Así fue mi firma en Sant Jordi 2017

Vida

Rafael FernándezEscrito por:

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Llego a la Rambla de Catalunya. Son las 19:52. Soy puntual. Voy por el número 53, en nada llegaré al 20. Había quedado a las 20:00.
Veo los puestos de Alibri, la librería que me invitó a firmar. Tienen el puesto más grande de la Rambla. Alibri es una de las librerías más famosas y grandes de Barcelona. Son independientes, por eso no tienen miedo de invitar a su stand a un escritor que escribe cosas como las que yo escribo. Hay mucha gente, no para de pasar gente.  No sé por dónde meterme dentro del stand, cuál será mi sitio. Estoy nervioso, casi temblando. ¿Por qué? No lo sé. ¡Es emocionante! ¡Firmar en la gran feria del libro de Barcelona! ¡El sueño de muchos escritores! Poco a poco voy saliendo de las cloacas de la underground, me va conociendo más y más gente. Y sin perder mi punto gamberro ni venderme a lo comercial. Todo lo contrario: cada vez más valiente. Una familia me saluda, me señalan el lugar con risas. Son los primeros de la cola. Les sonrío, agradecido. ¡Pensé que no iba haber nadie esperándome y me encuentro con toda una familia! Les saludo. Han comprado dos libros: la madre, me entrega los “Diarios secretos de sexo y libertad”. Toma ya. Emoción. Cada vez que tomo ese libro en las manos me vienen un montón de flashbacks a mi cabeza: El Corte Inglés, la discoteca, mi huída a Fuerteventura, la soledad, las dudas, las noches en vela escribiendo sin parar, el no saber si tenía madera de escritor: si podría vivir de ello pero saber que pasara lo que pasara, nunca iba a dejar de escribir ni pasarme a un plan B… Diez años después de escribir los “Diarios secretos”, seis de publicarlos, me lo entrega en un stand de Sant Jordi una señora sonriente, feliz, que no conozco. ¡Cómo me gustaría poder viajar al pasado con la señora para dar ánimos al angustiado Rafa del 2005! Tener ahora ese libro entre las manos me llena de fuerzas. El libro, por detrás, tiene una etiqueta con código de barras de la librería. En ella se señala el nombre del libro y el precio. Me llama mucho la atención la etiqueta. Es la primera vez que veo un libro mío con un precio. Dedico el libro a la madre, que tiene una sonrisa encantadora. Nos sacamos unas fotos.

Después se presenta su hijo: en las manos tiene “Prostituto de extraterrestres”. Se lo firmo, más fotos. Es una familia maravillosa.

Tapo sus caras en las fotos porque no sé si les dará cosa salir en este post. Me cuentan que hacen las recetas del blog de Svieta. Se despiden, doy la mano al padre de familia y se van… Dios, una familia leyéndome, jamás pude imaginarlo. ¿Habrá alguien más esperando para que le firme? No… LA SOLEDAD. Pasan cientos de personas cada minuto por delante del stand. Me miran como si yo fuera un mono dentro de la jaula de un zoológico. Miran el cartelito en el que sale mi nombre para saber cómo me llamo, luego la portada y títulos de mis libros para saber de qué especie soy. Soy un mono raro. ¿Qué debo de hacer? ¿Seducirles con la mirada para que me compren un libro? ¿Acaso creo que yo a mi edad puedo seducir a alguien con la mirada? ¿Y si pruebo a concentrarme y  a quebrantarles la volundad con la fuerza de mi inteligencia superior? Sonrisas cómplices, caras de horror… lo paso mal cuando algunos miran las cubiertas de mis libros ¿Por qué titulo mis libros con nombres como “El comedor de coños”? Es gracioso cuando se me ocurren, cuando estoy en casa, cuando lo cuento por internet, jijijiji. Pero ahora, no es gracioso. Una señora y su marido me miran muy mal. Finalmente no me pegan en la cabeza con el ejemplar de La Vanguardia que retuercen en sus temblorosas manos. En el stand firma un señor famoso porque sale de colaborador en un programa de humor de la Sexta. Tiene una cola de lectores enorme. Siento envidia. Anoto mentalmente: “conseguir salir en un programa de televisión de colaborador para así vender más libros”. Pasan cinco interminables minutos. Aparecen dos lectoras. Guapísimas. Y, a partir de ahí, ya no vuelvo a quedarme solo. Vinieron a verme unos 30-40 lectores. Todos se sacaron una fotos conmigo. Yo no le saqué una foto a nadie, aunque me apetecía mucho. Me lo tengo prohibido. No podría luego evitar subir la foto a este blog y quizás algún lector se molestara conmigo. No tuve tiempo ni de sacarme una foto a mí mismo o hacer un directo por el Facebook, como planeé hacer. No todos los lectores que se acercaron compraron mis libros en el stand porque ya los tenían todos. Por ejemplo, un queridísimo lector vino con su bellísima novia para traerme una botella de cava catalana y un montón de vasos de plástico. Increíble lo detallistas que son mis lectores:

—Es para que invites a tus lectores —me dijo.

¡Gran idea! No sé si di la nota en el stand pero le hice caso: la abrí y comencé a invitar a cava a cada lector que venía hasta que la vacié. Vinieron muchos lectores/amigos que me moría por conocer. Lili, por ejemplo nos trajo café y dulces de su último viaje a México. GRACIAS.

Duré poco dentro del stand. No me gustaba estar separado de los lectores por una mesa. Cuando hacía la venta callejera, en Madrid, me acostumbré a hablar con ellos en la salida del metro, sin barreras. Quedarme al otro lado de la mesa, sentado, me hacía sentir estúpido, pedante. No pude hablar con todos, todo lo que me hubiera gustado. Era un lío: no sabía quien venía acompañando al lector o quién venía a verme a mí. Pero en resumen, fue una gran tarde. Se me hizo de noche dedicando libros. Cuando tuve un descanso y miré a mi alrededor ya no habían más escritores dedicando, ni siquiera el que salía en televisión.  Los libreros estaba recogiendo el stand. Ni idea de cuanto me pasé de la hora. Cuando me despedí de los de la librería (un 10 para ellos), un dependiente me dijo que tenían miedo de mí: no sabían qué esperarse pero que ya habían visto que era buena gente. Les entendí perfectamente. Supongo que si sólo leen mis libros —sobretodo los que protagoniza mi alter ego Sigmundo— puedo parecer un loco bastante peligroso del que mejor mantenerse lejos. Si leen mi blog, pues ya se sabe diferenciar un poco el personaje de la persona. Y, cuando se me conoce en persona, ya se ve que sólo soy un escritor con ganas de escribir, reír, ser feliz y escribir y vender libros para poder seguir mejorando como escritor hasta escribir el libro más vendido de todos los tiempos.

Sobre las 23 horas llegamos al hotel. Miro mi correo. En esa tarde he vendido 12 ejemplares de “Prostituto de extraterrestres” sólo a través de mi blog ¿Por qué? Muchos me cuentan la razón en emails. Os enseño, este, que recibí esta mañana:

Aquí el anuncio que hice de promoción. Está mal editado y es largo, aposta. No pensé que nadie salvo yo fuera a apreciar su humor… ¡por fortuna me equivoqué! ¡Ha hecho mucha gracia! ¡GRACIAS, LECTORES! ¡Todo sigue marchando de fábula!

4 Responses to " Así fue mi firma en Sant Jordi 2017 "

  1. Bartu dice:

    Aunque fuera fugaz, un placer y un honor conocerte. Saludos, y enhorabuena.

  2. Juan dice:

    Me miran como si yo fueran un mono del zoologico, que bueno jajajajajajajaja

  3. Fernando dice:

    JEJEJE Un placer haber estado ahí a las 20h en punto para conocerte y que nos firmaras los libros. No había problema en poner las caras en las fotos. Un abrazo

  4. M. dice:

    creo que muchos estamos pensando lo mismo que yo, aunque no pudiéramos acudir, estábamos ahí contigo. Enhorabuena!

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