Os enseño nuestro nuevo hogar por dentro

Vida

Rafael FernándezEscrito por:

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Odio decir que voy a hacer algo y luego no hacerlo. Es la peor enfermedad del creativo (idear y empezar mil proyectos, no terminar ninguno). Ser un bocazas es una de las cosas que más me exasperan de las personas. Woody Allen sabe de lo que hablo porque su frase “No digas que vas a hacer algo, hazlo” es uno de mis 10 mandamientos de creativo. Conozco a mucha gente que se les va la vida diciendo lo que van a hacer y luego no hacen nada. Por ese motivo, de vez en cuando, hago inventario de las cosas que he dicho iba a hacer y no hice y… ¿sabéis lo único qué me ha salido? ¡Enseñaros nuestro nuevo hogar por dentro! No era una promesa de creativo, como mis libros por ejemplo, pero sí una promesa de amigo, que eso es lo que sois para mí a pesar de que a muchos no os conozco en persona, ni siquiera hemos hablado ni un segundo por el chat de mi Facebook. Por eso me abro tanto por el blog. Por eso y por inconsciencia.
Pues allá vamos.
La nueva casa no es tan bonita, por dentro, como la que dejamos con dolor de nuestro corazón en Asturias. “Nuestra” casa de Paredes en la que vivíamos, era un escenario cinematográfico en potencia. Los muebles antiguos, los suelos y techos de madera, el fondo con montañas siempre verdes… sólo había que sacar una foto cualquiera para que la foto transmitiera un montón de cosas hermosas… sí, la echamos muchísimo de menos. También a Berto, nuestro casero. Aquí aún no conocemos a un solo vecino ¿Por qué? ¡Porque nuestra casa está totalmente aislada por todos los lados! El Google Maps os lo va a explicar mucho mejor que yo:

Por un lado me mola muchísimo que sea así. Tanto a Svieta como a mí no nos gustan mucho las visitas. Es decir, nos gusta la gente, charlar, pero en esta época de nuestra vida estamos centrados en labrarnos nuestro futuro. Nos pasamos el día trabajando duro: metidos en casa, en nuestros respectivos proyectos. No tenemos tiempo para pasarlo charlando tan tranquilamente del tiempo o de lo que ha salido en el “Hola”. Pero sí. Somos humanos. De vez en cuando echamos en falta salir a charlar con nuestros queridísimos Tito y Ana, nuestros abuelitos adoptivos. Echamos de menos subirles el último pan que hizo Svieta, sentarnos en su mesa, comernos sus chorizos, ver a sus nietos, comer con sus hijos, hablar de Podemos, jajaja. Si todo nos sigue yendo bien económicamente irémos a hacerles una visita en octubre de este año, que nos invitaron a quedarnos en su casa y lo estamos deseando de verdad.

Otra cosa. No nos hemos vuelto ricos de pronto. No vivímos en un pedazo de chalet porque nos tocó la primitiva. Gracias a varios post virales mi blog se hizo superconocido el año pasado y alcanzó picos inmensos de visitas. ¿Recordáis aquel post de 500.000 visitas? ¿O el del Marca? ¿O el del HUCA? Pues esos posts, y otros, me permitieron ahorrar más de 11.000 euros. La casa en la que vivimos ahora no es la casa más cara en la que he vivido en mi vida. En la época en la que trabajaba en “20 Minutos” viví en una casa de 1.000 euros de alquiler, por ejemplo. O Svieta y yo vivíamos en Madrid, en la zona de Cuzco, en una casa de 750 euros al mes. Por esta casa que hemos alquilado ahora en una costa de Catalunya pagamos 650 euros al mes. Si vives en Madrid o en otra gran capital seguramente pagas más tú que nosotros. Lo que pasa es que, por nuestra profesión y gracias a internet, podemos trabajar desde cualquier lugar de España. Así que buscamos lugares con entornos bonitos y casas en las que podamos pasarnos el día trabajando a mil por hora, que no queremos volver a caer en la crisis. Este dinero que hemos ahorrado es nuestro colchón para poder seguir creando y trabajando sin andar pidiendo dinero a nadie o con nervios en la cabeza. Nuestro objetivo para el 2017 es duplicarlo como mínimo y acabar con todas mis deudas. En 2016 me quité de encima el 80% de mis deudas. Así que me queda ya muy poco para respirar tranquilo.

Me estoy enrrollando y vosotros habéis venido aquí a ver la casa por dentro pues… ¡Alehop! La casa tiene unos 240 metros cuadrados. Tres cuartos de baño, 4 dormitorios, un despacho y una habitación que no sabemos qué es y la hemos llenado con todas las figuritas y objetos de la casa que no utilizamos.

Los muebles de la casa, al principio, no me gustaban nada. Sin querer los comparaba con los muebles de “nuestra” casa de Paredes. Pero poco a poco los días han ido pasando y la verdad es que, a medida que fue llegando el buen tiempo, a medida que empezamos a hacer el amor en la casa, a coleccionar momentos entrañables, la casa se ha ido iluminando. Si no fuera porque la piscina está en obras (la próxima semana ya terminan) ya nos podríamos estar bañando, cosa impensable si siguiéramos viviendo en Asturias. Allí hasta junio no nos podíamos meter en el Cantábrico. Y nunca nos metimos sin pensar que realmente nos estábamos metiendo dentro del agua de un congelador. Mandé una instancia al Principado de Asturias para cambiar el nombre del Mar Cantábrico por Mar Cabrónico, pero nunca me contestaron. Sigo enseñando la casa. Los 4 dormitorios:

Este de arriba era el dormitorio de los señores de la casa. Somos los primeros inquilinos de la casa desde que ambos, desgraciadamente, fallecieron. Lo que veís sobre la cama es el papel burbuja que compré para enviaros “Prostituto de extraterrestes”. He utilizado ese papel para la mudanza y ahora espera sobre esa cama para ser reutilizado como protección final de la novela que espero enviaros esta semana que entra. Este el el otro lado de ese dormitorio:

Nosotros dormimos en este:

Los otros tres están inutilizados, con las puertas cerradas:

Estos son los tres baños:

Estos son los dos pasillos:

Sé que para mostrar las casas, en las revistas, sobreiluminan y ordenan todo para que parezca más bonita de lo que es. Yo saqué estas fotos para vosotros con mi iPhone y sin arreglar nada. Odio lo fingido. Por ejemplo, así tenemos el salón un día cualquiera, a cualquier hora. No iba a recogerlo para parecer un príncipe. Aquí es el lugar en el que pasamos casi todo el tiempo en cuanto nos levantamos de la cama. Trabajando como chinos.

La cocina, el despacho y la casa por fuera os la enseñé en este post del mes pasado. Finalizo este post enseñando un poco de la parte de atrás de la casa:

¡Ay! ¡Casi fallo! Para terminar este minireportaje con éxito tengo que enseñar el entorno. La casa está a 100 metros de la costa que es volcánica y por la que hay, por todas partes, playitas como estas:

La costa también está llena de campings:

Por aquí camino una hora y media cada día, con Anais. En línea recta sin fin:

Los supermercados los tenemos a 5 minutos en coche de casa. Nuestro preferido es el catalán: “Bon Preu”.

Hay lugares en la zona que parecen el escenario de un apocalipsis zombie. Por el boom de la construcción se comenzaron un montón de edificios y proyectos que de pronto, un día, se abandonaron para siempre. Por todas partes hay cientos de casas y edificios de apartamentos completamente vacíos:

Estamos en una buena época de nuestra vida y queremos daros las gracias a vosotros, lectores-amigos y a El Rey del Cosmos… ¡Hasta pronto!

 

3 Responses to " Os enseño nuestro nuevo hogar por dentro "

  1. joanet dice:

    pues se bien la choza, suelos brillantes, paredes limpias, todo muy bien.
    no hay que avergonzarse de vivir así, has progresado y debes estar orgulloso. a los envidiosos que les den

  2. Clara Tiscar dice:

    ¡Muy bien Rafa! Pedazo habitaciones y bañeras redondas… con todo ese espacio podríais pasar el día sin veros ;D

    He estado viendo algunos de los vídeos de Svieta, menudo vocabulario tiene! Me flipa cuando dice “leudar” y cosas por el estilo. Comparto con vosotros aficiones y manías: escritura, cocina, las visitas… Me encanta leerte y no me molesta que “te justifiques” pero no tienes que hacerlo, que le den a quien no le mole.

  3. Juan dice:

    Jajajaja gracias al arcen ese dentro de poco seras tambien un fantasma mas jajajaaajajajajjajja

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