Desprecio mi cumpleaños

Vida

Rafael FernándezEscrito por:

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Antes de ayer. Por la mañana:

—¿Qué te gustaría que te preparara de comer por tu cumpleaños? —me pregunta con cariño mi esposa.

—Pizza —contesto— con beicon, champiñones, tomate, albahaca y mozarrella.

—¿Y no quieres también una Coca-Cola, un globo y patatas fritas? ¡Qué comida más infantil! ¡Ya eres un señor, no un niño!

Quedo callado. Pensando.
Mi esposa es maravillosa.
Se preocupa por mí.
Recuerdo.
Hace tiempo que me contó que los humanos vivimos en diferentes reinos. El reino de cobre, el de plata y el de oro. Y creo que hay otro más pero no lo recuerdo bien ahora y, mientras escribo esto son las 4:25 de la madrugada, mi esposa está durmiendo y no creo que le resulte gracioso que la despierte para preguntárselo.

El caso es que mi esposa afirma que, según te alimentes, vives en un reino más o menos evolucionado. Algunas veces, cuando estoy escribiendo un libro y no sé cómo seguirlo mi esposa me recomienda que coma un alimento que no haya comido nunca:

—Así se te ocurrirá algo nuevo seguro.

Porque, según ella, la comida que pruebas por primera vez te activa zonas del cerebro que antes no usabas. La comida te hace pensar unas cosas mejores u otras más tontas. La gente que sólo come pizza, hamburguesas, donuts, comida empaquetada de supermercado etc es también la gente que no se cuida y trabaja como un subhumano en un curro que no le gusta nada y por el que le pagan poco o tiene un trabajo muy bien pagado que le causa infelicidad. Para subir de reino el primer paso es comer bien. Por eso le fastidia tanto que por mi cumple esté pidiendo pizza y no un plato más inteligente: verduras con parmesano y patatas guisadas, por ejemplo.

Pienso.
¿Por qué he pedido pizza por mi cumpleaños?
Ya no como mierdas.
He adelgazado.
La única carne que como es ave, una vez a la semana.
El resto de la semana voy a base de arroz, verduras, nueces, fruta…

Creo que he pedido pizza, sinceramente, porque mi cumpleaños me da igual. Lo único que me importa ahora mismo es que no volvamos a caer en la ruina económica y que mi nueva novela le guste mucho a mis lectores para que me permitan escribir la siguiente. Celebrar mi cumpleaños me parece infantil. Sinceramente —y aunque resulte impopular y de desagrecido— hasta me resulta pesado que me felicite la gente. Sobre todo por Facebook. Es un coñazo estar contestando más de 400 felicitaciones, una por una. De pronto me felicita un montón de gente con la que no hablas nunca ni lee los libros en los que pongo toda mi vida solo porque Facebook les chiva que es mi cumple y quieren escribirme unas palabras no sé porqué razón. La gente que realmente me aprecia me lee porque saben que es como más feliz pueden hacerme. Leyéndome y diciéndome que le ha gustado. El cielo. Muchas veces miro al cielo y pido a el Rey del Cosmos que por favor que toda la gente que no lee mis libros muera de una forma horrible y violenta. Mi cumpleaños me da igual. Antes, cuando era un desgraciado me deprimía hacerme mayor. Ahora no. Sí que me emociona un poco cambiar de año. Pasar de 2016 a 2017, por ejemplo, pero eso de que cada 15 de febrero tenga que vivir al límite, hablar con gente que me ignora el resto del año o divertirme por cojones me parece absurdo. A mí lo que me gusta es estar en casa en pijama, escribiendo junto a mi esposa: me gusta y excita sexualemente mucho ver a mi esposa peleando con fuerza por sus sueños, no pudriéndose en un rincón como una consumista superficial. La última vez que nos peleamos, antes de la mudanza, nos reconciliamos porque ella me emocionó. Me dijo que me fuera yo solo a Tarragona. Su plan era quedarse en Asturias, en aquella casa en la aldea perdida donde vivíamos, comprarse un perro y encerrarse con el horno de leña hasta triunfar con su sueño: vivir de sus recetas y amor por la cocina. Eso me desarmó. Me di cuenta que no podía dejarla. Ella se había convertido en yo: en una kamikaze que no va a parar hasta conseguir su sueño. Y yo me estoy convirtiendo en ella: sigo todas sus teorías y creencias, marcho mentalmente hasta donde ella me diga. Yo no podía dejar a mi mitad. Era absurdo querer dejarme a mí mismo. Así que arreglamos nuestras diferencias en seguida y nos vinimos juntos a Tarragona.

Pasar los días viviendo al límite es pasarlos junto a mi esposa, trabajando. Me gusta ver a los gatos y a Anais bien, tranquilos en casa, durmiendo, con su cuenco de comida lleno hasta arriba.

Pienso.

—Quiero pizza porque ya que a mí me da igual mi cumpleaños, cedo ese día a mi niño interior. A ese niño que lo pasó tan mal. La pizza es para él.

—¡Qué coñazo con tus traumas! ¡Ya te has ocupado todos estos años de ese niño traumatizado! —replica Svieta— ¡Olvídalo! Ahora preocúpate por el adulto que eres.

Pienso.
No puedo.
No quiero olvidar a ese niño.
Ni a mi pobre madre.
Mi madre me llevaba siempre a comer pizza por mi cumpleaños.

Al día siguiente, me despierto tarde (ya sabes que paso las noches escribiendo).

Es mi cumpleaños. Mi esposa me ha preparado pizza. Me la como en el jardín de nuestro nuevo hogar, bebiendo un café con leche.

Y por la tarde vamos al puerto a comprar 5 kilos de pescado a los pescadores. Llegan al puerto sobre las cinco de la tarde. Nos cobran por 5 kilos de pescado fresco y variado sólo 12 euros. Un pescador nos da su teléfono. Iremos a comprarles pescado cada semana.

Así medio día de mi cumpleaños va para el niño que vive en el reino de cobre y la tarde para el adulto que vive en el reino de plata.

Algún día espero poder alimentarme sólo de frutos secos y vivir en el reino del oro.

4 Responses to " Desprecio mi cumpleaños "

  1. Juan dice:

    El otro metal es el hierro. Porque no quitas tu fecha de nacimiento del puto facebook parguelas???

  2. Hola Rafa, la verdad es que vas apliando tu obra literaria dia a día. me gusta lo que escribes y tu intromision en el mundo del cine.
    Solo te falta, que produzcas algo de porno. jeje
    Saludos desde Buenos Aires.

  3. Angélica dice:

    Yo te felicite y fue con mucho cariño, me encanta leer tu blog, te sigo desde hace tiempo, desde antes de Svieta y me parece increíble lo que has logrado. También soy fan de Svieta, de su recetas, de su vídeos, bueno creo que soy fan de Anais.
    Creo que uno es libre o no de revivir el pasado, sea cual sea su sabor. Si para ti la pizza significa volver al pasado con tu madre se me hace increíble, creo que aunque estemos casados con personas maravillosas siempre hay espacio para ser solo nosotros mismos con todas nuestra tonalidades.
    Besos

  4. Jose dice:

    Hola

    me ha llegado, me he emocionado …

    Saludos

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