escribir asustado por las deudas y las inseguridades de “artista”, que tranquilo y lleno de confianza en que voy por buen camino, que tengo una oportunidad para darle la vuelta a la tortilla, que no me equivoqué en enfocar mi vida en la escritura, que valgo para esto. GRACIAS. Fijaos en la foto que me ha mandado Inma desde Nueva York. Marchó de viaje de luna de miel con mi último libro publicado. ¡GRACIAS, INMA! ¡La foto perfecta para ese libro!

3.- DISFRUTÉ DEL BUEN TIEMPO.

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Inesperadamente esta Semana Santa he sacado tiempo para pasar horas de día, fuera de casa. Mi amigo Manolo ha arreglado su barca, una gran barca de madera, de pescador, y me la ha dejado para que se la cuide. El problema que tiene la barca es que le entra agua: cada día hay que ir con un cubo a sacar agua durante casi 15 minutos, para que no se acumule agua y se hunda. Tras sacar el agua, salgo a pasear en la barca, río arriba. Estoy aprendiendo a remar bien (no consigo ir rápido y en línea recta casi nunca). Es una gozada para el cuerpo y para los sentidos. En verano, supongo, ya podré salir al mar a pescar.

Este verano, si consigo controlar la barca, promete ser espectacular.

La barca se ha unido a mi obligación diaria con el gallinero, lo cual sigue siendo una gozada para mí. Cada mañana recolecto en un cesto, hojas de verduras y caracoles para las gallinas. Los vecinos me dan todo el pan que les sobra. Y, aparte de eso, las gallinas y los pollos tienen todo el día maíz molido a su disposición, en el comedero. El gallinero y la barca me impide estar en casa metido las 24 horas, como hice desde que empece con esto de la editorial. Es una delicia, el cielo, tener obligaciones con los animales o la barca que no pueda dejar para otro día. Antes, sólo mi perra Anais me obligaba a salir de casa: 20 minutos por la mañana, 20 minutos por la tarde. Y mi mujer, al supermercado para que cargara con las bolsas y me desesperara con la factura!

La nota negativa del gallinero es que tengo un gallo malo. La cresta la tiene algo floja y morada, no rojo intenso y firme como los otros gallos. Le cuido cada día, le he llevado al veterinario y hasta le he tratado con sanación de manos (transmitiéndole mi energía, quizá tengo energía curativa, yo qué sé, estoy desesperado). Está pachucho y no sé si saldrá de esta. Todos los vecinos de la aldea me dicen lo mismo:

—Eso se cura con el “hacho” (cortándole la cabeza). Cuando uno es ganadero, uno sabe que siempre se tienen perdidas, que algunos animales enferman. No sale rentable tratarlos o llevarlos al veterinario. Eso no lo hace nadie. Si no lo quieres matar, suéltalo por el bosque para que una rapaz se lo coma.

Pero yo soy nuevo y no quiero que se me muera un animal.

Ayer pensé qué hacer para que la muerte del gallo sea más agradable (en caso de que muera). Estuve poniéndole música, llevé al gallinero una radio con mp3 y estuve escuchando con el gallo y las gallinas a Mozart y a Michael Jackson. Flipante cómo escuchaban. Acaricio mucho al pollo, y le hablo con cariño, tratando de animarle.
Hoy pienso ir a leerle poesía, Walt Whitman es el elegido.

4.- HE VISTO UN PELICULÓN QUE ME HA HECHO PENSAR.

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Hoy, por fin he visto “La pasión de Cristo” de Mel Gibson. INCREÍBLE. POESÍA PURA. MARAVILLOSA. No la había visto antes porque estaba muy cansado de la historia de Jesús y la película tenía fama de ser demasiado sangrienta (antes me molaban las pelis sangrientas, ahora bastante poco). En manos de Gibson, he disfrutado y me he conmovido como hacía años. Menuda mierda que lo tengan en la lista negra y no esté dirigiendo una peli al año. Todas sus pelis como director me han dejado con la boca abierta. Me encantó la representación de Satanás (en la foto). La peli está llena de detalles. Y me ayudó a entender una cosa en la que yo fallaba en mi vida. Me refiero a cuando Jesús dice algo así como “Antes de que hayas sufrido tú, he sufrido yo”. Por fin entiendo que el sufrimiento es parte natural de esta vida. A todos nos toca sufrir con algo en la vida. No soy tan especial para no sufrir nunca. He sido un egoísta y un subnormal cuando me ha pasado una putada en la vida y me pregunto:

— “¿Por qué a mí? ¡No lo merezco!”

Igual que tengo momentos buenos y llenos de felicidad en la vida, los malos momentos también llegan. Son parte de la naturaleza, como la lluvia o una tormenta. Pretender lo contrario es como querer vivir en una perpetua temperatura de 25 grados. No me tengo que tomar el sufrimiento como un asunto personal.

Increíble Gibson, increíble Jesús. APLAUSOS, APLAUSOS.

No soy cristiano practicante ni religioso ferviente. Pero creo en Dios. No en el Dios de la Biblia, claro. La Biblia y sobre todo la historia de Jesús me parece una gran obra literaria llena de conocimientos y enseñanzas super válidas.

Las musas de Gabriel García Márquez

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Gabriel García Márquez murió. Y sus dos musas (unos insectos mágicos, cruce entre mariposas y hadas que andan revoloteando alrededor de su cabeza, sin ser escuchadas por el escritor desde hace años) se sintieron liberadas por la pérdida, al mismo tiempo que apenadas.

Este viejo era el más grande, el que mejor entendía nuestras ideas —dijo una de sus musas— pero ya llevaba muchos años inactivo, debido a su vejez y enfermedad.

Tendríamos que haberle abandonado hace tiempo —señaló la otra musa, revoloteando sin saber dónde posarse.

Sabes que no lo hicimos porque siempre tuvimos la esperanza de que tuviera unos meses de lucidez y decidiera volver a escribir. Se nos había ocurrido esa GRAN IDEA. Queríamos, soñábamos, con que él la trabajara y la convirtiera en libro. Esta GRAN IDEA es mucho mejor que la que le dimos para que escribiera “100 años de soledad” y lo sabes.

¿Y ahora? ¿Qué hacemos con la GRAN IDEA?

Hemos de ir a buscar un nuevo escritor al que prestar nuestros servicios.

¿Vamos a casa de Vargas Llosa?

¿Qué dices? ¡Eso sería traición! ¡A ese viejo tostón ni agua!

—Debimos ir a casa de Roberto Bolaño cuando aún estaba con vida.

—De nada vale lamentarse ahora. No seas estúpida, mujer. Además estaba super liado con “2666″

Los que somos escritores de verdad, sabemos que, cuando un escritor muere, sus musas buscan a un nuevo escritor al que entregarse. Entonces los escritores de éxito, con dinero, ponen anuncios en la sección de anuncios por palabras de la prensa. Anuncios que parecen de “contactos” para que las musas los lean. Anuncios escritos en clave:

MACHO CON POLLA SUPER LARGA (esto significa que es un escritor con éxito económico y respaldado por la crítica) BUSCA PUTITAS PARA SUS ORGASMOS (“orgasmos” significa “libros”, “putitas”, “musas”, por supuesto.)

Las musas desesperadas leen estos anuncios y visitan en secreto a estos autores: ven como viven y, antes de entregarse, estudian el potencial del escritor y ven lo que comen. Leyendo estos anuncios fue como visitaron la casa de Dan Brown:

¡Puag! –dijo una– Yo no me quedo aquí. Seguro que nuestra GRAN IDEA la convertiría en una intriga contra el Vaticano.

¡Pero mira qué bien come! ¿Y cómo vive! ¡Vivirá casi 100 años! ¡Estaremos tranquilas y creando sin parar! ¡Tiene un contrato que le obliga a sacar un libro por año! Creo que tras tanto tiempo viviendo al lado de un viejo y absorbiendo nada más que medicamentos en lugar de trabajo y buena comida, nos merecemos un poco de buena vida.

—¿Qué quieres? ¿Pertenecer a un escritor mediocre o encontrar una nueva leyenda que pueda hacerse cargo de nuestra gran idea?

Las musas llegaron volando hasta Cueva, mi casa en Asturias. Entraron por la ventana justo cuando estaba masturbándome.

¿Este tío? —dijo una de las musas— ¿En serio? ¡Es un guarro!

—Espera. Vamos a ver qué escribe.

Leyeron mis libros.

—Tiene un potencial enorme. Estos libros son la hostia. Con nuestra idea, será Premio Nobel, seguro.

—Si consiguiera masturbarse menos… se masturba demasiado y se cansa mucho.

—¿Te fijaste? Gabriel García Márquez tenía una verruga al lado del bigote. Este la tiene al lado de la nariz. Ya sabes que significa eso…

—¡Cuánto más cerca esté la verruga de la nariz mayor es el genio del escritor! ¡Hemos dado con un genio! ¡Este sí que tiene la verruga en toda la nariz!

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¿Le damos LA IDEA? ¿Probamos?

Espera.. ¿Qué tal come?

Las musas absorben la comida que comen los escritores. Sin embargo, cuanto mejor comen los escritores, peor escriben las musas. Eyaculé justo en ese momento y me fui a la nevera. Mi esposa me había dejado preparado un rollo con queso azul, bechamel, espinacas y nueces.

—Bueno. La comida me parece muy bien. Eso tiene una pinta estupenda.

—¿Le damos la idea?

—Creo que sí.

—Míralo, ahí poniéndose las botas con el bechamel. No sabe que está a punto de recibir una idea que le va a dar el premio Nobel.

—¿Vas tú o voy yo a soplársela a la oreja?

—Voy yo.

La musa voló hasta mi oído. Se posó en mi lóbulo, sin que yo me diera cuenta y se dispuso a darme la idea que me procuraría el premio Nobel. Pero justo cuando iba a articular la primera palabra, aparecieron mis musas, las de todos los días. Mis musas no son hadas-mariposas. Son travestis cruce con moscas verdes con dientes de ratas. A la primer musa de Gabriel García Márquez le arrancaron la cabeza de un sólo mordisco. La segunda musa, trató de ocultarse, pero la agarraron, la violaron, la mataron y luego la volvieron a violar entre risas. Y lo grabaron en video.

Terminé de comer ajeno a todo esto. Me senté frente el ordenador.

¿Qué escribo? –pensé.

—”SIGMUNDO” –dijo una de mis musas travestis-moscas-verdes.

¿Sigmundo? ¿Otra vez? —pensé.

—Sí… somos super fans de Sigmundo. Tenemos una nueva historia. Pero primero hazte otra paja… nos gusta ver como te tocas…

Comencé a hacerme una paja a la vez que, con la otra mano, comencé a escribir un nuevo libro de Sigmundo.

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Nota.- Quiero dedicar este relato de mierda a Toni Pérez R. ¡GRACIAS POR TU EMAIL DE HOY! y por supuesto al gran Gabriel García Márquez, el escritor que me hizo soñar con convertirme en escritor.

Juanjo se leyó los “Diarios secretos de sexo y libertad” en el avión, rumbo a Cuba.

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“Hoy terminé de leer los diarios secretos de Sigmundo; un libro de casi 700 páginas que se me pasó volando. También es el primer libro del autor que no leo en papel.

Debo confesar algo. Tenía miedo de leerlo. Por el título, pensaba que iba a ser terriblemente oscuro, obscenamente explícito y redundante hasta el hartazgo. Me equivoqué. Es menos terrible que los libros que continúan la saga. Más allá de los pasajes que pueden espantar a un Ned Flanders como yo (si no está prevenido), el libro contiene mucha literatura. Más, me atrevo a decir, los libros que antecede (que también continúan el formato de diario secreto). Es más… ¡los diarios secretos son un manual de escritura!

A lo largo de sus páginas, el relator (además de sus historias entre bragas) va contando sus penurias y su lucha por convertirse en escritor. Se cae y se levanta mil veces. Y en sus intentos, se ve el surgir de un estilo, de una voz propia. Tan atractivo y adictivo que tienta ser imitado”.

¡Gracias, una vez más, Juanjo Conti!

Tengo pesadillas con asesinar a estos pollos.

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Hoy vinieron unos amigos maravillosos a pasar unos días en esta aldea en la que vivimos.

Nos sentamos en un bar a tomar cerveza y me di cuenta que la última vez que hice eso, sentarme en un bar a charlar bebiendo alcohol, había sido hace más de un año.

¿Pagar por sentarse a beber hasta que la cabeza se te empieza a nublar y empiezas a decir incoherencias y cosas que no te atreves a decir estando sobrio? Es algo que ya no entiendo. Ya no me hace falta eso. Eso está bien y es necesario cuando tienes 20 años y tienes que hacer el loco todo lo que puedas. ¿Pero de mayor? ¡Ya tengo 40 años! ¡Ahora tengo cosas que hacer! ¡Ahora sólo bebo agua y trabajo en lo que me gusta! En este momento de mi vida no le encuentro sentido a sentarme a beber alcohol.

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La gente, en las ciudades, bebe porque no pueden pasear por los prados, a la vez que charlan con los amigos, o por los bosques verdes y salvajes, bañarse en el río o en la playa. Así que beben para olvidarse en la mierda de lugar en la que están y para olvidar sus trabajos de mierda en los que les dan por culo. Sentados, cercados como animales de granja. Con lo bonito que es charlar paseando, y si te apetece, tomar de la mano a la chica con la que estás hablando y hacerle el amor entre los árboles, mientras las ardillas te miran y se hacen pajas y las abejas se ponen cachondas y polinizan las flores y la chica grita: “¡Socorro, socorro!”.

Antes de Asturias, yo era un borracho pasivo, es decir, me pasaba el día esperando una oportunidad para meterme dentro del gaznate un vino blanco o una cerveza. Podía estar semanas sin beber, pero dentro de mi cabeza no paraba de pensar en que momento podría volver a beber. Bebía mucho cuando estaba soltero, con las chicas que se me ofrecían, para justo eso: que se nos nublara la razón, la chica me diera un poco menos de asco y folláramos.

Ahora todo lo que hago en mi vida es muy lógico y va en la misma dirección: escribir el mejor libro que pueda en cada momento, mejorar mi penosa situación financiera e incrementar mi salud. He cambiado las cosas que hacía “sin pensar” en la ciudad, por cosas que elijo, tras mucho pensar, en el campo. Ya no gastamos dinero en alcohol. Al principio le dimos a la sidra, pero la desechamos enseguida. En el bar pagué los 4 euros que me cobraron por las dos cervezas que tomé con mi esposa y amigos y me sentí mal: despilfarrando y boicoteando mi vida. ¡4 euros! ¡Con eso podemos comprar un kilo de avellanas tostadas!

La idea de montar un gallinero no se me ocurrió sólo por querer comer unos huevos riquísimos, con sabor, no como esa mierda de yema casi blanca que nos condenan a comprar en el supermercado de las ciudades. Lo hice por el amor que siento por los animales. No se si habéis visto esos videos que circulan por la red de las granjas donde viven los pollos. Cómo viven, en cajones sin espacio: sin pico para que no se lesionen. Las gallinas viven en unas jaulas donde siempre hay luz para que se crean que es de día siempre y no paren de poner huevos. El maíz que comen está tratado para que les provoque poner más huevos. No les dan ni una muerte ni una vida digna. Decidí que, ya que podía, sólo iba a comer carne de animales criados dignamente, y para asegurarme, yo mismo los cuidaría.

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Cada mañana, nada más levantarme y desayunar, paseo a mi perra Anais. Mientras ella corre yo me pongo un mono azul de trabajo y unos guantes. Lleno un saco de la planta del nabo, hierba, tréboles, etc y capturo todos los caracoles que puedo de un muro. Voy rumbo al gallinero. Algunas veces les llevo las sobras de la cena o arroz integral si me habéis comprado muchos libros. Antes, cuando las cosas iban bien, me compraba una tableta de chocolate con dulce de leche. Ahora prefiero comprar arroz integral, porque les encanta y me hace feliz vérselo comer. Les cambio el agua, la paja y limpio un poco. No es un trabajo que me disguste, es algo que estoy deseando hacer cada día, desde que me levanto. Tengo 5 pollos y 5 gallinas. 5 pollas no, el récord está en dos que yo sepa. A todas las compré cuando eran muy, muy jóvenes (valen menos de 3 euros). Ninguna tiene miedo del hombre. No saben lo que es el dolor ni el terror. Todas se dejan acariciar y se me suben a las rodillas. Las gallinas son como los animales domésticos, la única razón por la que no las tengo en casa es porque se cagan todo el rato. Son muy simpáticas y puedo pasar horas mirándolas. Muchas veces subo con el kindle al gallinero y me pongo a leer. Si es un libro de Paulo Coelho lo que estoy leyendo lo leo en voz alta para que las gallinas reflexionen sobre el espíritu. Me persiguen por el gallinero para que les dé los caracoles. Hacen unos ruidos parecidos a los gremlins cuando son mogwais. Se les toma cariño muy pronto.

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Al principio me jodía mucho que se pelearan entre ellas y ellos. No lo entendía ¡Hay espacio, agua, comida todo el rato para todos! El comedero está, hasta arriba de maíz natural molido y sin moler. Les llevo en el saco más verdura de la que pueden comer en un día. Yo soñaba con un gallinero en paz. Pero por lo visto, las gallinas y los gallos sufren el mismo comportamiento sin sentido que los humanos. Todo el rato están reivindicando sus territorios y presencia:

¡Yo estaba aquí antes y esto es mío! —parecen decir a las gallinas nuevas (las negras).

Hay segregación racial. El gallo marrón se folla a las gallinas marrones. Los blancos, a las que quedan: las negras.

Las gallinas negras son de raza castellana, son las gallinas típicas de este país y se supone que son las que más huevos ponen. Los ponen de color blanco.

En el gallinero no manda el gallo, manda una gallina que es la más vieja y la que más mala leche tiene (como en Argentina). Es la más fuerte y cuando se enfrenta a los gallos les arrancha las plumas con el pico y ellos salen espantados. Igual que EE.UU.

Supongo que Dios, si existe, nos ve así desde arriba: como estúpidas gallinas que se pelean todo el rato sin razón cuando en la tierra tenemos todo lo que necesitamos para vivir en paz y felices.

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Han pasado 4 meses desde que tengo el gallinero y los pollitos blancos ya han crecido. Pesan unos 7 kilos. Es el momento de que sean sacrificados. Me he puesto como fecha para sacrificarlos el día 15 de mayo. El día 14 por la noche tomaré el hacha y por la mañana comerán por última vez. Les cortaré el cuello de un sólo golpe. La cabeza saldrá volando por un lado. Escribo esto temblando, al borde de la lágrima, con un mal rollo que te cagas. Pero no puedo ser un hipócrita. Soy carnívoro. Llevo toda mi vida comiendo, sin remordimientos, carne de animales que han sufrido. Que han sido inflados a la fuerza, con anabolizantes y mierdas varias. Estos han tenido una vida digna, no les ha faltado de nada: han comido sano y han follado. No creo que eso de que ser vegetariano sea lo sano. Creo que la carne es necesaria, yo me siento más fuerte, con más energía cuando la como. He intentado ser vegetariano y me pasaba el día apagado, sin fuerzas. Además, creo en la cadena alimenticia. No podemos considerarnos malas personas por pescar o comer una hamburguesa, ¿no? Las gallinas o los pollos no son malas por comer caracoles, ¿no?. Los animales se comen los unos a los otros.

¿Me dará mal karma matar a los pollos?

No sé si me atreveré a matarlos. El día 15 de mayo os cuento. Lo que sí que tengo claro es que, si no me atrevo a matarlos, me haré vegetariano y viviré desganado lo que me quede de existencia. Si me atrevo a matarlos, haré un estanque y añadiré patos.

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El día que Svieta me salvó la vida.

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Las cosas iban MUY bien. Acabada de sacar “Un bebé”, mi tercer libro, y se estaba vendiendo muchísimo. Santiago Segura, generosamente, se había hecho cargo de la factura de la imprenta. Para colmo siete mecenas de mis libros se confabularon para que pudiera tener mis primeras vacaciones en la playa con Svieta. Los planetas se habían alineado. Todo iba maravillosamente bien.

¿A dónde vamos, Svieta? —pregunté.

Quiero conocer la isla en la que naciste —contestó.

¡Genial!

Busqué dónde quedarnos. Un lector tenía unos apartamentos allí y nos hacía un precio especial. Podríamos permitirnos dos semanas de vacaciones. ¡Dos semanas de vacaciones!

¡Oh, Dios mío! ¡Unas vacaciones al fin!

No me lo podía creer. Llevaba 5 años sin vacaciones. A veces, había estado a punto de vivir en la calle, solo. A veces había estado seguro de que iba a convertirme en un borracho más de esos que duermen en los cajeros automáticos por las noches. Y ahora, con la llegada de Svieta a mi vida, las ventas de “Un bebé” y el apoyo de mis mecenas, habían salido unos rayos de sol en mi vida e iba aprovecharlos antes de que todo se volviera a joder otra vez.

Llegamos a la soleada Gran Canaria a mediados de julio. “El argentino”, uno de los protagonistas de mi libro “Diarios secretos de sexo y libertad” nos hizo el gran favor de irnos a recoger al aeropuerto.

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¿Quién nos había visto y quién nos ve ahora? Él había adelgazado, yo engordado. Desde que había empezado a escribir, día y noche encadenado al teclado, yo había engordado casi 10 kilos. Había dicho adiós el deporte, a las nocturnas caminatas sin rumbo por las calles de Madrid con mi perra Anais y había dicho hola a la nevera, a la ansiedad por vaciarla y a la lucha por rellenar las páginas en blanco con las mejores palabras que me siguieran permitiendo escapar de la pobreza.

¡Qué orgullo que regreses a la isla convertido en un escritor! —me dijo “el argentino”— Recuerdo cuando vivías aquí y decías, con la boca chica y mirando al suelo, muerto de vergüenza, que soñabas en convertirte en escritor.

La primera parada fue la playa. Pisamos la arena de la playa. Svieta y yo nos habíamos subido al avión con el bañador puesto debajo de nuestras ropas. Me moría de ganas de zambullirme en el Atlántico. Mi océano. No supe cuánto echaba de menos la isla en la que había nacido hasta que la pisé. Me moría de ganas por volver a comer papas “arrugás” con mojo, beber leche Millac fría y Cliper de fresa, comerme un bocadillo de chorizo de Teror y un bocadillo de tortilla en la Garriga… pero sobre todo quería nadar en las cálidas aguas del océano de los Atlantes.

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¡SOY UN ATLANTE! —grité mientras me quitaba la ropa en la playa— ¡SOY UN ATLANTE! ¡YO NACÍ AQUÍ! ¡VAMOS, AMOR A LA PLAYA! ¡A BAÑARNOS!

Pero Svieta se había detenido frente a una de los chiringuitos en los que se vendían estupideces para los turistas.

Quiero comprar eso —dijo Svieta señalando un ridículo y gigante flotador amarillo fluorescente.

¿Eso? ¡JA, JA, JA! ¿Por qué quieres comprar esa estupidez? —le pregunté— ¿Cómo se te ocurre que nos vamos a gastar parte del dinero que nos han dado los lectores en una chorrada como esa?

—Sabes que tengo miedo al agua. Desde pequeñita. Me tiraron al mar y no lo he podido superado aún.

—¿Y para eso querías venir a la playa? ¿Para hacer el ridículo cargando un flotador gigante? ¡Nos hubiéramos ido a Holanda a fumar marihuana!

—No seas imbécil. Deja de reírte de mí.

—Te vas a ver ridícula con ese flotador. ¡Sé una mujer de verdad y pasa del miedo! ¡No eres una subhumana! ¡Estás casada con un superhombre!. Estate a la altura y vence todos tus miedos de una vez.

—Voy a comprarlo.

¡Niñata, miedica, ay qué te pones a llorar si no lo compras! ¡BUAAA, BUAAA! ¡YO SOY UN ATLANTE! ¡YO ME VOY AL AGUA! —grité— ¡NO PIENSO PASAR MIS PRIMEROS MINUTOS DENTRO DE UN CHIRINGUITO PARA SUBHUMANOS! ¡A MÍ NO ME HACE FALTA DINERO PARA DISFRUTAR! ¡TODO ES DINERO SIEMPRE! ¡TODO! ¡NO NOS PODEMOS METER EN EL MAR SIN GASTAR ALGO DE DINERO! ¡DIOS, QUÉ DIFÍCIL ES ESTAR CASADO CON UNA TÍA TAN CONSUMISTA!

Me fui corriendo hasta el océano y me zambullí. El argentino vino conmigo. El argentino nadaba como un delfín, se metía dentro del agua, luego nadaba y se impulsaba hacia arriba y se volvía a sumergir. Nadó sin problemas hasta mar adentro, hasta la zona limitada por las boyas, y regresó en un plis plas. Hablamos un rato, en el agua, de cómo nos había tratado la vida y se disculpó:

—Tengo que irme, Rafa. Entro a trabajar.

—Adiós.

Se fue y yo me quedé nadando solo, mirando a Svieta con vergüenza. Ella ya había terminado de inflar el flotador gigante y se encontraba en la orilla, como una niña chica, con miedo a meterse mar a dentro, desde donde yo la miraba. La rodeaban niños y niñas de 10 años. Svieta, ajenos a ellos, estaba en la gloria.

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Voy a darle una lección a Svieta. Voy a ir hasta la zona de las boyas y regresar. Así verá qué no pasa nada, que puede nadar tranquila junto a un atlante como yo. Verá que se ha casado con un hombre fuerte que siempre la protegerá.

La zona de las boyas estaba a un kilómetro.

Comencé a nadar hasta las boyas y todo iba bien. Hasta que, de pronto, comencé a cansarme, mucho. ¡Demasiado! Recordé lo gordo y fofo que estaba. Estaba en muy baja forma.

Si el argentino llegó a las boyas y regresó sin esfuerzo yo también puedo —me dije—. Siempre he sido más fuerte que él.

Las alarmas, el terror, comenzó a apoderarse de mí: de pronto todos los bañistas que me rodeaban desaparecieron. Todos menos uno: un padre que nadaba junto a su hija de 10 años. La ayudaba a avanzar asegurando su nado con las manos. Mis brazos fallaban. Comenzaban a pesarme toneladas.

Tranquilo, Rafa —me dije—. Simplemente manténte, flota. Recupérate y, cuando hayas descansado, nada hasta la orilla y aquí no ha pasado nada.

Pero no podía ni flotar. Empecé a hundirme. Me ahogaba. No podía ni flotar. El miedo me paralizaba. Comenzó a llenarse mi boca de agua.

¡SOCORRO! —grité como un niña, comiéndome mi orgullo, con lágrimas en los ojos— ¡SOCORRO! ¡POR DIOS! ¡ME AHOGO!

El padre con la niña me miró. Me anunció, con la mirada, una mala noticia: no iba a salvarme: estaba cuidando de su hija y ayudarme a mí, pondría en peligro la vida de su hija y la propia. El padre comenzó a nadar alejándose de mí. Dando la espalda a mi tragedia. Protegería a su hija de ver a un hombre ahogarse. Era mi fin.

¡SOCORRO! —volví a gritar soñando con que me escuchara un socorrista. Pero los socorristas estaban en sus puestos, muy lejos, mirando a otro lado: seguramente a alguna turista en tetas.

Y entonces vi a Svieta. Con su ridículo flotador gigante avanzaba hacia mí, mar a dentro. Vi a Svieta venciendo al miedo de su infancia y avanzando a toda velocidad hacía donde yo estaba. Para salvarme la vida. Llegó hasta a mi lado, me apoyé en el ridículo flotador fluorescente que no quería comprar, y nadamos con él hasta la orilla.

Pasé las dos semanas que duraron las vacaciones nadando en la orilla del mar, dentro del flotador fluorescente, rodeado de niños y niñas de 10 años. Y diciendo “sí, mi amor” a todo lo que me dijera Svieta.

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Dani (Holanda) critica “El comedor de coños”.

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“Lo dejé en la nevera, frío, para que no caducara, para que no se pusiera malo y oliera a mal. Él decía “hoy Dani, hoy me vas a leer?” – “callá!! hoy no tengo tiempo” le respondía yo.

Así era, la vida pseudosubhumana que llevo (a veces lo soy a veces no) ne me daba tiempo de empezar a leerlo. Sabia que estaría bueno, olía bien y el nombre de la etiqueta me decía que me gustaría su sabor……sabor a pescado quizá.

Hace casi un año que lo compre, me lo enviaron directamente de Asturias, gracias a Dios de vez en cuando llegan paquetes a Holanda.

Es cierto que las otras veces que compre al mismo vendedor (un tio raro que conocí en la plaza de Cuzco enamorado de los Donuts) me gustó su producto, pero no lo voy a negar, las otras veces me quedé con un sabor agridulce en la boca. Sabían muy bien pero luego cuando estaba a punto de acabarse todo pasaba muy rápido, tanto que aveces no distinguí sabores y se me hizo raro. Pero un día hace menos de una semana abrí la nevera y no había nada, sólo el “Comedor de coños” así que le dije “te voy probar, pero solo cinco minutos,espero que aun estés bueno y hayas mejorado con el tiempo, si no es así, te dejaré para que te pudras”…….. ahora solo puedo dar mis mejores felicitaciones al fabricante!!!!

El primer día comi dos horas seguidas. “te gusto!!! sigue sigue!!!” me decía el libro, y yo me sentía un gordo, un obseso de esta comida por lo que seguí y seguí…..
de repente sacaba tiempo de todas partes, en el tram, camino al trabajo, en casa al descansar un poco, hasta que un día me encontré medianamente cerca de terminarlo, mi novia me esperaba para follar pero me quede en el sofá, dándome mi último empacho, casi hasta reventar!!……y entonces……entonces me entraron nauseas, creí que todo terminaría igual, con un sabor agridulce y no correctamente terminado….. pero ahí llego lo mejor, la guinda, un final enorme, lleno de emoción, un giro de 180º de un libro cargado de decisiones locas. Un final memorable, sacado del corazón. Felicidades Rafa, Felicidades Svieta!

Querido Rafa, me he emocionado en muchas partes, me reí yo solo en otras (la parte de los negros con poderes telepáticos en las salidas del supermercado….lo releí tres veces por lo menos), en otras…..joder quería matarte, has conseguido que a veces sintiera angustia absoluta al ver las decisiones de Sig (como el que ve una película de miedo y grita al actor de televisión que no abra la puerta y ZAS él va, y lo hace), pero al final has despertado sentimientos.

El encanto de tus libros es la crudeza de los hechos, la sensación de no leer un libro, de leer tu cabeza, de que no edulcoras, es maravilloso estar en la mente sucia alguien y que este te permita ver a través de sus ojos.

No te mereces ser rico, aun no, porque ser rico nubla la vista, te mereces tener paz, como la que deseo que tengas en este momento en tu casa junto a tus dos amores. Te mereces pagar tus facturas y gente que te apoye, y nosotros merecemos poder seguir leyéndote, poder seguir siendo el gran hermano de tu cabeza a través de tus palabras.

Espero con ansia el prostituto de extraterrestres y ahora los alucinantes viajes en tiempo….. Y el huelebragas!!!! quiero un libro de ese maligno personaje!!!!.

un fuerte abrazo amigo

Dani

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Nota.- ¡Me emocionaste, Dani! ¡Gracias por la fuerza!

Juanjo (Argentina) se lleva a Cuba y critica: “Los alucinantes viajes en el tiempo de los EE.UU”

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“En el número 14 de la revista Orsai, leí un cuento buenísimo. Se titulaba “La gran estafa” y el título fue lo único que no me gustó (muy quemado, pensé). La historia era brillante y luego de leerla de un tirón, busqué al autor.

No recordaba haber leído nada suyo, aunque sí lo había hecho; en el número 1 de la misma revista.

Rafael Fernández es un escritor español que tiene su hogar en una playa recóndita y vive de la venta de sus libros en Internet.

Cuando le escribí para felicitarlo por el relato, me pidió que le mande fotografías de las páginas en la revista, ya que no la había recibido aún.

El cuento en cuestión, más un capítulo nuevo, forman la primera parte del libro. No quiero adelantar nada de la trama, pero basta decir que será una delicia para los fans de Elvis, The Beatles o Mickel Jackson. Hay un detalle que, cuando lo leí por primera vez, me pareció genial. En el libro en papel pasa en la página 50. En ese momento el lector (al menos es lo que me pasó a mi) ata dos cabos y tiene una epifanía.

La segunda parte la leí en los avances de una revista que el autor va a publicar en algún momento. Al igual que me pasó con la primera, no pude hacer nada más hasta que terminé de leerla. Es una película de acción y viajes en el tiempo hecha de palabras que cuando tocan tu cerebro se convierten en imágenes y sonidos. Lo único que no me gustó fue el destino de mi personaje preferido.

Conclusión: un autor valiente reescribe la historia de los Estados Unidos como una ficción de viajes en el tiempo y te entretiene desde el principio hasta el final.

Advertencia: su lectura requiere una mente abierta, pero mucho menos que el resto de su escandalizadora obra.

El libro está agotado en papel, pero pueden comprarlo para Kindle“.

Nota.- Muchas gracias Juanjo Conti por la crítica y por llevar mi libro a Cuba!

¿Quién soy?

He actualizado la página de “¿Quién escribe este blog?” de esta web. Lo cuelgo por aquí también para actualizar esto un poco…¡Actualmente estoy trabajando para que lo mejor esté por llegar!

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¡Hola! Mi nombre es Rafael Fernández, nací en la isla de San Borondón (Islas Canarias, España) el 15 de febrero de 1974. Quedé huérfano de padre y madre a los 10 años.

Mi pasión por escribir me ha llevado por un camino extraño, en el que avanzo a oscuras y tropezando sin parar. Te lo resumo a continuación:

En 1996 gané el premio regional de relato “Pedro García Cabrera” por “Relato Sincero de una pared enamorada”. Abandoné en el año 1999 mis estudios de Filología Hispánica para escribir mi primera novela que titulé “Doña Úrsula no duerme tranquila por las noches”. Nadie me la quiso publicar (normal, era pomposa y espantosa) y, hundido, comencé a trabajar durante casi 3 años en “El Corte Inglés” como dependiente de librería y, más tarde, encargado de la sección de prensa y revistas. En esta foto puede verse la ilusión que tenía cuando me presenté a un concurso con mi primera novela:

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Un buen día, cayeron en mis manos los “Trópicos” de Henry Miller, cambiando mi vida. Deje mi trabajo de subhumano y comencé a trabajar en una discoteca turística. Mis vivencias las recogí en un libro (protagonizado por mi alter ego, Sigmundo) que ganó, en 2005, dos premios: “Mejor blog en español” y “Mejor blog erótico”. El libro se titula “Diarios secretos de sexo y libertad”.

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El premio me animó a abandonar las Islas Canarias para comenzar a vivir en Madrid y tener nuevas aventuras.

Durante 3 años trabajé en el periódico “20 Minutos” en dónde publiqué dos blogs con un grandísimo éxito: “¡Quiero ser eZcritor de éxito!” y “eZcultura”. También escribí y dirigí la primera web serie (800 euros de presupuesto por capítulo) que emitió un periódico digital: “Amor sobrenatural” (más tarde hice esta versión a la que titulé “Antonio Chocho” que colgué en “You Tube” con todo el material).

Gracias al éxito en visitas de “Amor sobrenatural” en 2009 me atreví a dejar el periódico y me lancé a conquistar el mundo audiovisual. Escribí y dirigí dos pilotos para una pequeña productora. El primero, “No ligo” quiso ser comprado por demasiado poco dinero (según me dijo el productor) por el canal “Neox.” El segundo proyecto “Planeta White” no pude terminarlo: la productora me despidió debido a “diferencias creativas”. De ese proyecto sólo puedo enseñaros, con orgullo, esta escena en la que salgo que pude salvar antes de que me echaran.

Hundido, pasé unos años muy malos sobreviviendo, creando videos, canciones, un piloto para TV y escribiendo libros malísimos como negro (“Follar te vuelve loco” y “Mundo de plástico” -una parte de éste último salió traducido al catalán y con otro título-) para María Lapiedra hasta que tuve la gran suerte que Santiago Segura me contrató como “asesor de guión” para “Torrente 4″. El mejor trabajo que he tenido en mi vida.

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También escribí para “Público” (blog, enviado especial al festival de cine de Sitges) y para la gran revista Orsai (2 veces).

En junio de 2011 decidí comenzar a autopublicar mis propios libros sin censura. Cuando el “boom” del premio de “20 Minutos” muchas editoriales se habían acercado a mí con propuestas para publicar los “Diarios Secretos de sexo y libertad” pero con censura. Así que me lancé a la autoedición con un nuevo título: “20 Polvos” que ha vendido más de 1.200 ejemplares desde que lo saqué. Tras ese libro saqué por fin los “Diarios secretos de sexo y libertad” sin censura y escribí: “Un bebé” (novela de terror), “El comedor de coños” (otra aventura de Sigmundo), “Los alucinantes viajes en el tiempo de los EE. UU.” (ciencia ficción) y “El peor amigo del mundo” (infancia y juventud de Sigmundo). Cada año trato de sacar 2 ó 3 libros: sinceros, polémicos, entretenidos y que me hagan pensar y mejorar como persona.

Vivo exclusivamente de las ventas de mis libros y del mecenazgo de mis lectores, que son muy pocos, pero me quieren un montón (y yo a ellos).

Mis libros sólo los puedes comprar en este blog o en la salida del Metro si me ves, de pronto, un día.

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En total, desde junio de 2011, he vendido casi 4.000 ejemplares.

En 2013 abandoné Madrid y, desde entonces, vivo en la costa de Asturias, en una aldea rural y casi deshabitada, junto a mi esposa con la que me casé en 2010.

Desde aquí, y gracias a mis lectores, sigo publicando libros imposibles, sin censura, y cuidando de mis gallinas: en busca de la inmortalidad literaria y del huevo de oro.

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Si quieres contactar conmigo mi email es ezcritor (arroba) gmail.com

También tengo Facebook o Twitter (soy más de Facebook).

Si quieres saber cómo comprarme un libro ahora mismo, desde casa, escribí esta guía: pincha aquí.

Si quieres leer gratis los comienzos de mis libros puedes hacerlo:

¡Suerte y éxitos!

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¿Dónde queda la poesía?

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Manolo me prestó esta “tumbona”, vieja y oxidada, que está de puta madre y que no cambio por ninguna.

Así que, como salió un poco el sol, me acosté ahí un rato a leer un rato el kindle que me regaló Bruno el día de los Reyes Magos.

Me siento como un rey-mendigo. Lo tengo todo y, a la vez, no tengo nada.

Estos días ando terminando un nuevo libro con el que espero ganar el dinero suficiente para poder mandar a reimprimir todos los que tengo agotados. Me falta darle el último toque, estaba en la recta final, pero de pronto me he bloqueado, no logro terminarlo. Llevo casi una semana sin poder escribir y eso es algo que no me puedo permitir. Sufro remordimientos, dolores de cabeza, ansiedad, mal humor, eyaculación precoz, cagalera, etc. Si no saco el libro este mes, todo se me va a ir a la mierda. No tendremos dinero para enfrentarnos al mes siguiente. Mi pequeña familia depende de mis libros, de mi dudoso talento. Cada día que pasa, más nervios pillo y más me paralizo frente al texto. Necesito oxígeno y no lo encuentro.

De todas formas no es la primera vez que me pasa, en el proceso de escritura de todo mis libros publicados me ha ocurrido. La última vez solucioné el problema leyendo: encontré un libro que me gustó mucho “Un año pésimo” de John Fante, un libro de esos que me provocan una admiración inmensa y cargan las pilas y me recuerdan porqué quiero ser escritor. Es más, ese libro originó el que estoy escribiendo ahora.

Así que, con el kindle de Bruno, ando buscando y descargando, de aquí y allá, un libro que me arregle la mente y que me cargue las pilas. Un libro que admirar…Aun no le he encontrado. ¿Me recomiendas alguno en los comentarios? Clásicos no, los he leído TODOS. Busco libros nuevos, contemporáneos.

Me puse a leer poesía, a Walt Whitman, me absorbió ese poeta libre, gigante, maricón, que también tuvo que autoeditarse porque nadie le quería publicar, y de pronto, escuché el tractor de mi vecino: estaba aplastando la planta del nabo para convertirlo en abono para poder plantar luego fabes. Miré y lo vi claro:

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Me levanté, salí corriendo hacia mi vecino:

¡Un corazón! —le gritaba— ¡Haz un corazón!

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El vecino, un rudo señor, de dos metros, paró el tractor preocupado.

¿Qué dices?

Haga la forma de un corazón con el tractor. Y luego vaya a su casa y dígale a su esposa que mire por la ventana ¡Ella llorará de emoción al ver el corazón que le ha hecho!

Su mujer trabaja fuera de casa y pasan días sin verse.

El vecino me miró como si fuera un desequilibrado mental, encendió de nuevo el motor y prosiguió con su trabajo. Quede mirando, esperando realizara el corazón. No lo hizo. Aplastó todo el campo de nabos como tenía previsto. Sin piedad. Sin corazón.

Volví a casa derrotado.

¡La poesía! ¿Dónde está la poesía en la vida real? ¿Por qué sólo Dios se encarga de ella en la vida real y nunca el hombre?

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Nota.-Si te apetece comprar un Kindle como el que yo tengo (te lo recomiendo) cómpralo desde este link, que no te van a cobrar de más pero a mí me dan comisión y así me hago rico.

“Selfies aftersex” ¡Viva el amor!

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Leo que se están poniendo de moda los “selfies aftersex” (los jóvenes cuelgan en el “Instagram” o en su red social favorita una auto foto tras haber tenido sexo con su pareja). Ante esta moda, los subhumanos de siempre se echan las manos a la cabeza. Esos subhumanos aburridos que andan día sí y día también “luchando por su privacidad” en Facebook pero que andan como locos esperando que todo el mundo les de al “me gusta” en su último “estado” o cansina foto que sacan a la cerveza con altramuces que se están bebiendo en un bar de mala muerte.

Celebro la moda de los “selfies aftersex”. Siempre he pensado que cada generación supera a la anterior, que la juventud siempre mejora la sociedad que heredan. La humanidad tiende al paraíso, no hay más que ver de dónde venimos: de la barbarie, de las cavernas, de la Edad Media. Veo en estos “selfies aftersex” un montón de signos de evolución positiva:

1.-Adiós al machismo. Las tías cada vez ocultan menos su vida sexual. Las de mi generación tienen pavor que sus parejas, padres, compañeros de trabajo, sepan con cuantos tíos han follado en sus vidas, cuánto semen han tragado. Tratan de pasar por castas, puras ante los ojos de todo el mundo (menos de sus amigas de juergas, que las encubren) cuando, lo normal, es que hayan tratado de tener todo el sexo que han podido: ya que el sexo, ¿quizá lo has olvidado?, es sobre todo una actividad que da placer ilimitado.

Recuerdo a una jefa que tenía cuando trabajaba de recepcionista en un hotel. Le enseñé la web dónde por ese entonces colgaba mis “Diarios secretos de sexo y libertad” en los que salían fotos de un montón de tías con las que había tenido sexo y me decía, aterrorizada, que quitara esas fotos, porque si alguien las veía, “esa chica ya no podría casarse nunca”.

2.-El sexo es precioso. Leo a psicólogos imbéciles decir que esto de los “selfies aftersex” son “un narcisismo de carácter patológico”. ¡Qué estupidez! ¿Por qué es totalmente normal fotografiar cualquier momento bonito de nuestra vida (un cumpleaños, un fiesta con amigos, etc) y no una actividad sexual con alguien que nos gusta mucho? ¿Recuerdan esos profesionales lo emocionante que era poseer por primera vez el cuerpo de alguien que te gustaba mucho, alguien con quien llevabas soñando semanas o quizás años? ¿Podemos fotografiarnos tomando el sol con nuestras parejas pero no tras haber hecho el amor con ellas? La nueva generación lo tiene claro: el sexo es algo natural, algo normal, algo de lo que no avergonzarse.

¿Tú no te sientes eufórico y feliz tras el sexo? ¿Qué hay de malo fotografiarte feliz? ¿Acaso el sexo es algo sucio de lo que avergonzarse? ¿Es el sexo cagar, expulsar una diarrea sin fin y no tener papel higiénico a mano? ¿Acaso después del sexo no es cuando todos estamos más guapos? Así como grabamos en video nuestra “Primera comunión” deberíamos de grabar “Nuestra primera vez”. Por el coño y, años más tarde -gracias a la experiencia-, “Mi primera vez por el culo”, “Mi primera lluvia dorada”, “La primera vez que me lo tragué”, etc.

Se habla de “necesidad loca” de exhibicionismo. Cuando la verdad es que debería de hablarse más de la “necesidad loca de vivir en secreto” que nos han inculcado para que vivamos separados, aislados, infelices. Nos educaron a vivir encerrados en una prisión del deseo, a limitarnos, a reprimirnos. Hablo de todos esos padres de familia con doble vida, de todas esas señoras que no han tenido un orgasmo en su vida. De esa necesidad de follarte a todo el que pasa y luego sentirse mal: originando así las peores perversiones y actos criminales como la pedofilía, las violaciones, etc. ¿Cuántos curas son culpables de estos comportamientos enfermizos por vivir en la represión sexual?

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Sí, veo estos de los “selfies aftersex” como un signo de que el mundo camina, avanza hacia el fin de la hipocresía. Los hijos de nuestros hijos se reirán de nosotros, que nos escandalizábamos por ver en la portada de un periódico un buen par de tetas y no por ver a militares con armas. Se reirán de nosotros por haber escondidos nuestros cuerpos desnudos durante toda una vida, como si fuera vergonzoso y no precioso grabar y enseñar un momento sexual. ¿Por qué ocultar la punta de la polla y no la punta de la nariz? ¿Qué lógica tiene eso? Que las tías escondan sus tetas del sol, en una playa debería ser delito. Cada vez, gracias a las redes sociales, gracias a que nuestras mentes se van abriendo y librando de la horrible castrante tradición, vamos sanándonos: viendo que todos queremos lo mismo: pasarlo bien, algo de comida y un techo bajo el que dormir: que todos somos iguales.

Sin caretas, sin mentiras, siendo más sinceros y próximos los unos a los otros, abrazarnos, ayudarnos, amarnos, llegar al entendimiento y colaborar es más fácil.

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Oz (México) critica “20 Polvos” y “El comedor de coños”

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Crítica de “20 Polvos”

Tal como lo pide Rafael, aquí me encuentro cumpliendo con mi parte del trato de escribir una crítica sobre este libro.

La verdad es que se trata de un libro que engancha desde que llega a tu domicilio, desde antes de ver la portada pues, sabe que en estos tiempos tan duros en los que hay más odio a primera vista que amor, y en un mercado tan prostituido como el de las editoriales; se toma el detalle de envolverlo en un papel de regalo y da la sensación de que eres apreciado (cosa que él confirma).

En cuanto comienzas la lectura es muy difícil soltar el libro, pues te engancha a sobre manera y sólo logras despegarte de él para realizar tu necesidades fisiológicas (al menos fue mi caso que no podía parar de leer).

Es un libro muy crudo, muy explícito, muy pornográfico, lleno de sexo, racismo y misoginia; sin embargo se vuelve hasta preocupante la manera hasta en la que puedes sentirte identificado con el protagonista, pues a pesar de que tiene una muy particularmente manera retorcida de ver el mundo, no se trata más que de una historia llena de esperanza en una interminable búsqueda del amor verdadero de una persona que se las ha sufrido bastante.

El libro es desde el principio una montaña rusa emocional que de verdad te hace vibrar y te hace sentir. Te hace reflexionar sobre tu vida misma, sobre tus sueños, sobre tu pareja y tus amigos. Te hace preguntarte hasta cuándo me voy a atrever a luchar por mi felicidad, soy un ser divino: me merezco todo: pero soy un cobarde que aún no lo sabe reconocer.

Te hace darte vueltas a la cabeza te hace ver que todo podemos ser unos retorcidos o unos desviados y si ya lo somos, lograr justificarnos por infortunios circunstanciales que nos hacen comportarnos así. (Literalmente, te hace preguntarte o sugestionarte de si puedes llegar a ser así: yo creo que sí: sólo necesitamos un empujón para nuestra locura.)

En cuanto a la redacción, es fácil de seguir, cuesta un poco al principio por el abuso de los dos puntos a veces innecesarios que el autor podría ahorrarse o sustituirlos simplemente por alguna coma o punto y coma.

En cuanto te desprendes de los prejuicios, de los problemas morales y todas sus consecuencias, es muy fácil de disfrutar. Sin embargo, si no logras ver más allá de lo crudo, explícito, pornográfico, lleno de sexo, racismo y misoginia que resulta leerlo, realmente te has perdido la mejor parte de la historia y eres un cobarde hipócrita subnormal.

Un abrazo y fuerza. Sigue soñando-luchando.

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Crítica de “El comedor de coños”

Recién terminando de leer “El comedor de coños”, uno se puede dar cuenta claramente de que se trata de un libro mucho menos pornográficos que sus antecesores (en los que el personaje era más crudo y más cínico, conservando muchas de sus actitudes psicópatas y psíquicas). Sin embargo como se jacta, es un libro muy adictivo desde el principio, es toda una historia de amor más bien extraña.

A su vez, es la clara lucha de un soñador de encontrar el amor verdadero y todas las desventuras que ello conlleva. Todos los altibajos de muchas relaciones y las muchas infidelidades de los personajes que ya no creen en el amor, excepto uno que sigue creyendo (Sigmundo).

Es un libro que de verdad te hace sentir; te hace reír, te hace temblar y sufrir las fuertes emociones que algunos episodios de la vida te pone. Es una novela más madura, igual o más cruda debido a las temáticas que se tocan (matrimonio, abortos, chantajes, etc.) y con una estabilidad mental mejor desarrollada por parte del autor que está dispuesto a abandonar su eterna lucha si encuentra a su amor verdadero y/o darle estabilidad a “su familia”.

Una novela que de verdad inspira a luchar por lo que/quien uno ama. Y que inspira confianza y fuerza a lo que uno se proponga porque “La vida no te deja caer si saltas a tu sueño”.

Muy recomendada para los que están cansados de leer la típica historia gilipollas de siempre.

Fuerza Ezcritor. Un abrazo.

¡Suerte y éxitos, Oz! ¡Gracias por leerme!

Carlos (Suiza) critica los “Diarios secretos de sexo y libertad”

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Los diarios secretos de sexo y libertad (¡ni tan secretos! Tienen miles de lectores) llegaron a mi por el mismo medio que llegaron a muchos. El Internet. Años después me puse en contacto con Rafael Fernández, el autor, y decidí comprar los diarios completos en un solo libro a un precio justificable.

El autor nos cuenta las andanzas y vivencias de Sigmundo (su Pseudónimo) de una manera soberbia, demente y genial.

En 679 páginas describe la miserable vida de Sigmundo, quien pasa de ser un “gordo feo” empleado de un centro comercial, a convertirse en el dios seductor de las noches de una disco turística. Algo que anteriormente hemos visto en el cine, “Fight Club”, “Cant buy me love” y un largo etcétera de la misma fórmula.

¡Pero OJO! Esto no es FICCIÓN. Los diarios secretos de sexo y libertad NO ES UN LIBRO DE FICCIÓN. Es casi en totalidad la vida de Rafael Fernández, narrada a través de Sigmundo. No es una novela. No es un cuento. Es la realidad contada y eZcrita con un pulso que no tiembla. No vacila en decir la verdad ni teme ser juzgado por lo que piensa. Sigmundo, que recorre el camino del héroe de Joseph Campbell (De mierda a Héroe follador), nos hace llorar, nos hace reír, nos hace odiar el sistema, nos hace amar las mujeres, el sexo y ese otro universo paralelo que le llamamos noche.

Es un libro recomendable en su totalidad. Literatura que brota del corazón. El libro es como la Geisha de Sigmundo, lo puedes tomar por donde quiera, comenzar a leerlo por donde sea, leerlo a la hora que sea, leerlo en el baño, en el tren, en la calle… ¡Y lo disfrutarás!

Por Carlos Morales.

¡Gracias Carlos! ¡Te pareces un poco a Saki!