Hoy me han ofrecido 10 euros a cambio de una mamada

Vida

Rafael FernándezEscrito por:

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La culpa es mía. Por cómo me visto. Es que voy provocando cuando salgo de casa para sacar la basura:

Con este calor, en el chalet estoy siempre en pelotas. Así que, para sacar la basura al contenedor de fuera, me “visto”. Me pongo los calzoncillos y una camiseta. Para mí eso ya es un montón de ropa. El contenedor de basura está justo frente a la puerta del chalet. Sólo tengo que cruzar los dos carriles de una ex carretera nacional: no son más que 30 segundos fuera de casa. Antes, cuando era carretera nacional no paraban de pasar camioneros. Así que la zona se llenó de puticlubs y de putas de carretera para que los camioneros pudieran echar un kiki entre transporte y transporte. Los camioneros siempre están follando, esa es la razón por la que van tan relajados conduciendo. El malentendido, además de por estar en calzoncillos esperando para cruzar se originó por culpa de la buena gente de la aldea asturiana en la que viví 3 años. Allí, siempre que pasaba un coche, se alzaba la mano, de forma automática, para saludar al conductor: allí todos nos conocíamos, además es una forma de decir que “todo bien, no necesito ayuda, no pares” ya que en la aldea, semi aislada, sólo contábamos los unos con los otros. En Tarragona, aún no se me ha quitado la costumbre. Así que cuando pasó aquella furgoneta, alcé la mano, saludé con una sonrisa al conductor y me llevé una sorpresa cuando frenó en seco:
—Está bien, rey, sube —me dijo el conductor.
No entendía qué estaba pasando. Por ello reaccioné como suelo hacer cuando no sé qué diablos está pasando: sonreí con cara de gilipollas, me quedé quieto. ¿Lo conocía? ¿Por qué me decía que subiera? ¿Estaba pasando algo? ¿Me necesitaba? ¿Había tenido un accidente?
—Venga, 10 euros por una mamada rápida… ¿la haces sin condón, verdad? —preguntó.
Ahí fue cuando entendí el asunto, perfectamente. Me asusté. Como acto reflejo me agarré la polla con una mano por fuera del calzoncillo, como protegiéndomela: como si él pudiera agarrármela, robármela y marcharse en su furgo con mi polla: para poder chuparla cuando quisiera. Cuando se cansara de hacerlo la metería dentro de la guantera de su coche. La mantendría allí, escondida de su esposa. Y, cuando nadie le viera o ella saliera a hacer la compra al supermercado, él iría a su furgo de trabajo, sacaría mi polla, la chuparía y se la metería por el culo hasta hacerla eyacular. Juro que vi todo eso con mis propios ojos de la imaginación en un segundo. No sé qué hay mal dentro de mí.
—Está equivocado —le hice ver— No soy un prostituto.
El tipo me miró como si estuviera vacilándolo: como si no quisiera subirme al coche porque no me gustaba o no me fiaba de él.
—¿Qué pasa? ¿Quieres más dinero?
—No, 10 euros me parecería justo —no pude evitar decir: porque pensé que tengo 43 años, no soy un jovencito de 17, tengo 4 kilos de sobrepeso, si fuera puto sería un trato hasta generoso— Pero no soy un prostituto.
—¿Entonces por qué estás en calzoncillos esperando y saludando con una sonrisa a los coches cuando pasan? Venga, entra que no tengo mucho tiempo. De mí te puedes fiar. No soy un loco de esos.
—Vivo en frente —dije tartamudeando, nervioso, señalando la puerta de mi chalet— vine a sacar la basura.
El tipo miró al contenedor que estaba a mi lado, luego hacia la puerta de la valla de mi chalet. La puerta estaba abierta. Las puertas no hablan pero se notaba que la puerta estaba esperando con ansia mi regreso: la puerta le decía que yo pertenecía a esa casa. El tipo supo que estaba diciendo la verdad. Me miró, derrotado. Pensé, no sé por qué, que debía de darle más explicaciones:
—Antes vivía en Asturias —añadí.
Y quedé callado. No supe continuar el dato que le había arrojado.
El conductor me miró ahora como si yo fuera un retrasado.
—¿Y por que te estás agarrando la polla con la mano? —me preguntó.
—Es que no quiero que me la quites.
—¡Gilipollas! —dijo cerrando la puerta de su furgo y arrancando a 120.
El tipo desapareció.
Quedé allí, de píe, un rato mas. Estaba traumatizado: con una sonrisa fantasmal seguía saludando con la mano, sin querer, a cada coche que pasaba “estoy bien, estoy bien” les decía mentalmente “seguid, amigos asturianos, seguid”. No podía ni dar un paso. Hasta que mi esposa, que había sido testigo de mi conversación desde la ventana del salón, salió a buscarme:
—¿Con quién hablabas? —me preguntó extrañada.
—Con un cliente —contesté.

4 Responses to " Hoy me han ofrecido 10 euros a cambio de una mamada "

  1. Juan dice:

    Hola Rafa! Genial relato. Acabo de terminarme tu Prostituto de extraterrestres ¡Es genial! Mis felicitaciones.

  2. koenig dice:

    Te ofrecía 10 € para q se la hicieses tú!!! Empanao!!! Jajajjajajajajaa

  3. joanet dice:

    ¡Hola Rafa! ¡Acabo de terminar de leer tu El comedor de coños! ¡Me ha encantado! He terminado muy emocionada. Gracias por escribirlo.

  4. Ratonz dice:

    Sigue escribiendo asi, no pares 😉

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