Bailar enamorados en una casa que no es tuya

Vida

Rafael FernándezEscrito por:

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Entrar a vivir en el hogar que un día fue de alguien es inquietante. Somos los primeros inquilinos en alquilar esta casa. Hace un año y medio que murió su propietario. Un padre de familia. Sobrevivió a su esposa a pesar de que él era mayor que ella. Dejó a sus hijos con la vida resuelta. Así que ese hombre tiene todo mis respetos. Es como me gustaría morir a mí y a cualquier hombre bueno: tras cuidar a su mujer durante toda su vida y dejando a su familia sin problemas a la vista.
Abro el portón de la casa. Entra una furgoneta. De ella baja el repartidor. Viene a entregar el contrato que me manda la compañía de la luz.
—¿Ahora vivís aquí? —pregunta retóricamente— Me he sorprendido al ver la dirección. Antes venía siempre a entregarle las medicinas del cáncer al “viejo” que vivía aquí.
—Sí, ahora vivimos aquí —digo.
Miro mal al repartidor. Me ha dolido, no sé por qué, que llamara viejo a ese señor.
Y mira que soy el ezcritor, autor de los libros más gamberros y con contenido más repugnante del mundo.
Pero me ha dolido.
—No era un viejo —le digo al repartidor— Era un anciano.
El repartidor se va, avergonzado.
Durante la mudanza, mientras íbamos colocando las cosas, no parábamos de encontrar recuerdos del matrimonio, de la familia que antes vivía aquí. Les gustaba viajar mucho, compraban muchos souvenirs de porcelana, en todos los lugares que visitaban: Egipto, Italia, Canarias… iban mucho a Canarias, sobre todo a mis islas preferidas: Fuerteventura y Lanzarote. Mientras Svieta y yo recogíamos todos los souvenirs y los metíamos en las cajas no podía dejar de pensar qué le hubiera parecido al señor de la casa que, tras su muerte, fuera un canario quien viviera aquí. Supongo que le haría gracia. Mientras empaquetamos todos los souvenirs, adornos, cuadros, juegos de mesa, etc para trasladarlos al trastero pienso que todos esos objetos que les causabn alegría cada vez que los veían —recordándoles viajes, momentos— no tienen ningún valor para mí. Y me pongo melancólico ante la certidumbre de que un día seré yo el viejo que muera dejando detrás de sí un montón de objetos que no valdrán nada para otras personas y que para mí lo fueron todo. Objetos que alguien meterá en cajas para librarse de ellos.
Tú y yo, lector, seremos algún día un viejo que muera en una casa.
Encuentro de canto, olvidado en el trastero, un cuadro de los antiguos propietarios. Es un retrato que hicieron al matrimonio cuando tendrían más o menos la edad que Svieta y yo tenemos ahra. Pido permiso a los herederos y dueños de la casa para colgarlo en una de las paredes. Recibo el permiso.
—¿Por qué quieres colgar ese cuadro? —me pregunta Svieta.
—No sé. Creo que es porque quiero honrarlos. Que sigan aquí un poco más. Seguro que fueron muy felices en esta casa, que lucharon mucho por comprarla. Me da pena que hayan muerto.


Al señor que vivía en esta casa le encantaba la música. Hay muchos cuadros colgados de leyendas del jazz: Charlie Parker, Billie Holiday… también un piano.  Encuentro un montón de vinilos viejos, incluso un montón de singles de cuando los títulos de las canciones en inglés se traducían al español. Elijo uno…

…lo pongo en el tocadiscos… ¡Funciona!
En cuanto comienza a sonar el temazo me recorre un escalofrío. Puede ser que, esa canción, fuera la canción preferida del matrimonio. Puede ser que, esa canción, la bailaran enamorados en uno de los pasillos de esta casa.

 

8 Responses to " Bailar enamorados en una casa que no es tuya "

  1. CARLOS dice:

    Ya que hablas de música, senectud y recuerdos es el mejor comentario que se me ocurre ahora mismo:

    https://www.youtube.com/watch?v=C_psp732sA8

  2. CARLOS dice:

    A sus pies maestro 🙂

    Por cierto, suerte en el nuevo hogar.

  3. Raúl San Nicolás Lanuza dice:

    Eres un ezcritor gamberro con una gran sensibilidad. Os deseo mucha felicidad en el que ahora es vuestro hogar. Un abrazo.

  4. Fernando dice:

    Excelente artículo.

  5. Juan dice:

    Buffff la de fantasmas que tiene que haber ahi, madre mia.

  6. Manolo dice:

    Me identifico con todo lo que dices en esta maravillosa entrada. Piel de gallina al leerte.

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