Ayer estuve hablando con un multimillonario

Vida

Rafael FernándezEscrito por:

Views: 1887

Al lado de la casa que alquilamos hace unos meses, hay otra casa: más grande y lujosa que la nuestra. Nunca conocimos a sus propietarios o inquilinos porque la casa siempre ha permanecido vacía. Hasta ayer.

—¡Rafa! ¡Rafa! —me gritó ilusionada Svieta— ¡Por fin tenemos vecinos!

Eché un ojo por encima de la valla y el vecino me pilló cotilleándole. Es un hombre de unos 60 años, en perfecto estado de forma. Estaba en bañador. Se parecía bastante a este (pero no es ese).

—¡Hola! —saludé con mi mejor sonrisa.

Al rato estaba sentado con él en el salón de su casa. Mi esposa no quiso conocerle.

—”Hay algo en él que me causa alarma —me dijo— No sé el qué. Me quedo en casa y ya me cuentas luego”.

Es soltero. Un matrimonio joven, filipino, homosexual, cuida de él. Además de cocinarle, son sus guardaespaldas. El vecino me preguntó muchas cosas sobre mí: así que le conté quien era, a qué me dedicaba. Le conté que tras mucho trabajo y montar mi autoeditorial, había prosperado y pasado de la semi ruina y de vender libros en la calle a una vida teconómica tranquila, que ando tratando de conservar primero para, más adelante, volver a pegar otro salto hacia delante.

—¿Cómo? —me pregutó.

—Estoy en conversaciones para que me compren un guión en Hollywood. He escrito un guionazo.

—No te bañes en tu piscina —fue el primer consejo que me dio— Si quieres prosperar en la vida, escribir mejor, tener mejores ideas, no te bañes en tu piscina ni te laves la cabeza con champú.

—¿Por qué? —pregunté pensando que se estaba cachondeando de mí.

—A la población la limitamos mentalmente de muchas formas diferentes. Por ejemplo con el champú. El champú lleva componentes químicos para limitar a la gente mentalmente: que no sean todo lo listo que pueden llegar a ser. A los que mandamos, no nos interesa que la gente se haga rica, lista, poderosa. Necesitan mano de obra que se contente con sueldos de mil euros. Si alguno prospera, otro método para limitarlos, para que no siga creciendo mentalmente y económicamente, como tú, es mediante las piscinas. Todos los “nuevos ricos” queréis una. Así que os las pilláis y os bañais ahí todos los días. Y para conservar el agua, para que no se os llene de algas, hay que meterle un montón de producto químico. Entre ese producto químico, meten más “disminuidor de inteligencia”. Si te fijas, todos los ricos de verdad se compran un yate. A un rico de verdad nunca le ves bañandose en una vulgar piscina. Sino en el océano. El océano da fuerzas.

Le pregunté a qué se dedicaba. Me contestó con una sonrisa:

—Tengo muchos trabajos. Por ejemplo, todos los puticlubs del Mediterraneo son míos. Si no en propiedad, sí en procentaje. Todos me tienen que pagar una parte de la recaudación.

—Explota a las mujeres —me atreví a decir— Eso no está bien.

Pensé que se iba a molestar. Pero no:

—¡Oh! Todos los seres humanos son explotados. Da igual el sexo. La élite ha formado un campo de explotación. Explotación vital, laboral, sexual. No sé si conoces el vídeo ese que circula de José Mujica, por el Facebook sin parar…

…ese trabajaba para la élite. Era un portavoz que contratamos. Su papel era convencer a cierto número de gente de habla hispana que se conforme con poco. Que piense en pequeño. Que no piense en hacer viajes increíbles a Tokio, New York. Que no piensen en pasar unos meses en hoteles de cinco estrellas donde todo el mundo te hace la pelota. Comprar yates, mujeres, satisfacciones de todo tipo: que eso es malo, te degrada como persona.  Tenemos a la gente convencida con que no se puede salir del hoyo en el que viven.

—Es cierto. El otro día conté en mi blog que estoy tratando de prosperar, vender un guión a Hollywood y salieron unos cuantos indignados, llamándome mentiroso o diciendo que una persona como yo jamás lo conseguiría.

—Esa gente, es gente “enseñada”. Son nuestros esclavos favoritos. Antes, a los soñadores que inspiran como tú les cortábamos la cabeza. Ahora, quedáis tan pocos y la gente es tan cobarde que no sois molestia. Mira: la vida es un parque de atracciones. Estamos nosotros, los que nos divertimos. Y luego están los que nos fabrican o limpian las máquinas de las atracciones, los que nos cocinan y cortan el césped. Gente limitada. Con el cerebro reducido. Gente a la que no les dejamos pensar en grande. Gente a la que hemos educado en escuelas para tontos, gente a la que hemos acostumbrado a meterse alcohol cada día con estudios tipo: “una copita al día es hasta buena para la salud”. Esclavos.

En ese momento sonó el timbre. Un filipino abrió la puerta y entraron cinco mujeres despampanantes: prostitutas.

—¿Te quedas? —me dijo el multimillonario con una sonrisa— Te regalo dos.

—No. Mejor vuelvo a casa.

Sonrió y como despedida me dijo con una sonrisa:

—Demasiado champú en la cabeza.

Hoy, al levantarme, mi esposa me dijo que el chalet del vecino volvía a parecer cerrado. Estuve esperando su vuelta todo el día. Quería que me contara más cosas. Pero algo me dice que se ha ido y que quizás no vuelva a verlo nunca más. Por cierto, estos son los productos químicos que yo echo cada día en la piscina: disminuidor de ph, pastillas de cloro y nosequé de choque.

3 Responses to " Ayer estuve hablando con un multimillonario "

  1. Juan dice:

    Coño, ahora se porque soy tan listo, no tengo piscina, porque no quiero, ojo y me ducho una vez al mes, en verano dos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *