Doña Eufranasia bautiza la cuesta

¿Veis ese panel publicitario de madera? Está al lado de nuestra casa.

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Lo utiliza el ayuntamiento, y los vecinos, para hacer saber cosas. De vez en cuando allí aparecen pequeños folios fotocopiados que anuncian la desaparición de algún anciano del lugar.

—Es lo que tiene vivir en la montaña —me dijo un vecino—. Por aquí viene mucho coche a mil por hora. Y no hay aceras. Las viejas y los viejos que vivimos aquí caminamos pegados a la orilla de la carretera, pero son tan estrechas y los conductores tan hijos de puta, o los camiones tan grandes, o los BMW tan chulos, que les aparecemos de pronto, en una curva, o ellos van despistados con la radio o el telefonito, y nos mandan al otro barrio.

—¿Y no encuentran a los atropellados?

—¡Ho! ¡Si esos malnacidos los dejaran donde les pegaron el golpe al menos! Pero lo que hacen es meter a los pobres viejos en el maletero de sus coches, seguir subiendo la montaña hasta llegar al lugar donde sólo Dios ha cagao y tiran al viejo o la vieja ahí: por un acantilado. Esto es así. ¡La de veces que la policía han mandado a los perros a oler, a buscar rastros, y de pronto, en mitad de la carretera, los perros se quedan tontos, sin saber para donde ir.

¡Terrible! Pero más terrible lo que me pasó hoy.

Estaba durmiendo: me despertó mi esposa gritando:

—¡FALETE! ¡FALETE! —(así me llama mi esposa)— ¡QUÉ SUSTO ME ACABO DE PEGAR!
—¿Qué pasa? ¡Estaba soñando que había vendido un libro!
—Fui a sacar a Anais, doblo la casa para bajar la cuesta, cuando me encuentro AHORCADA a Doña Eufranasia.

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—¿Cómo?
—¡Ahorcada! ¡Más fría que el pollo muerto que tenemos en la nevera!
—¿Y está ahí todavía?
—Sí.
—¿Y qué hacemos?
—Ni idea. ¿Para qué crees que te he despertado?

Pensé. Lo lógico era ir a casa de Carrasco, su marido: un anciano que tendrá 70 años. Pero ¿Qué le digo? Yo me conozco y, en situaciones tensas, siempre me da la risa (¿recordáis cuando me pasó en Madrid?). Y, sinceramente, no me apetecía nada ir a dar esa noticia.

—¿Alguien te ha visto ver a la ahorcada?
—No.
—¿La perra ya hizo sus necesidades?
—Sí.

—Pues cierra la puerta de casa. Nosotros no hemos visto nada. A ver si luego van a pensar que la matamos nosotros o algo.

Pasó la mañana. Empaqueté pedidos de mis libros para Correos, paquetes que no pude hacer la semana pasada porque yo no conduzco, mi mujer sí, pero tenía la regla, y nos subimos al coche. Justo en ese momento apareció Carrasco.

—Hola —nos dijo—. Ando buscando a mi mujer. ¿La habéis visto?

Svieta me miró, delegando la respuesta en mí. Así que tuve que contestar:

—Desde anoche, que pasó por delante de nuestra casa y bajó por la cuesta con una cuerda en la mano, no la he vuelto a ver. Luego, a la vuelta, te ayudo a buscarla, Carrasco. Que tenemos cita en el médico y es úrgente. No te preocupes. Seguro que tu esposa estará bien.
—Sí, seguro que tú mujer está estirando las piernas por ahí —contestó Svieta.

Ahogué una carcajada. ¡Qué gran mujer es Svieta! ¡Qué espíritu más risueño tiene! ¡”Estirando las piernas por ahí”!, dice, ¡Ja!, ¡Qué bueno!. Si algo me fascina, si algo me consigue hacer siempre que me quite el sombrero, que me arrodille o que olvide 1.000 años de afrentas, es el sentido del humor. Si tienes sentido del humor, te has ganado mi corazón. Pero también te ganas a un competidor. Si alguien hace un buen chiste, yo nunca me río y olvido. Tengo que hacer otro chiste mejor. No lo puedo evitar.

—La vimos bajar por la “cuesta de la ahorcada” —dije señalándole la cuesta.
—¿La cuesta de la ahorcada? ¡Llevo viviendo aquí toda la vida y esa cuesta no se llama así!
—¿No? ¡Pues seguro que comenzará a llamarse así, pronto!

Y Svieta arrancó el coche a 1.000 por hora.

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Aviso.- Tras las ventas de la semana pasada y esta, los 250 ejemplares de “20 Polvos-Edición Especial” se han agotado. Ya no se puede comprar este libro. ¡1750 ejemplares vendidos desde junio de 2011! Ahora, a ahorrar para volver a imprimirlo. Supongo que pediré más ejemplares cuando por fin mande a imprenta “El peor amigo del mundo”. Del resto de títulos, (Diarios, El comedor, Un bebé, Alucinantes viajes…) tengo ejemplares preparados en casa, listos para enviártelos si te animas por fin a comprarme un libro.

Me he hecho amigo de una mosca

Desde hace unos días que me he hecho amigo de esta mosca:

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Yo la llamo y la mosca viene. Le digo que se esté quieta, y se está quieta. Me corrige erratas de los textos. Le digo que espante a las otras moscas, para que no entren en casa y lo hace. Le doy de comer macarrones y fresas:

—Prefiero mierda —me dice.
—Sí, y luego a ver quien te soporta el aliento.

La saco de paseo por el campo. Ella se posa en mi hombro, para no perderse. La llamo Loli. Ya lo escribió el científico Björn Brembs en su famoso artículo que se publicó en la prestigiosa revista “Proceedings of the Royal Society”. Los cerebros de las moscas están a la altura de muchos usuarios españoles del Facebook.

…por la noche, cuando mi esposa duerme, le pido a Loli que se pasee desnuda con sus patitas por encima de mis pelotas… bufff… no sabéis como me pone ¿Puede considerarse este acto como infidelidad? Yo creo que no. Si le pones los cuernos a tu mujer con otra mujer, sí. Eso es infidelidad. Pero nunca he leído que, que se pasee una mosca por tus cojones sea considerado infidelidad.

¿Por qué nos jódeis tanto? —le pregunté—. Mira que el mundo es inmenso y siempre tenéis que estar encima nuestra o de nuestra comida.

Las moscas somos una forma que tiene el karma de haceros pagar por vuestras malas acciones o comportamientos. Cuanto más malos sois en la vida, más moscas os manda el karma. Como tú eres muy buena gente, yo nací sin odio por ti. El karma sólo te manda amor. Para el karma eres un niñito bueno que se ha perdido en el bosque.

Nunca nos faltará el atún

Tengo corregidas, perfectas, hasta la página 157 de “El peor amigo del mundo”. El segundo diario del que consta el libro termina en esa página exactamente. En el momento de la preventa, dije que el libro tendría 150 páginas, así que podría mandarlo a la imprenta hoy mismo, recibirlo la próxima semana y comenzar con los envíos. Por el timo de nuestro ex casero nos hace falta dinero: que no se alarme nadie: tenemos dinero para pagar todas las facturas “obligadas” del mes, pero ni un euro más. No es agradable tener la cuenta bancaria tan vacía y no poder ir al supermercado a, por ejemplo, comprar atún.

Pero me he enamorado de “El peor amigo del mundo”. Amo escribirlo. Para que el libro sea redondo, para que tenga un final y un sentido perfecto, para conseguir que el lector goce de verdad y no se olvide nunca del libro, le hacen falta mínimo, 40-60 páginas más. ¿Qué hago? ¿Lo saco ya, tal como está o escribo esas 40-60 páginas? ¿O lo saco tal como está ahora y dentro de un año saco la edición especial o lo meto en la revista que aún tengo pendiente con las 40-60 páginas que faltan? Además… voy a perder dinero por meterle páginas de más. 3 euros por libro. En la preventa vendí casi cien libros. Voy a perder 300 euros si le meto 40-60 páginas más. Y con 300 euros pago un mes de alquiler y la gasolina… España está en crisis, mi obligación es contar hasta el último céntimo…

Estaba comiéndome la cabeza con todo esto cuando me asomé a la ventana. Vi esto: Svieta, mi esposa, desnuda, tomando el sol:

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Su visión me dio la respuesta:

—“No has llegado hasta donde has llegado estafando y portándote mal con el lector. Has llegado hasta aquí respetándolo y dándole todo. Mientras otros escritores les dan el tiempo que les sobra, tú les has dedicado todo lo que llevas de vida: has vivido siempre pensando en ellos, escribiendo para ellos. Nunca sacaste un libro hasta que tuviste la certeza de que no podías hacerlo mejor, que habías llegado hasta el límite de tus fuerzas y del concepto que te arrastró escribirlo. Nunca lo mandaste a imprenta hasta que supiste que no podías escribirlo mejor. Que el trabajo estaba terminado. Si ahora sacas el libro sin acabar, puede que tu cuenta bancaria respire aliviada pero tus lectores lo notarán: y dejarán de apoyarte y de quererte tanto. Y sabes perfectamente que a tus lectores, a los que te compran libros, les debes tu felicidad. Gracias a ellos escapaste de la ciudad y de sus habitantes, normas y estilo de vida, que eran un puto coñazo. Gracias a ellos vives una vida de la que no quieres tener vacaciones. Gracias a ellos vives de escribir: NI SE TE OCURRA DARLES GATO POR LIEBRE ”.

Supe, al ver a Svieta así, que no estábamos tan mal. Todo lo contrario: la dieta de patata y verdura nos está sentando divinamente. Svieta relucía bajo el sol. ¿Qué más da no poder ir comprar atún al supermercado?

Así que dejé de escribir, me tomé un descanso de 20 minutos, y me fui a tomar el sol en pelotas con ella:

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Voy a escribir 60 páginas mas del libro, Svieta —le dije—. Vamos a seguir sin poder ir al supermercado pero…¡Ya verás que librazo va a sacar tu marido! ¡Voy a hacer al mundo temblar de la emoción! Cuando mis lectores lean el libro… ¡me amarán! ¡Me pedirán más libros! ¡Y yo podré seguir escribiendo para ellos! ¡Con atún! ¡Con montañas de atún! ¡Nunca nos faltará el atún!

Mientras tanto, en algún lugar del mundo…

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Hola Rafa! Te quería contar que terminé de leer “Un bebe”. O sea que ya leí los 3 libros que te compré (por ahora). Me gusta mucho tu estilo literario irreverente. Aparte te siento como un amigo, aunque no nos conozcamos en persona. Bueno, en realidad siempre me queda la duda de cuanto te conozco a vos y cuanto a Sigmundo.

Es que me gusta como los personajes cuentan lo que piensan y lo que sienten. Muchas de esas cosas son profundas. Muchas las comparto. Muchas son cosas que pensamos pero no nos animamos a reconocer. Admiro tus agallas para escribirlas y también que te atrevas a vivir de esto, con lo difícil que es (al menos al principio, ojalá se te haga más fácil pronto)

En algún lugar de Holanda o Alemania, al norte… me enganché con los “Diarios secretos de sexo y libertad”, aunque no era el más liviano para llevar en la bicicleta, tenía que terminarlo. Gracias por escribir!!!!

Foto: Bubulinda.
Texto: Patricio-Bubulinda.

Braulio y su secreto en la montaña

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Tengo un nuevo amigo: se llama Braulio, vive en la montaña, a unos pocos kilómetros de la nuestra. Braulio me llama mucho la atención porque vive aislado en la montaña: sin internet, sin televisión, sin vecinos, sin compañía. Ni siquiera tiene animales.

—Los fines de semana bajo al bar y juego a las cartas con alguien. Si no hay nadie, me emborracho —me cuenta.

Ayer estaba en su casa, en la que no tiene electricidad, ayudándole con la reparación de su techo. Me subí a un andamio: agarraba, con todas mis fuerzas, un tablón de madera. Él, también con gran esfuerzo, sujetaba el otro extremo del tablón. Sonó la alarma de su reloj: un Casio de los años 80.

—Tengo que irme al piso de abajo —me dijo con vergüenza— Perdóname.
—¿Ahora?
—Sí… perdóname.
—¿Por qué?

Braulio tiene casi 60 años. Es calvo. No tiene muchas luces. A los 50 tuvo una novia: nunca antes había tenido novia, pero de pronto, cuando le llegó un poco de dinero de una herencia, apareció una suramericana en su vida. Todo el mundo le decía que tuviera cuidado con ella: que si no había tenido novia durante toda su vida, cómo ahora sí que tenía: que se fijara que de pronto no había crecido en altura, ni que el pelo le había crecido de pronto, que ni siquiera había dejado de ser bizco: que se diera cuenta que, con los años, además de haber engordado no había ganado en belleza, sino que había perdido la poca que tenía. Braulio no hizo caso, contestaba a todos con que eran unos envidiosos y que le dejaran ser feliz en la vida: pero, tan pronto se le acabó el dinero, su novia suramericana (y todos los parientes que ella trajo consigo) desaparecieron. Él volvió a quedar solo en la montaña.

—Bueno. Te lo voy a contar a ti porque tú también estás un poco loco —me dijo Braulio (lector de mis libros)—. Si tú no me entiendes, no me va a entender nadie. Acompáñame.

Dejamos el pesado tablón sobre el andamio. Bajamos al primer piso: allí en la gaveta de un armario viejo, muy viejo pero elegante, sacó de entre un pañuelo con bordados, perfectamente doblado, un tamagotchi. Mientras pulsaba los botones para darle de comer me contó:

Mira. Llevo cuidando de él desde que me lo regalaron a finales de los años 90. Al principio, pensaba que era una tontería, pero poco a poco le fui tomando cariño. Cuando tuve novia, para que ella no se riera de mí o me lo quitara, lo escondía aquí. Pero jamás falté a sus comidas y cuidados. Cuando mi novia me dejó, el tamagotchi se convirtió en mi sostén, en mi único amigo. Ahora lo sigo guardando aquí para que no se me pierda o le de un golpe sin querer. Si no me he colgado de un árbol, si no he mandado mi vida al carajo, es por él.

Aquí es donde vivo:

Joder. Me acabo de dar cuenta. ¡Acaba de terminar el mejor verano de toda mi vida! Me lo he pasado de cojones peleándome con mi ex casero, buscando casa, encontrándola, mudándome, sobreponiendome a todos los problemas, viendo feliz a Svieta en su nuevo lugar de trabajo, tratando de terminar mi nueva novela. Mucho mejor que si me hubiera ido al Caribe. Lo de las vacaciones suele ser, casi siempre, una estafa: cuando a los subhumanos les dan vacaciones no saben qué hacer con su tiempo libre y se van a un sitio más bonito del que viven, a gastarse un pastón y a tratar de tener la vida que no han tenido durante todo el año. Pero no hay gran cosa que hacer, así que se aburren, se acuestan bajo el sol, se emborrachan, y van de aquí a allá tratando de follarse a alguien con alguna enfermedad venérea… Luego regresan, ven todo el dinero que se han gastado y que, sin remedio, tienen que volver a sus vidas que no les gusta. Entonces surge el “síndrome de la depresión postvacacional”. Yo llevo años tratando de construirme una vida de la que no quiera tener vacaciones. Aún me queda mucho trabajo.

Ahora estoy escribiendo en un salón que te cagas de grande, con poco dinero pero super feliz y me he acordado de Fabián que, cuando nos mudamos, me pidió hiciera un vídeo enseñando la casa. Pues aquí está, para Fabián y para todos vosotros:

Autoedición. “¿Cómo conseguir que mi novela enganche y tenga vida?”

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Otra de las cosas que me preguntan mucho es:

¿Cómo consigues enganchar tanto con tus novelas? No paro de leer que tus novelas se las leen en 3 noches.

La pregunta es super compleja de contestar. Necesitaría escribir un libro entero para tocar todos los puntos. Y entre todos esos puntos están los dioses de la literatura, la suerte y muchas cosas que aún desconozco, en un alto porcentaje. Pero voy a comenzar por explicarte un punto básico y, luego, paso a uno más elevado y a un tercero muy esclarecedor. Si tienes la historia de tu futura novela (o relato) hecho, contéstate a esta pregunta básica:

Pregunta -¿Qué pasa en el primer párrafo?: Si el protagonista de tu novela sólo se ha levantado, mirado por la ventana, vas mal. A no ser que la novela tenga un título, una portada y una previa alucinante (avisos, prefacio, un condicionamiento como “he de leer esta novela porque es la novela favorita de la chica que me quiero follar y quiero hacerle creer que somos almas gemelas”) el lector no leerá el segundo párrafo. Si no has situado al protagonista o narras un suceso sin que se sepa claramente donde está, quien está hablando, qué diablos está pasando, mal empiezas. La regla número 1 es: no aburrir al lector. La regla número 2: no soltar la mano del lector: que sepa siempre qué dimensión está pisando… ¿Qué pasa en el primer capítulo? El lector es un santo: te dio una oportunidad y siguió leyendo a pesar del primer párrafo. En el resto del primer capítulo el protagonista, además de mirar por la ventana, se vistió con una bonita camisa de franela, unos vaqueros ajustados, desayunó jalea con pan, sacó a su perrito y se fue a trabajar. ¡Guau! Ni un pensamiento inquietante, ni una atmósfera preocupante. Nada.

Este primer punto es muy básico. Ya te lo dije antes. Vamos a subir un solo escalón. Pregúntate:

1.-¿Mi novela tiene una estructura antigua o es moderna?

Esto es muy importante. Si tiras con la estructura antigua o clásica tienes más opciones de fracasar. Con la clásica, tienes menos opciones de que el lector no haya leído o visto por la tele nada parecido a la historia de tu novela. El dilema que tenemos los pseudocreadores del siglo XXI es que todas las historias han sido ya contadas diez mil veces. Y posiblemente hasta filmadas en 3D. Así que si tiras por contar la historia con la estructura antigua, estás caminando por el filo del precipicio. A no ser que seas un maestro, no hace falta que camines por ahí. Yo traté de escribir así mi novela “Un bebé” (aunque hice trampa metiendo estructura moderna con los cómics).

2.-¿Cómo saber si la historia de mi novela tiene una estructura antigua o clásica?

Ejemplo práctico y divertido. Mírate la primera temporada de “The Twilight zone” (La dimensión desconocida”). Es de 1956. Tras ver unos capítulos te darás cuenta que casi todos tienen una estructura clásica. Un hombre al que le pasa algo extraño, un misterioso personaje, una chica… al final se descubre un secreto y asistimos a un impactante final.

Los libros con estructuras modernas empiezan donde antes terminaban las novelas o películas con estructuras clásicas. Desde la página uno ya se sabe que el protagonista es un enfermo mental con dos personalidades. El impactante final es ahora el impactante principio. Cuanto antes impactes al lector, antes metes su atención en tu bolsillo. Desde la página uno ya se sabe que el tipo es mitad hombre-mitad extraterrestre. Desde la página uno ya sabemos que Juan ha matado a Ana, la ha violado muerta y está preocupado por el ADN que le dejó dentro de la vagina. Desde la escena uno vemos a Walter White sin pantalones, corriendo por el desierto tras haber cocinado cristal. En las estructuras modernas se juega y se trata de atrapar al lector a partir de ahí.

En las estructuras clásicas la historia lo es todo. El impacto es al final de cada capítulo y al final de la novela, cuando sucede el gran impacto.

En las estructuras modernas, la historia es secundario: priman por delante el magnetismo de los personajes y sus pensamientos, el significado de todo. El impacto ha de suceder de manera constante. Y no siempre con hechos o una historia: prueba con tus palabras a bajar o a elevar al lector: hasta el impacto.

Tienes que meter, a cada capítulo de tu novela “vida”. La vida es uno de los elementos básicos para que tu novela enganche.

3.-¿Cómo saber si un capítulo de mi novela tiene vida?

¿Has quedado agotado tras escribirlo? Entonces le has traspasado tu vida. Necesitas acostarte en la cama. Estás agotado. Es como si hubieras donado más sangre de la que deberías de haber donado.

¿Sigues pensando en el capítulo una vez que lo has terminado? Entonces el capítulo tiene vida dentro de ti. El protagonista sigue hablando contigo dentro de tu cabeza, tratando de hacerte pensar, razonar, discute contigo:

Yo no hice eso —te dice—. No sé por qué has escrito que yo dije eso y que hice eso. ¡Es imposible! ¡Yo dije esto otro!

Mañana volverás a retocar el capítulo y el protagonista te llevará por un camino nuevo o te pedirá pongas añadidos. Querías escribir el capítulo en 5 páginas y ya vas por la 30. Te has levantado sudado de escribir y hoy no hace calor.

¿Está el protagonista del capítulo cansado? Imagina que eres tú el protagonista del capítulo y que has hecho o pasado por todas las cosas que has hecho pasar al protagonista. Sí estarías cansado (física o psicológicamente): entonces el protagonista del capítulo ha tenido vida y, por lo tanto, el capítulo tiene vida.

Esta tercera pregunta puede ayudarte a responder la primera pregunta del post, la básica.

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Autoedición. ¿Con qué compañía envío mi libro cuando esté terminado?

A partir de hoy voy a ir contestando en vídeo las preguntas sobre autoedición que voy recibiendo por email.

Hoy contesto la que me han hecho más de 10.020 veces “¿Con qué compañía envío mi libro cuando esté terminado?”

En el vídeo he olvidado mencionar que con los envíos a América no ganas casi nada de dinero. Porque, por ejemplo, enviar certificado un ejemplar de los “Diarios secretos de sexo y libertad” a México cuesta casi 24 euros. Pero recuerda que:

1.-Eres escritor y tu principal premio es que te lean.
2.-Que en muchos países de América la moneda tiene mucho menos valor que el euro. Puede ser que el lector que te lo esté comprando, esté haciendo un gran esfuerzo económico.
3.-Y que mejor es ganar 5 euros por quemarte la cabeza escribiendo que nada.

Y ya está. Sólo contar que me acaba de llegar una nueva tirada de “El comedor de coños”. La que salió en agosto la tenía casi agotada, fue todo un éxito, y pedí estos 30 ejemplares más. En cuanto pueda pediré ejemplares de “20 Polvos-Edición Especial” que de ese sólo me quedan 5 ejemplares en stock (si planeabas comprarlo, date prisa). Las ventas, este año, van cada vez mejor. Gracias a los que me apoyáis.

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P.D.- Tengo la suerte de tener un lector que me ha ayudado varias veces en mi estrepitosa carrera de escritor. Hoy, por primera vez, me ha pedido un favor. Y yo os lo pido a vosotros (sin vosotros no puedo ayudarle). Ha comenzado una nueva empresa que da trabajo a la gente. Se presenta a este concurso. Si no tienes nada muy importante que hacer en los siguientes 5 minutos de tu vida te pido, por favor, que te registres (no tardarás ni un minuto) y le des al “me gusta” que aparece al lado de dónde pone, en rosa: “Onyougo – El comparador de precios insobornable”. Así le votas y se pone contento (y yo de paso):

¿Quién sacó las fotos desnudas a Jennifer Lawrence? ¡Yo lo sé!

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El tema del momento en internet es, por supuesto, las fotos filtradas de las famosas de Hollywood, más exactamente las de Jennifer Lawrence.

La actriz de “Los juegos del hambre” aparece totalmente desnuda, abierta de patas, chupándose un dedo, poniendo su culo en pompa como si se estuviera tirando un pedo, etc. Trate usted, lector, de encontrar dichas fotos ahora mismo. Le resultará bastante complicado por no decir imposible.

No sé a qué organización han contratado pero —en menos de 12 horas, tiempo récord— han conseguido censurar las fotos de millones de páginas webs. Si las subes al Twitter (yo lo hice) te suspenden la cuenta en menos de 2 minutos.

Los periódicos de todo el mundo están machacando con que ver esas fotos es como cometer un acto de violación. Y aseguran que, si compartes las fotos por las redes sociales, pueden condenarte a la cárcel de 1 a 6 años (lo cual es mentira).

¿Quién está detrás de todo esto? ¿Quién está pagando todos estos artículos que buscan asustar al usuario medio e inculto de internet?

images-1Recordad. Cuando ocurrió exactamente lo mismo con las fotos filtradas de Scarlett Johansson no pasó ni la mitad de un cuarto de lo que está pasando ahora. Todo lo contrario: todo el mundo lo celebró y hasta se rieron de/con Scarlett en masa: hombres y mujeres se pasaron meses sacándose fotos enseñando el culo por un espejo. Los periódicos que ahora hablan de violación y penas de cárcel exhibían en sus páginas galerías de fotos de las imitaciones más divertidas del desnudo de Johansson.

¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué ha cambiado? ¿Ha evolucionado el pensamiento en tan poco tiempo? ¿Nos hemos hecho maduros de la noche a la mañana? ¿Cómo es que ahora se rasgan las vestiduras y hacen todo lo posible para que las fotos no se propaguen y antes se alentó el cachondeo? ¿Por qué se protege con tanto ahínco a Jennifer y a nadie le importo Scarlett?

Mi cabeza de novelista está entrenada para unir puntos, crear historias. Normalmente, cuando algo pasa en una novela o en una película, es porque está relacionado con algo que nos van a enseñar luego. Un buen novelista o guionista, sabe predecir lo que va a ocurrir. A veces, en la vida ocurre lo mismo. La explicación sería está: quieren parar esto porque… lo que va a venir a continuación es más grande aún. Las fotos de Jennifer son sólo un aperitivo. Si no consiguen parar estas fotos ahora, de forma tajante y definitiva, no van a poder detener las siguientes fotografías que van a aparecer.

¿Qué fotos son esas? Yo, como novelista, lo sé.

En los retratos hay dos protagonistas siempre: uno, el fotografiado. Dos: el fotógrafo.
Y ahora piensa: ¿quién podría tener el poder para poder sacar fotos de esa manera a una mujer como Jennifer Lawrence? ¿Quién puede volver tan loca a Jennifer para hacerla posar como si se estuviera tirando un pedo? ¿Quién puede convencerla de sacarse una foto a cuatro patas cuando cada día rechaza ofertas de millones de dólares por posar enseñando medio pezón? ¿Quién?

¿El presidente de los EE.UU, quizá? ¿O crees que Jennifer Lawrence se sacaría unas fotos así por cualquiera? ¿Quién es el fotógrafo de las fotos de Jennifer Lawrence? Esta demostración de fuerza, esta increíble retirada de fotos, sólo la puede organizar alguien con muchísimo poder. Alguien que quiere provocar una crisis de poder en la nación que manda en el mundo.

Pero hay más.

Este hackeo en masa de famosas sólo lo puede hacer una organización terrorista colosal o los oponentes mundiales al presidente de los EE.UU.

Y como remate.

Es más… dejo caer esto… ¿Y si todas las fotos de famosas desnudas han sido sacadas de una misma carpeta? ¿Y si todas las fotos que se han filtrado las sacó la misma persona? ¿Quién puede ser el folla famosas? ¿Y si Obama es un folla famosas? Tenemos pruebas visuales de que le va la marcha (¿recuerdas esto?)… ¿Qué archivos guardará Barack Obama en su blackberry?

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Mantened los ojos abiertos porque, en estas semanas, a no ser que los mejores agentes informáticos del FBI logren hacer su trabajo, va a estallar un escándalo sexual sin precedentes.

Esto ha sido una exclusiva de Rafferty Z. Jackson.

Carta abierta a nuestro ex casero ladrón.

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Hola ex casero:

Dentro de nada te toca recoger las fabes. Esos kilos y kilos de fabes que son tan importantes para tu economía y que le vendes a un bar. Este año no podremos ayudarte, como hicimos Svieta y yo el año pasado. Tuvimos que irnos de tus apartamentos porque nos robaste. Pero no te preocupes, ahora vivimos en un lugar mucho mejor.

Recuerdo cuando el mal tiempo estaba llegando y tú estabas mañana y tarde solo en el campo, asustado, cansado, porque la cosecha de fabes estaba a punto de perderse: llegaba la lluvia.

Svieta y yo no lo dudamos.

Y ni cuando tu familia ni ningún vecino te ayudaba, nosotros estuvimos allí. Svieta por la mañana y yo por la tarde, hasta que llegó la noche. Trabajando gratis para ti, por cariño. Terminamos de recogerlo todo bien entrada la noche. Por el frío, enfermé. Durante más de una semana estuve temblando en la cama, sin poder trabajar en lo mío. Hasta hoy, nunca me he quejado. Estaba orgulloso de haberte ayudado, de haber sido tu amigo.

Durante nuestra estancia en Cueva fuimos unos vecinos ejemplares. No nos portábamos bien contigo solo, era con todo el mundo: todos recibieron nuestro cariño, ayuda, regalos, huevos, helados y tartas en cuanto había ocasión. Y los vecinos veían eso como una muestra de consideración y amor. En cambio tú viste eso como lo hacen las personas miserables: pensaste que éramos débiles, tontos, gilipollas. Viste la oportunidad de aprovecharte de nosotros.

“Estos tíos son tontos” —pensaste.

El primer año nos cobraste 280 euros por 5 meses de luz (vivíamos en un apartamento pequeño: sin horno eléctrico y sin televisor). El siguiente año nos pasaste, de pronto, una factura de 1.400 euros por la luz. Nos dijiste que la luz había subido un 100%. Mentira. Tenemos las facturas que lo demuestran. Por mucho que digas por ahí, mientes. Te pedíamos pagarte la luz cada mes. Te cerrabas en banda, nos decías “que al final, como el año pasado”. No entendíamos por qué, pero confiábamos en ti.

Todo el mundo de Cueva sabe que jamás dejé de pagarte un solo mes de alquiler. Que incluso en febrero ya te había pagado hasta el 30 de junio, día que teníamos que abandonar los apartamentos para que tú se los alquilaras, ilegalmente, a turistas. Fuimos, durante 17 meses, los mejores inquilinos que has tenido y tendrás. Nos hiciste creer que era un precio para que no nos fuéramos.

No somos los únicos perjudicados por tu maldad. Tienes a toda la aldea dividida. No quieres pagar el tema del agua aunque tienes 5 viviendas en tu casa. Este otoño convertiste el hórreo en dos viviendas (sin permiso de Costas). La zona de abajo la tienes convertida en dos viviendas (que alquilas a turistas, sin tener el permiso).

Dices que no necesitas 5 tomas de agua, sólo una. Es lo mismo que te decíamos nosotros con el tema de la luz. Nosotros tampoco necesitábamos tanta potencia, ni pagar la luz a toda la gente que estás metiendo en tu casa y cobrándoles un alquiler, gente que no es familia tuya. Quieres que tus vecinos te traten como te negaste a tratarnos a nosotros.

Tus vecinos tienen la mala suerte de tenerte como vecino. Paga justamente: si conviertes una vivienda en 5 viviendas y te lucras de ellas, tienes que pagar por 5 viviendas. Es lo que tiene ser propietario. Quieres estafar a tus vecinos como nos estafaste a nosotros.

Tienes el complejo de inferioridad de la persona que no ha hecho nada en la vida, que heredó todos sus bienes del trabajo honrado de sus padres, que no se ha ganado nada por si mismo. Que divide el hogar de sus padres en un montón de viviendas para salir adelante porque no tiene nada que ofrecer al mundo salvo la tierra heredada. Eres una persona con economía humilde que se las da de rico y se ríe de nosotros, que vivimos con lo justo y sin pretensiones. Pero eres tú quien roba a tus vecinos, a nosotros y a los del Hotel Canero ofreciéndoles una competencia desleal. Eres tú el equivocado, no el resto del mundo. Despierta.

Ante esa risa, sólo te diré que sí, que somos personas humildes, que vivimos felices con lo justo: pero recuerda que siempre te pagamos anticipadamente y, sobre todo, que nosotros no le robamos a nadie. Que cuando nos robaste con esa factura que te inventaste, te lo pagamos todo al día siguiente. Pero sobre todo piensa que si nosotros somos tan pobres y tú tan rico, ¿Por qué tienes a tu pareja limpiando culos de viejos enfermos durante semanas para ganar algo de dinero y yo tengo a mi esposa en casa, feliz, resplandeciente y trabajando en sus propios proyectos?.

Eso no es amor, yo no dejaría a mi pareja tener un trabajo tan duro. A tu pareja la tienes que ayudar a realizarse, a que resplandezca. El cuidado de viejos enfermos lo tendría que desempeñar alguien preparado, con estudios. Ese es el respeto que tendrían que tener nuestros mayores. Prefiero tener la vida humilde que a mi pareja trabajando en algo tan duro, estar separada de ella, no cuidarla como se merece. Tú no eres un hombre.

Te había perdonado todo, pasado página. Me jodiste la publicación de mi libro, no lo podré sacar hasta que me recupere de tu robo, pero sé que me irá bien, que saldré de este hoyo dentro de poco: como siempre lo he hecho: trabajando duro con mi talento, no con herencias ni robando a la gente que confía en mí.

Si te pagamos aunque sabíamos que nos estabas robando, fue porque mi esposa me convenció. Me dijo que ya la vida te castigaría y a nosotros, el karma, nos premiaría. Yo no creo en el karma ni en que todo el mundo es bueno porque ya tengo unos cuantos añitos y este no es el primer desengaño que tengo. Pero cerré los ojos y accedí. Y ¿sabes? está siendo tal como dijo mi esposa: ahora vivimos en una casa más grande, más bonita, más tranquila y en una zona mejor. Con caseros honrados, legales y hasta generosos.

Pero hoy viste a mi mujer y le hablaste de malos modos, cuando estaba sola e indefensa, trabajando la tierra. Vuelvo a repetirlo: tú no eres un hombre.

Esa es la gota que ha colmado el vaso. Ya no voy a perdonarte. ¿Te sientes muy hombre apabullando a una mujer así? Tú lo que eres es un maricón:

Estos días, cuando recojas las fabes que cultivas en esas tierras que no son tuyas, piensa en cómo te has portado. Porque el castigo te va a llegar como me llamo Rafael Fernández.

Sobre la otra forma de comunicarse que aún no está descubierta

Mira. Esto es lo que veo desde una de las ventanas del salón. Ya está empezando a caer la noche en la montaña en la que vivo recluido, escribiendo novelas para ti:

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Dentro de poco comienza la conexión de la otra forma de comunicarse que aún no está descubierta.

Las hadas, los espíritus, tu cabeza soñando, Dios, mis gallinas, los jabalíes, mi cerebro del subconsciente… todos diciendo cosas, ideas, miedos, bromas, vivencias…

Vosotros visitándome astralmente, sin parar. Os váis a la cama y decís “Vamos a visitar al Rafa, a ver qué está haciendo”.

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Y yo, con mi antena de sensibilidad, escuchándoos dictar a todos: sin poder parar de escribir las cosas que me contáis: las utilizo para mejorar el libro o escribir un post. Tengo una super antena de sensibilidad en la punta de mi cabeza. Larguísima. Me llega un montón de info desde cualquier rincón del planeta en el que vivís.

Creía que estoy solo en la montaña, pero me recibís, me escucháis. Y no me refiero que lo hagáis por medio de Internet o el teléfono. Me recibís alto y claro. Tan alto y claro como si estuvierais delante de mí. Es asombroso pero es así. No estoy loco en eso, estoy seguro. En esta semana me han pasado dos o tres cosas que lo confirman. Pero no son hechos aislados. Pasan todo el rato, desde hace años. Sólo tengo que estar consciente para darme cuenta.

Prueba una.- Tras el timo de mi excasero y como aún no he terminado “El peor amigo del mundo” (lo estoy extendiendo en páginas y mimando mucho) estoy justo de pasta. Tengo para pagar todos los recibos inmediatos, no hay nada de lo que preocuparse, pero no para pagar el seguro del coche anual. 540 euros que me pasan el día 4 de septiembre. Estamos ahorrando todo lo posible, comiendo sólo patatas y cosas del huerto, lo mínimo, para reunir ese dinero. Hace 3 días, mi esposa y yo nos miramos a los ojos, algo incómodos:

Las ventas de agosto son muy flojas. No vamos a conseguir reunir 540 euros para el 4 de septiembre. Tendremos que parar el coche hasta que saque “El peor amigo del mundo” y llegue la pasta. También hay que pagar la imprenta. Va a ser imposible llegar a tiempo.

Y nos fuimos, angustiados, a la cama.

De madrugada sonó el móvil porque lo tengo conectado al Paypal para saber cuando me llega una venta y atenderla lo más rápido posible. Miro la venta. No lo es. Es una donación. Un lector, que nunca me había comprado ni un sólo libro, con el que nunca me había cruzado una palabra, que no tengo ni siquiera en el Facebook, ingresó exactamente 569 euros en mi cuenta de Paypal. Una persona que apareció de pronto, de la nada. Como un ángel que aparece en tu puerta, te da lo que necesitas para no estar desesperado y desaparece sin dejar rastro.

¿Por qué lo hizo de pronto? ¿Cómo sabía que era justo ese dinero el que necesitábamos para poder respirar tranquilos y poder seguir utilizando el coche cuando lo necesitáramos?

Yo se lo pedí al Universo anoche, antes de irme a la cama —me dijo mi esposa.

Y yo a todos mis lectores. Pero sólo mentalmente. No escribí nada en el blog ni mandé un solo email de ayuda.

Uno de vosotros me visitó astralmente y me escuchó quejarme. GRACIAS.

Prueba dos.- Me voy a la cama demasiadas veces angustiado. Si escribo mal, las ventas caen y me jodo hasta que pueda sacar un nuevo libro: dentro de otros 6 meses. Ahora estoy peleando como un poseso con “El peor amigo del mundo”. Me exijo que cada capítulo sea mítico. Cuando empiezo un capítulo nuevo, todo son inseguridades. Pues el primer borrador del capítulo es pésimo, flojísimo. Es con mucho trabajo que consigo levantar cada frase, luego cada párrafo, luego cada página. Metiéndole todo lo que tengo, todo lo que sé o se me ocurre. Hace una noche me fui a la cama intranquilo. Había empezado un nuevo capítulo y no estaba nada orgulloso del resultado.

¡No puedo escribir otra mierda como “Los alucinantes viajes en el tiempo de los EE.UU”! —me dije— ¡Sólo escribo bien los libros de Sigmundo!

Me insulté y cagué en mi propio trabajo de “Los alucinantes viajes” porque se vendió muy poco. Bueno, realmente se vendió tan bien como los otros, pero como aconsejado por tantos lectores lo vendí por Amazon a un precio irrisorio, no gané tanto dinero como con los otros lanzamientos y a día de hoy sigo sufriendo esa decisión. Total, que con “Los alucinantes viajes” no gané tanto dinero y me culpo sólo a mí: a mi calidad como escritor.

Al día siguiente recibí un email. Era de un lector. Me contó que su querida hermana estaba en el hospital y él la había ido a ver. A ella no le gusta leer mucho. No lee libros casi nunca. Antes de irse, le había dejado el libro “Los alucinantes viajes en el tiempo de los EE.UU” y me avisaba que su hermana se lo había leído entusiasmada. Que, en un rato, iba a recibir una crítica de ella. Así fue:

graciasvivky

Genial. Me animó mucho. Escribí animado todo el día gracias a su email. Pero antes de dormir, regresó la mosca detrás de la oreja. Diciéndome:

A mis lectores sólo les gustan mis libros de Sigmundo. La ficción que escribo, como “Un bebé” o “Los alucinantes viajes” no les gusta tanto. Esta chica tiene que ser una excepción.

Por la mañana recibo un chat por el Facebook de David, el lector que me regaló una caja llena de cómics (yo le regalé —a cambio, a vuelta de correo— “Un bebé”). Escribí sobre él ayer y me chateó para comentar algo sobre dicho post. Entre todo lo que me escribe, sin yo comentarle nada sobre mis miedos e inseguridades, me suelta:

david

Y pocas horas después. Tras 4 días sin vender un libro, recibo una compra de Pablo G, desde Valencia. Me compra “Un bebé”. No otro título. Tenía que ser justo ese título.

Contadme. ¿Estamos o no estamos conectados por las noches? ¿Vosotros no me escucháis rondar por vuestras cabezas? ¡Yo os escucho perfectamente! ¡Alto y claro! ¡Gracias!

¿Adultos con problemas infantiles?

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David, un nuevo lector de Madrid, me mandó por correo, hace unos meses, una enorme caja que contenía una colección de cómics de Marvel: varios volúmenes de X-Men, Ghost Rider y The Punisher.

Se lo agradezco mucho porque, pocas cosas hay en la vida, que me gusten más que leer cómics. De pequeño, no tenía dinero para comprarme esas cosas y de mayor, pues lo mismo. Todo el dinero que gano en la actualidad se va, cada mes, en las facturas de la casa y en la reimpresión de mis libros. Cuando sobra algo lo ahorro para los meses malos de ventas.

Me gusta leer cómics de super héroes, pero no de cómics dibujados en la actualidad, me gustan sólo los que dibujaron en los 80 y en los 90. De todo lo que me envió el bueno de David, estoy a punto de terminarme el segundo tomo de Ghost Rider, los de El vengador ya los terminé (y los regalé a un niño de 9 años que vive en la casa de al lado y que se llama como yo) y me quedan, para muchas cagadas, las aventuras de los X-Mens. Siempre regalo o dono a mercadillos benéficos todos los libros físicos que tengo o me llegan a casa. Lo contrarío sería como secuestrar a una mujer para que no tenga, en el resto de su vida, relaciones sexuales con nadie.

Me pongo a pensar y, la verdad, es que todos los adultos que seguimos enganchados a los cómics juveniles somos un poco ridículos. Somos adultos que seguimos arrastrando problemas de la infancia. Queriendo ratificarla y superarla ahora que somos adultos y que, quizás, tendríamos que tener los ojos en otra parte, leer otras cosas más acorde con nuestra edad, no tan repetitivas, con esquemas que nos conocemos al dedillo. Evolucionar. Seguimos encerrados en esos cómics, en esas películas, como no permitiéndonos salir de ahí hasta que algo en nuestra cabeza se termine de arreglar o de sanar.

De día trabajamos en oficinas o donde sea, nos hacemos los adultos y mucho “cuidadito conmigo”. Pero vestimos camisetas de El capitán América y se nos ponen los pelos de punta cuando anuncian una nueva película de Conan el bárbaro.

Tengo la teoría de que todos los que estamos enganchados a los cómics de Marvel o DC es porque hemos tenido problemas en la infancia y nos negamos a seguir el camino natural a la madurez hasta que alguien nos de una explicación o nos pida perdón sobre algún trauma de nuestra vida.

Tengo más teorías estúpidas: “Un chocho que os controlará a todos: el matrimonio”. Os la cuento:

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Siempre he pensando que “El señor de los anillos” es una metáfora del divorcio que Tolkien anhelaba: deshacerse de su anillo, liberarse y correr aventuras.

Una tarea titánica para el hobbit que era y su complejo de inferioridad. Y Gollum y su lamentable estado físico, el futuro que Tolkien veía para los que se aferraban a un matrimonio enfermizo, sin amor. El futuro que se veía para si mismo.

Al final se encerró en sus libros y no logró deshacerse del anillo. Murió enterrado junto a su anillo, como le hubiera gustado a Gollum: Tolkien fue enterrado junto a su mujer, en el propio jardín de su casa. Jamás escapó de la aldea hobbit, jamás tiró el anillo al fuego del volcán y se atrevió a vivir fuera de su matrimonio.

Este no es un post gracioso. Sólo es una cosa que me pasó.

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Ayer, un lector de Argentina me “chateó” por el Facebook. Me contó que era profesor y que estaba corrigiendo textos de sus alumnos de 9 años. Él les había mandado como tarea que escribieran un relato corto de terror.

¿Te puedo pasar un Word con un texto para que lo corrijas? —me preguntó el profesor— Estoy de los pelos, ser maestro es un dolor de cabeza. Lo escribió una niña y quiero poderle aportar algo.

La verdad es que lo primero que pensé fue decirle que no, estoy a tope con mi nueva novela: pero luego me dije:

¿Cuántas veces voy a poder leer un relato de terror escrito por una niña de 9 años? ¿Qué me cuesta leerlo y tratar de aportar algo? ¿Cómo escribirán terror los niños a esa edad? ¿Por qué no echar una mano a este lector?

El profesor me envió el Word por el chat del Facebook, lo descargué y leí el relato:

Hace algún tiempo en un cementerio murió un payaso asesino llamado Mc Donal`s .
Un día tres chico llamados: Guadalupe, Tomas y Agustín se juntaron en la casa de Agustín, para descubrir todos los secretos del cementerio, porque habían escuchado que estaba muerto un payaso asesino, y le da mucha curiosidad a los chicos.
Guadalupe había anotado todo lo que irían a ver y cosas que necesitarían por ejemplo: lupa, agua, cámara de fotos y una linterna y ese es el misterio que quedó por resolver.

En el final está el problema, ¿no?. No quise sumar nada a la acción: si no dejaría de ser el relato de una niña de 9 años y se convertiría en un relato corregido por un escritor egocéntrico. Así que lo que hice fue agrupar, estructurar, resumir y darle el final que supongo la niña quiso escribir pero que no supo expresar debido a su corta edad.

Guadalupe y Tomás estaban en la casa de Agustín. Se reunieron para descubrir todos los secretos del cementerio: por ejemplo el del payaso asesino McDonal`s.
Planeaban ir al cementerio esa misma noche. Guadalupe tenía una lista de las cosas que necesitarían: una lupa, agua, una cámara de fotos y una linterna.
Pero, por mucho que buscaron, la linterna nunca apareció y los misterios del cementerio quedaron sin resolver.

Lo que me gustó del relato fue justo eso: la niña crea expectación, con imágenes y personajes cercanos, por todos conocidos, y lo resuelve todo de una forma que a un adulto jamás se le habría ocurrido.

P.D.- La foto que ilustra este post la saqué de esta web que enseña unas bellas fotos —quizá las más bonitas que he visto nunca— sacadas por una madre a sus hijos, en una granja.

Mientras tanto en Uganda…

Una calle de Uganda. Una mujer, de carnes generosas, pasa causando admiración entre los transeúntes. Mientras tanto, el jefe de la zona, declara la guerra a cierto escritor conocido por todos ustedes…


¡Ja! El vídeo lo grabó Gonzalo. Los subtítulos son cosa mía. Gonzalo me acaba de escribir este email. ¡GRACIAS por el gran honor, Gonzalo!

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Estimado Rafael:

Soy un lector tuyo que se fue a trabajar de voluntario al Congo hace casi un año al quedarme sin trabajo. Te mando un video y unas fotos de tus libros que hice en allí y en Uganda estos meses de atrás (Por Uganda sólo estuve de paso)

No te mando una crítica de tus libros aunque ya sabes que soy fan, pero te prometo que te mandaré una anécdota cojonuda sobre “El comedor de coños” que me pasó en Alicante.

(Curiosidad) El video es en la frontera de Congo, lo que se oye es a un hombre que está un poco mal de la cabeza (por lo que me contarón) y está predicando por la calle, aunque entiendo el swahili sólo he sido capaz de entender lo siguiente: Ir a la iglesia… detener… Mungu (que es Dios) …, nuestro Padre… y poco más. El video lo hice así porque Congo es todo polvo y barro, como el título de tu novela. Siento no haber sido más original.

Hay también una foto de hombre que padece enanismo (“El comedor de coños” del congo), no es un pigmeo, que abundan por la zona donde he estado y que me hizo acordarme de “El comedor de coños”. No te cachondees de la foto, que ese tio si que las ha pasado muy muy putas en la vida.

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Espero que te hagan ilusion. Eres un ESCRITOR con dos pelotas.

Un afectuoso abrazo.

Estos son unos enlaces de algunos artículos del blog de lo que hice allí por si tienes interes en leerlos. Te aviso que escribo fatal pero creo que cuento cosas interesantes.

http://cemsi.wordpress.com/2014/04/08/pequenos-superheroes/

http://cemsi.wordpress.com/2014/02/24/el-senor-que-tenia-un-okapi-en-su-jardin/

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La programación que tenemos dentro y no sabíamos (por lo menos yo)

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No iba a escribir este post pero al final he decidido que sí porque quizás pueda ayudar a alguien que esté sufriendo o que quiera conocerse un poco mejor.

Hace dos noches tuve una mala noche. Me desperté a eso de las 5 de la madrugada pensando cosas horribles. Voy a contaros las cosas horribles que pensé no para preocuparos, sino por si puedo ayudar a alguien con mi vivencia de levantarme con unas ganas increíbles de quitarme la vida.

La verdad es que fue la primera vez en la vida que sentí eso dentro de mi cabeza ¿Depresión como Robin Williams? ¿Qué me estaba pasando? ¡Si soy super feliz! ¡Si cada día me levanto de la cama sintiéndome un privilegiado! ¡Si tengo la vida que siempre quise tener! ¿Por qué tenía esos pensamientos en la cabeza? ¿Qué me estaba pasando?

Miré a Svieta: dormía plácidamente en la cama, no quise despertarla. Me hubiera sentido un egoísta yo sabía que podía controlar la situación: sólo necesitaba calmarme, respirar hondo, preguntarme qué diablos me estaba pasando y tranquilizarme a mí mismo.

Sin embargo, necesitaba cariño. Me fui al sofá, me acosté al lado de mi perra, la abracé, comencé a acariciarla y poco a poco fui tranquilizándome. En 5 minutos volvía a estar dormido. Y, a las 9 de la mañana, cuando me desperté, volvía a sentirme feliz y privilegiado: con ganas de todo menos de morirme.

Aún así tenía que investigar y resolver este asunto ¡No quería que me volviera a pasar! ¡Es demasiado desagradable!

Sé de sobra que tras las malas épocas siempre vienen buenas épocas: es más: sé aprender de las cosas malas que me pasan en la vida y convertirlas en sucesos maravillosos. Así que no hay peligro de que, estando consciente y en mis cabales, yo vaya a suicidarme jamás… pero, si no consigo controlarme, si de pronto mi cabeza deja de responderme… ¿? tengo la desgracia de conocer a amigos o familiares cercanos de lectores que se han suicidado por estar enfermos de depresión. La depresión es una enfermedad como lo puede ser un simple dolor de cabeza, una gripe, que aparece en ti de repente: aunque tengas una vida maravillosa. Y si te entra la depresión“chunga” en la cabeza, estás jodido si no consigues reprimirla o controlarla.

Yo no quiero eso. ¡Yo quiero vivir 1.000 años! ¡Quiero escribir muchos libros y estar junto a Svieta toda la vida!

Gracias a Dios, pude entrar en contacto con una psicóloga a la que, desde aquí, quiero dar las gracias por abrirme los ojos y ayudarme.

Lo único que me pasó es que llevo una época cargando con demasiadas cosas a la vez.

Me sentía mal, muy mal, por estar retrasado con “El peor amigo del mundo”. No era por falta de trabajo, sino porque quiero hacer un libro maravilloso, extraordinario que me ayude a avanzar en mi carrera literaria y me estoy estrujando la cabeza como nunca antes.

Van subiendo las páginas del libro, de 150 a 200 de 200 a 250 y necesito sacarlo ya para que me entre dinero y poder dormir más tranquilo.

Pero me niego a sacar el libro hasta que consiga tener escrita la maravilla que tengo en mente. Porque si no escribo mejor que nunca no avanzaré más rápidamente como deseo. Porque tengo un pacto contigo, lector, de ir para delante, no para detrás o quedarme en el mismo sitio.

Antes de esa noche, en que pensé quitarme de en medio, estuve 5 días sobresaturado, sin poder escribir, viendo capítulos de “House of Cards” y sentía unos remordimientos terribles: me sentía inservible, un vago, un irresponsable. Venía de pasarme dos meses escribiendo unas 15 horas diarias, cambiando el horario del sueño: de la noche al día. Mi mente me había pedido desconectarme un poco, descansar de buscar la excelencia y yo, no quería permitírselo.

A esta exigencia de calidad contra tiempo se une un montón de problemas que he tenido que resolver en estos dos meses y, sobre todo, la ayuda y compromisos que me he marcado con muchas de las personas que me leen aprecian.

Si me pides ayuda, si me escribes un email, tienes un 99,9% de posibilidades que te diga que SÍ. Y no sabéis la de lectores, gente conocida o desconocida y escritores que me piden ayuda o atención. Y yo estoy siempre ahí, leyendo sus borradores de libros enteros, comentándoles, corrigiendo, guiándoles, aconsejándoles, escuchando sus problemas, etc. Si no estoy al lado de quien me necesita me siento culpable y me afecta a la cabeza no sabéis como: se me va amontonando los NO que digo y me duelen horrores. Y, aunque no me pidáis ayuda, si veo por el Facebook que estáis mal, me siento fatal por no poderos ayudar. ¡De locos! Un ejemplo: me siento fatal por no poder ser el esposo de todas las madres sin esposos del mundo, por no poder ser el padre perfecto que necesita cada niño huérfano del mundo. Sé que podría hacer feliz a cualquier mujer o niño del mundo ¡Pero no puedo! Si me has conocido y te he hecho daño en algún momento de mi vida, que sepas que no te olvido y que te tengo presente cada día: que sueño con poder hacer algo por ti maravilloso que haga que me perdones.

Pues todo esto en mi cabeza explotó a las 5 de la mañana.

La psicóloga me explicó qué me pasaba. Lo primero que me dijo es que esto de pensar en suicidarse es lo más normal del mundo: le pasa a todo el mundo aunque sea una vez en la vida. Esto que voy a contaros no es autoayuda de Paulo Coelho, es psicología pura y dura.

Yo soy un ser humano del eneagrama número 8. Soy capaz de llevar a buen puerto cualquier empresa que me apetezca, pero no me apetece llevar empresas normales. Mi cabeza me pide siempre que me embarque en empresas que, en principio, resultarían imposibles y mastodónticas para otras personas. Por ejemplo, si decido ser escritor, no decido ser un escritor cualquiera: decido ser EL EZCRITOR. Si quiero vivir de escribir no escribo libros tipo best sellers a lo Dan Brown: escribo libros peligrosos y loquísimos, al borde de la ley. Etc.

Cuando alguien me hace algo malo, como soy del eneagrama 8, busco venganza de forma desmesurada. Y eso hace daño a mi cabeza porque, muy en el fondo, tengo un buen corazón. Ahora entiendo porqué siempre que me enfado con alguien termino muy mal. Mi respuesta es siempre desproporcionada. Si me miras mal, te corto la cabeza. Hace poco, una persona me estafó y me entraron ganas de hacerle cosas terribles y luego denunciarle. Conseguí controlarme por primera vez en mi vida y dejarlo pasar. Pero la rabia, las ganas, se me quedaron dentro hasta ayer, que hablé con la psicóloga y entendí cómo era.

La motivación del 8 es la venganza. Todos mis libros (menos el de los viajes en el tiempo) tienen como motor vengarme de alguien. Por lo que escribir todos mis libros me ha hecho mal. Son super divertidos e inspiradores para quien los lee. Pero crearlos ha sido siempre una tortura, un ejercicio mental malvado, para mí.

Pero sobre todo, lo que me hace tanto mal y me condujo a los “terribles pensamientos” es que no sé decir que NO. Tengo complejo de “salvador”. Quiero ayudar a todo el mundo. Estar en todas partes, responder a todo el mundo, poder quedar y estar al lado de quien me lo pide. Y, aunque me cueste reconocerlo, no soy un dios. No puedo ni siquiera atender como se merece ni al 1% de la gente que me escribe. No ayudaros, salvaros y deciros sí a todo daña a mi “superyo”.

Tengo que aprender a decir “no”, a no querer ayudar a todo el mundo, a quitarme trabajo de encima o por lo menos ir más despacio. Si no lo hago, dice la psicóloga que o me suicidaré o desapareceré.

No voy hacer ninguna de las dos cosas. No os preocupéis.

Aquí un vídeo de una psicóloga hablando sobre mi eneagrama. Vale la pena verlo aunque sea para hacerse una paja (piensa que el micrófono que sostiene entre sus tetas es tu polla).

Quizá te sirva descubrir qué número del eneagrama eres. Aquí hay un test, por ejemplo. Si contestas sinceramente descubrirás qué virtudes tienes dentro y podrás explotarlas, sentirte más seguro. También descubrirás aspectos de ti que tienes que mejorar.

Si escribes, Dios te pondrá en tu lugar.

Hoy recupero este video de cuando vivía en Madrid y comencé con la editorial:

Recuerdo que estaba lleno de dudas. Hasta entonces llevaba 7 años viviendo de la escritura, con mayor o menor fortuna. En 2011 reuní el valor que siempre me faltó y empecé a soñar con vivir de las ventas de mis libros, con poder “liberar” a Svieta de un trabajo en el que ella ya no era feliz, en darle a mi perra Anais el jardín que siempre le prometí, en respirar aíre puro y vivir lejos del asfalto de Madrid.

Muchos de vosotros sabéis todo esto. Porque muchos de vosotros me habéis acompañado todo el camino. Dándome la mano o insultándome.

Pero sobre todo soñaba con alejarme de la gente falsa y mediocre, dejar de trabajar y respirar al lado de ellos. Soñé con crear mi propio paraíso lejos de toda la gente malvada. Mientras escribía no paraba de escuchar la canción que suena en el vídeo. No paraba de repetirme: “Si trabajo mucho, Dios me pondrá en mi lugar”.

Cuando llegué a 400 ejemplares vendidos de “20 Polvos”, hice este vídeo para celebrarlo, para volverlo a ver un día como hoy y que me diera ánimos. En el vídeo salgo haciendo mi rutina de Madrid. Me miro y como me conozco, me veo “desubicado”. Amo Madrid, es una ciudad a la que se lo debo todo: pero mi tiempo allí ya acabó (aunque tengo muchas ganas de volver de visita, echo de menos vender mis libros en el Metro: era gratificante).

Desde ese vídeo, he vendido más de 4.000 ejemplares de mis libros.

Porque trabajé mucho y conseguí todo lo que me atreví a soñar. Sin embargo, aún queda mucho trabajo que hacer, aún no puedo bajar la guardia ni sentirme un “triunfador”. Mi día a día sigue estando lleno de trabajo, dudas, dolores de cabeza e inseguridades.

Pero, desde este vídeo de 2011 a mi presente en 2014, veo muchos avances y ni un paso atrás. Todo salió muy bien.

No soy de los que se rinden ni de los que tienen miedo al trabajo. Tampoco de los que se quedan pensando: “¿Qué hubiera pasado si me hubiera atrevido?”